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ÁNGEL DOLADO, JUSTICIA DE ARAGÓN

«En un año solo me ha llamado un político para recriminarme»

 

Ángel Dolado, en su despacho de trabajo del Justiciazgo, ubicado en la calle Don Juan de Aragón de Zaragoza. - NURIA SOLER

F. MANTECÓN
12/05/2019

–Acaba de cumplir un año como Justicia de Aragón, ¿vivía mejor como juez o ahora?

–La verdad es que vivo mejor como Justicia. Ya decía como juez, y lo matengo, que lo más complicado del mundo está en el ámbito de la Administración de Justicia, donde tienes que analizar el caso, decidir y hacer cumplir la decisión. Yo estaba muy contento como juez civil, como decano y en mi último año y medio, de familia, pero en 30 años de profesión este ha sido el más bonito, quería este reto.

–¿Le ha sorprendido algo del ejercicio del cargo?

–Tenía muy claro que quería ser Justicia, y me alegré de conseguir el refrendo de las Cortes. También tenía claro que el papel lo marcan las personas, y yo quería un perfil alto, no por mi, sino por la institución. Si en otros casos, pongamos en Cataluña, tuviesen una institución semejante, tendría mucho más realce como seña de identidad de la comunidad. También tengo claro que esto es un equipo, y si te asesoras con personas como Andrés Esteban, en menores, o el lugarteniente Javier Hernández, tienes cuanto menos una autoridad moral para convencer a los ayuntamientos, comarcas y Gobierno de Aragón e incluso instar modificaciones legales a nivel estatal, como hemos hecho.

–¿Cree que, pese al tiempo, la institución no es del todo conocida?

–Pues la verdad es que en los cafés que he tenido con colectivos me doy cuenta de que seguimos siendo poco conocidos a nivel general, en la ciudad menos aún que en el ámbito rural. El Justicia de Aragón es el origen del ombudsman y el precedente de la figura del habeas corpus, hay que creérselo. Yo voy a intentar que así sea, y pido que se restaure el monumento a Juan de Lanuza y que el día 20 de diciembre sea verdaderamente el día de la institución, sin otros actos que le eclipsen. Ojalá que la ofrenda en el monumento fuera la más multitudinaria tras la del Pilar y se reforzara el aragonesismo, sin connotaciones políticas.

–¿Para cumplir mejor los objetivos de la institución necesitaría más poder?

–Poder me parece exagerado, pero sí competencias. La ley que regula el Justiciazgo es de 1985, y habría que actualizarla. Ya he dicho que querría integrar la Defensoría del menor en la institución (esta semana presentó un informe con especial atención a los menas). Pero además las leyes aragonesas han ido incorporando obligaciones para el Justicia que habría que recopilar y ordenar, yo apostaría por un texto refundido que las incorporase.

–¿Qué otras competencias le parecería adecuado tener?

–He indicado la posibilidad de poder realizar, como sucede con el Defensor del Pueblo andaluz, una mediación desde dentro. Ahora me limito a elaborar un diagnóstico de los procesos mediables y a derivarlo en su caso a un colegio profesional, como haciendo un convenio con el Colegio de Abogados. Pero queremos ir un paso más allá, ser un órgano de mediación acreditado.

–El ejemplo más visible de su mediación es probablemente el conflicto con el ruido nocturno, ¿hay avances en la resolución?

–Es un tema complicado, pero hay algo bueno, y es que nos hemos reunido dos veces y la mesa no se ha deshecho. En la segunda reunión (el miércoles) decidimos darnos un tiempo, porque con las elecciones del 26 de mayo no sabemos si los representantes de la DGA y el ayuntamiento actuales seguirán siendo los legitimados para la negociación. Además no se han publicado las ordenanzas de ruido en Zaragoza. De momento se han anticipado líneas de actuación como las que ya se adoptaron en Madrid o Cáceres, que sirvan de base a unos documentos de compromiso entre las administraciones, los hosteleros y los vecinos.

–¿Y los políticos también lo ven así, no ha tenido quejas?

–Me ha sorprendido, para bien, que en todo este año solo he tenido una llamada de político para recriminarme unas declaraciones. Pero por mi respuesta, no creo que vuelva a llamar, y ha sido la única ocasión. No admito llamadas ni para dar la enhorabuena (ríe).

–¿De quién fue?

–Eso no se dice.

–Mostró claramente su postura en cuanto a la custodia compartida, que no era partidario de reformar. ¿La figura del coordinador de parentalidad que defiende sigue siendo necesaria?

–Más que nunca, precisamente para auxiliar al juez a evaluar el interés del menor y comprobar si la custodia que se ha acordado se cumple. Yo hice una comparecencia en las Cortes sobre este tema y creo que los grupos están de acuerdo. Alguno quería que se regulase a nivel nacional, pero Cataluña se ha adelantado y creo que nosotros también podemos. Pediré que se incluya en el Código de Derecho Foral aragonés.

–Otra de sus sugerencias ha sido la figura de un coordinador para las inversiones en Teruel, ¿le consta si hay avances en este sentido?

–Creo que se está moviendo algo, aunque no exactamente en la línea que yo propuse. A lo que me refería es a la necesidad de que alguien con perfil técnico decidiese el destino de las inversiones, porque no se puede hacer un uso partidista por ejemplo de la llegada de unas determinadas empresas a la provincia, tendría que ser una decisión de todos. Y fondos como el Fite no pueden ir para cosas innecesarias.

–También ha puesto interés en el asunto de la soledad no elegida de los ancianos, pero no trascienden avances al respecto, ¿se está trabajando?

–Es algo de lo que estoy muy contento. El 21 de septiembre lanzamos la idea y se han creado ocho mesas de trabajo sobre urbanismo, informática, farmacia o geriatría, y todas están trabajando. A finales de este mes haremos un plenario para elaborar un libro blanco de iniciativas y propuestas que se están haciendo en algunos lugares y pueden generalizarse, por ejemplo, unos avisadores de emergencia muy asequibles, y el 21 de septiembre, justo un año después, lo presentaremos para que sea la Administración quien lo use como desee.

–¿En este año tiene algún caso que le haya impresionado o satisfecho especialmente?

–En general siempre son los del tema sanitario. Cuando alguien que tiene pocas esperanzas de vida y el tratamiento para alargarla es caro, y se consigue que lo sufrague el Salud, es muy satisfactorio, aunque también te das cuenta de lo complicado que es ser gestor sanitario, y he de manifestar mi reconocimiento a esta labor. También me emocionó la creación de una asociación de afectadas por trastornos alimentarios que se autogestionan a raíz de un caso que nos llegó.