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Las grandes gestas del deporte aragonés (XVIII)

El 'ochomil' de Álvaro Burrell

El atleta montisonense alcanzó unos mágicos 8.005 puntos en el decathlón de Alhama de Murcia el 23 y 24 de mayo de 1992 Pocas semanas más tarde compitió en los Juegos Olímpicos de Barcelona

 

R. MARTÍ
21/08/2011

Alhama es el paraíso de las pruebas combinadas en España. Situada al sur de Murcia y a 30 kilómetros del mar, allí se han hecho las cuatro mejores marcas nacionales de la historia del decathlón nacional. En Alhama hicieron sus mejores registros Javier Benet, plusmarquista nacional con 8.526 puntos en el año 98. Seis temporadas antes, sumaron más de ochomil puntos Antonio Peñalver y Álvaro Burrell. El local alcanzó los 8.478 puntos y el oscense Álvaro Burrell tocó su techo. Esa noche mágica del 24 de mayo del 92, el atleta del centro Atlético Monzón se fue hasta los 8.005 puntos. Era el justo premio del duro trabajo desde los 16 años en la Blume de Madrid con José Luis Martínez. Después llegarían los deseados Juegos Olímpicos de Barcelona.

Alhama de Murcia es un ejemplo similar al de Monzón. En ambas ciudades el atletismo es una tradición. "En Monzón hemos tenido campeones de España de combinadas en todas las categorías como Casimiro Javierre, Miguel Angel Lardies, José Enrique Blanc, José Bayona y yo mismo. Ha sido una prueba que se ha mirado con mucho cariño porque aquí nunca ha habido una especialización temprana", reconoce Burrell, que hasta hace poco era el Director General del Deporte del Gobierno de Aragón y ahora ha regresado al Patronato de Monzón.

Condiciones ideales

Las condiciones para hacer grandes marcas en la localidad murciana eran idóneas. "Alhama está muy bien orientada. Lo que pasa es que cuando sopla mucho viento y viene del mar, a veces supera los niveles permitidos". En Alhama se labró un gran campeón, Antonio Peñalver, plata en los Juegos de Barcelona y líder de una gran generación de la que formaban parte los inolvidables Álvaro Burrell, los Benet y Xavier Brunet.

El fin de semana del 23 y 24 de mayo de 1992 la magia se adueñó de las pistas de la localidad murciana. Álvaro Burrell alcanzó su Everest particular. Comenzó con el hectómetro. "Empecé muy bien con 10.68. Corrí al límite de lo permitido con 3.9 de viento a favor". Después llegó el 7,10 en longitud; 14,41 en peso; 1,97 en la altura y cerró la jornada con el 400 lisos con 47.06. El domingo sumó los puntos decisivos para superar la barrera de los 8.000 puntos en las 110 vallas (14.70), el disco (40,42), la pértiga (4,60), la jabalina (47,34) y los 1.500 lisos (4.18.09).

"Sumé 8.005 puntos en un mitin donde se buscaban las mejores condiciones para conseguir la mejor marca posible. Todos buscábamos la mínima para los Juegos Olímpicos. Competimos entre las tres de la tarde y la diez de la noche el primer día y entre las doce y las ocho el segundo", recuerda 19 años después.

No tiene recuerdos muy significativos de aquel increíble fin de semana. "Lo tengo todo muy borroso en la cabeza, salvo las carreras nocturnas de los 400 y los 1.500 lisos. En el 400 hice una gran marca de 47.06, que me colocaba entre los tres mejores de España", explica.

Su punto negro siempre fue la jabalina junto al disco y sus mejores pruebas, las carreras lisas. "La jabalina se me atragantaba. No llegué a dominar el gesto técnico. La pértiga también me dio algún disgusto".

A pesar de los pesares, la mínima para los Juegos de 7.850 puntos la tenía asegurada. "Pero yo quería los 8.000 puntos. Recuerdo la última prueba de los 1.500 lisos. Fui a ritmo de menos a más". Tras el éxito, su alegría fue contenida. Tres meses más tarde llegaban los Juegos. "Ya teníamos los dos objetivos de la mínima y el ochomil y pensábamos en lo verdaderamente importante, que era llegar a los Juegos en condiciones", apunta.

Los Juegos

Después llegaron los inolvidables Juegos Olímpicos de Barcelona donde siempre quedará el recuerdo del oro de Fermín Cacho en los 1.500. "Competimos tres decatletas. Eso no se ha vuelto a repetir. En ocho años pasamos de ser una disciplina mediocre a ser de las mejores en España", afirma Burrell.

La presión no pudo con Burrell, que flotó en el tartán como en un sueño los dos días. "Salir a la pista era como una droga que te hacía flotar. Estábamos encantados de competir y que la gente nos animara por nuestro nombre. Cualquier experiencia olímpica es algo para toda la vida, pero en tu país, es más inolvidable todavía". El decathlón olímpico fue muy exigente. "Fue durísimo, con muchísima humedad, muchísimo calor, muchísimas horas en la pista...". Acabó el primer día entre los ocho primeros. "Sobre todo recuerdo la longitud. Mejoré medio metro en el primer salto hasta los 7,52. Y en el 400 gané mi serie". Pero el segundo día llegaron los momentos duros. "Estaba derrotado físicamente. Llegaron mis pruebas malas y terminé el 16 con 7.952 puntos. Las vallas fueron un calvario. Tenía las piernas destrozadas", concluye.

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