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La final del Eurobasket

España pierde con Lituania la final del Europeo (93-84)

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    Eurelius Zukauskas controla el balón ante la oposición de Gasol, ayer en Estocolmo durante la final - Foto:AP / HENRIK MONTGOMERY

    LUIS MENDIOLALUIS MENDIOLA 15/09/2003

    Lituania despertó a España de su sueño dorado y convirtió la final del Eurobásquet para el equipo de Moncho López en una carrera desesperada contra el reloj, en la que siempre estuvo dos pasos por detrás. La defensa en zona de Lituania dejó al equipo español sin respuesta, sin capacidad de maniobra, y al público que acudió al Globe Arena de Estocolmo sin encuentro (93-84). Lituania volvió a coronarse 64 años después de su última victoria (fue campeón en 1937 y 1939, antes de que fuera anexionada como una república de la antigua URSS).

    No mereció la selección española un epílogo tan decepcionante, tras una trayectoria tan espléndida en todo el campeonato. El equipo lo había hecho todo bien hasta la final. La medalla de plata que se colgaron ayer los jugadores y el pasaporte olímpico para Atenas que, en cualquier otro momento se habría cogido como el mejor de los regalos, pareció ayer un triste consuelo. La quinta final para España en un Europeo tampoco resultó la que cambió la historia. A la selección se le sigue resistiendo el título de forma sistemática y a los júniors de oro su doctorado al máximo nivel, aunque su plata de ayer y el bronce de hace dos años en Turquía los sitúan muy cerca.

    POLEMICO ARBITRAJE Al final del tercer cuarto (62-48 para Lituania), todos los jugadores habrían estado de acuerdo en irse al vestuario. Los españoles para que no prosiguiera su suplicio. Los rivales porque ya habían concluido su trabajo, casi, casi sin ensuciarse las manos.

    Fue un monólogo de los lituanos, en el que influyeron poderosamente los árbitros que acabaron por desquiciar a los españoles con faltas, en la mayoría de los casos, muy rigurosas. Un detalle como prueba: en 10 minutos en juego, Carlos Jiménez, pieza clave para la selección, ya tenía cuatro personales. En eso, los árbitros de la FIBA parece que no cambian.

    Lo que honra a los españoles es que no bajaran los brazos. Que se mantuvieran en la pelea y que, con un cambio de orientación arbitral, recortaran las diferencias, que llegaron a ser de 21 puntos para Lituania, hasta los 9 finales. Gasol (36 puntos y 12 rebotes), elegido en el quinteto titular en un torneo del que ha sido el máximo anotador, fue el que más se empeñó en esa remontada.

    NAVARRO, SENTADO Si hubo una constante que definió el juego fue que Lituania llevó siempre la iniciativa. Su defensa provocó un cortocircuito en los sistemas de ataque español. España sólo produjo canastas con continuidad hasta el final del primer cuarto (20-19). Pero cuando los lituanos ajustaron las líneas de pase, los puntos españoles llegaron a cuentagotas.

    España sobrevivió con acciones individuales, en especial de Navarro, que fue el jugador que asumió más iniciativa hasta el descanso. Pero sus problemas para dividir la defensa lituana impulsaron a Moncho López a dejarlo bastantes minutos en el banquillo, una decisión discutible, porque buena parte del talante ganador de España se basa en él. En su lugar, el técnico apostó por un discreto Herreros.

    La principal consecuencia que tuvo la zona de los lituanos es que sirvió para alejar a Gasol y a Garbajosa del aro, donde no suelen ser tan productivos. Sin las acciones de Gasol dentro de la pintura, España se encontró en un callejón sin salida. El pívot de los Grizzlies había anotado nueve puntos en el primer cuarto, pero no sumó nada en el segundo. En esos minutos, Lituania se escapó.

    El arbitraje, además, le complicó la vida a España. Antes del descanso, la pareja Lamonica y Belosevic le había señalado siete faltas de ataque, las mismas que en defensa. Es una cifra cuando menos, inusual, que habla de lo puntillosos que se mostraron con los españoles.

    BRECHA EN EL MARCADOR A partir de su trabajo defensivo, a Lituania le fue mucho más fácil abrir una brecha en el marcador, porque cuenta con innumerables recursos para encarar el aro, con un reparto de puntos, que justificó la cuidadosa rotación de jugadores que realizó el técnico Sireika, para que sus titulares llegaron descargados de personales al final. No hizo falta.

    España estuvo durante demasiados minutos grogui. Y sólo cuando Navarro y Gasol decidieron arriesgar todo lo posible, y también cuando los árbitros actuaron con más permisividad, el marcador se estrechó. Fue ficticio. La final se había acabado hacía mucho tiempo.

       
     
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