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UNA HISTORIA INVEROSÍMIL

El salto más amargo de María Vicente

 

María Vicente, durante el concurso de salto del Campeonato de España de pista cubierta. - EFE / KIKO HUESCA

Sergi López-Egea Sergi López-Egea
22/02/2021

Los días de descanso, en todos los deportes, son jornadas en los que el cuerpo se debe recuperar del esfuerzo y donde es mejor relajar la mente para no pensar en los retos inmediatos, por ejemplo, este miércoles, la carrera de los 60 vallas en el Gran Premio Villa de Madrid. Pero María Vicente, 19 años, la atleta de L'Hospitalet de Llobregat, con un futuro inmenso y sin límite en su deporte, casi lo que menos pudo hacer fue reposar. Durante toda la mañana de este lunes no hizo otra cosa que atender llamada tras llamada por el error de una jueza en la prueba de longitud del Campeonato de España de pista cubierta, que seguramente habría ganado. Y, posiblemente, también si hubiese conseguido el título sin polémica y lejos de situaciones estrambóticas seguramente no le habría llamado nadie.

"Todos me decían que lo sentían mucho. Pero mi salto ya no estaba". Recapitulemos. María Vicente se dispone a efectuar el primer salto en el concurso de longitud. Está atenta y motivada en la pista de Gallur, en Madrid. Y, a la vez, feliz, porque se ha proclamado campeona de España de pentatlón. Toma carrerilla, impulsa sus piernas al máximo de velocidad. Ve la plastilina, la que sabe que no debe pisar, y como si el cuerpo fuese una calculadora, se eleva a escasos milímetros de marcar una huella que le habría conducido al fracaso. Cae perfectamente y observa que la jueza ha levantado la bandera blanca. Por lo menos han sido 6,50 metros. Increíble. Se trata de un salto fenomenal. Pero, de forma a la vez extraña e incomprensible, nadie sabe por qué lo hizo, la jueza encargado de coger el rastrillo y dejar la arena sin marca, borra el testimonio de su salto. Condenada al nulo, tachada de una hazaña que le obsequiaba con la medalla de oro. Lo nunca visto. Nadie lo comprende, por ejemplo, la exatleta Alessandra Aguilar, con tres Juegos a las espaldas. "No entiendo las prisas por borrar el salto. Siempre hay que esperar por si el saltador reclama ver la marca de la zapatilla en la plastilina".

Tampoco lo entiende otro exatleta, que además es el presidente de la Federación Española de Atletismo y quien pide disculpas en su nombre y en el del colectivo a María Vicente. "Quiero pedir disculpas a María y a su entrenador (RamónCid) . Es una responsabilidad de la organización hacer el mejor atletismo posible", lamenta Raúl Chapado, quien, aparte de presidente, sabe lo que siente un saltador, pues fue un buen especialista de triple salto mientras compitió.

"Los jueces son humanos y cometen errores. Solo espero que algo así no vuelva a ocurrir y entiendo la frustración de la saltadora". Es todo lo que puede decir el presidente de la federación.

Minutos para olvidar

Los minutos siguientes a la acción del rastrillo son los peores por los que pasa María Vicente, que termina llorando con triple sentimiento: rabia, desesperación y tristeza. No hay nada que hacer. Debe olvidarse del salto y continuar con el concurso. Cuatro nulos son el resultado. Se ha desconcentrado, aunque al final consigue saltar 6,24 metros, una distancia que, al menos, la reconforta con la medalla de bronce. "Todo el mundo quería disculparse a mi alrededor. Todos me decían que lo sentían mucho. Pero yo lo único que sabía es que mi salto ya no estaba. Fue un disgusto, y no sé por qué lo hicieron". Era poco o mucho lo que este lunes podía decir la atleta catalana convencida de que si se hubiese dado el salto por bueno, si nadie hubiera puesto el rastrillo donde no se debía poner, su concurso habría sido perfecto... o lo siguiente. "Si hubiesen dado el salto como bueno me habría subido la moral y el concurso habría sido diferente. Pero ya no se puede dar marcha atrás".

"Era un gran salto. Estas cosas no deberían ocurrir en el atletismo", lamenta también otra estrella del salto español, como es PabloTorrijos. La rabia de María Vicente este lunes ya estaba más contenida. Por la tarde pudo descansar algo más después de que su entorno le recomendase que se aislara del mundo exterior, que quedaba el Gran Premio de este miércoles y que era mejor pensar en clasificarse para el Europeo de pista cubierta para una atleta que en su etapa juvenil fue campeona del mundo y de Europa del heptatlón. Y porque ella sabe, además, que le queda tiempo y mucha competiciones y pistas cubiertas o al aire libre para mejorar una marca que borró un rastrillo precipitado.