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Reflexiones sobre el poder y la naturaleza

 

09/07/2014

El ingenio francés tiene un baluarte en Jean de La Bruyère, un personaje ilustrado que vivió antes de la Ilustración y que nos dejó escritos tan memorables como Los caracteres, que acaba de ofrecernos, a modo de exquisito bocado, el sello Hermida Editores, bajo la traducción de Consuelo Berges.

La primera edición de este singularísimo libro apareció en 1688 con el título de Caracteres de Theophrasto traducidos del griego; con los caracteres o las costumbres de este siglo. La obra, concebida a modo de opúsculos y sentencias, comentarios y adagios agrupados en grandes ejes temáticos obtuvo el inmediato aplauso del público, lo que animó al autor a enriquecer el texto son sucesivas ediciones corregidas y aumentadas.

En paralelo a su éxito literario, La Bruyère protagonizó un destacada carrera política. Fue tesorero general de Francia y preceptor del joven duque de Borbón. Miembro de la Academia Francesa y autor de otros libros, hasta el último, Diálogos sobre el quietismo, que dejó inacabado cuando la apoplejía lo derribó en Versalles, pobre y solo, casi olvidado.

Los caracteres se divide en dieciocho capítulos, desde Las obras del espíritu a Los incrédulos, pasando por Los poderosos, La corte, La ciudad, El corazón, La sociedad o Los bienes de fortuna. Un amplio abanico que el autor agita con el viento nuevo de la lengua para apuntar rasgos psicológicos de los protagonistas de su tiempo, intuiciones geniales sobre la naturaleza humana, reflexiones sobre el amor, el poder, los celos, la obediencia cortesana o las virtudes que deben adornar a la inteligencia científica. Todo ello con una prodigiosa concisión y con ese irónico espíritu cortesano que tantas veces ha caracterizado y hecho brillar al pensamiento francés.

De él, De La Bruyère, se han volcado en elogios autores tan diversos y destacados como Voltaire, Jules Renard o Saint--Simon.

Gustave Flaubert, por su parte, escribió a su amiga especial, Louise Colet: "Ayer noche estuve leyendo a De La Bruyère al acostarme. Es bueno bañarse de cuando en cuando en esos grandes estilos. ¡Cómo está escrito! ¡Qué frases! ¡Qué relieve y qué nervio! Nosotros no tenemos ni idea de todo eso. Leemos esos libros una vez y ya está. Deberíamos saberlos de memoria".

Recomendable para quienes amen el pensamiento social y el retrato psicológico. Ideal para políticos.

   
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