Una de las grandes deportistas aragonesas de la historia llegó tarde al mundo del atletismo. Pero luego cogió carrerilla. María José Poves comenzó, casi por casualidad, a practicar su amado deporte a los 11 años. «Hay veces que las cosas llegan porque estás en el momento y el sitio correcto. Entraron un día a clase de una escuela de atletismo para intentar captar a gente. Yo ni me lo pensé», recuerda Poves. De hecho, ni le pidió permiso a su madre, simplemente vio la salida perfecta a su necesidad de no estar quieta en ningún momento.

Desde ese día comenzó a correr y a los 15 años, también por casualidad, empezó a marchar. «En el equipo (el Scorpio, entidad que no ha abandonado desde entonces) necesitaban una persona en esa disciplina para la Liga de Clubs, y me ofrecí voluntaria», rememora. A la semana de comenzar a practicar esa modalidad, ya estaba compitiendo. Y la cosa funcionó desde el principio: «Cogí la técnica pronto, tuve facilidad para ello y ya no la abandoné nunca».

Pero el salto al profesionalismo tardó mucho en llegar. «Yo no me planteaba dar ese paso», confiesa. Así pues, sin aparcar la marcha, María José Poves comenzó, y acabó con éxito, la carrera de INEF. Una vez finalizó su etapa universitaria, sus resultados en el atletismo, y sus marcas, estaban al nivel de las mejores españolas de la época. Así pues, ese salto acabó llegando solo.

"Empecé la marcha por casualidad, pero cogí la técnica pronto y me fue muy bien desde el principio"

En 2004 alcanzó su primera internacionalidad y en 2005 logró proclamarse campeona de España de 20 kilómetros marcha (título que reeditó también en 2007, 2010 y 2012). Dado su nivel, la zaragozana representó a la selección española en numerosas citas internacionales, incluido el sueño de cualquier deportista, los Juegos Olímpicos, competición en la que Poves participó en 2008 y 2012. «Es una experiencia inolvidable, muy bonita. Tengo grandes recuerdos de la Villa Olímpica», apunta.

La aragonesa, que fue reconocida hace tan solo unas semanas con la medalla de oro de la Copa del Mundo de 2012 tras la descalificación por dopaje de sus rivales, valora mucho más la satisfacción personal que los numerosos títulos que acumuló en su exitosa carrera, a pesar de haber estado lastrada por las lesiones. «El isquio me ha martirizado durante muchísimos años. Mis resultados han sido muy trabajados. Solo el que lo vive sabe el sacrificio que hay que hacer para llegar y mantenerse», reflexiona la atleta.

Poves decidió poner fin a su vida deportiva en 2016. Aunque su cabeza hubiera querido más, su cuerpo ya decía basta. «He tenido que pasar varias veces por el quirófano desde entonces para intentar recuperar el físico. Y todavía a día de hoy sigo yendo al osteópata», subraya. 

Aunque no puede practicar tanto deporte como le gustaría, lo sigue teniendo muy presente en su día a día por su profesión, ya que en la actualidad trabaja como profesora de Educación Física en un instituto en su amada tierra. «Estoy muy orgullosa de mis raíces, de ser de San José. He tenido que renunciar a cosas por no haber querido salir del Scorpio ni de mi casa, pero tengo unos valores y siempre he sido fiel a ellos», relata emocionada la aragonesa. En pocos días, la  deportista comenzará su última carrera, esta vez alejada del asfalto, ya que la exatleta está por primera vez embarazada. Un nuevo comienzo para una mujer acostumbrada a superar todos los retos. Está claro que a María José Poves le va la marcha.