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El gran bigote de la tele

El histórico periodista, crítico musical y presentador José María Íñigo fallece a los 75 años

 

Íñigo, entre Junior y Juan Pardo, con Buckinham detrás. -

Con traje de luces. -

EL PERIÓDICO
06/05/2018

Para todos los que han crecido con la televisión en blanco y negro, la muerte de José María Iñigo (Bilbao, 1942) es algo más que la desaparición de la imponente voz que ha puesto profesionalidad y sapiencia musical en las retransmisiones del Festival de Eurovisión de la última década. Es, para muchas generaciones de telespectadores, la pérdida de uno de los comunicadores más innovadores y mediáticos que ha tenido la historia de la televisión en España. Periodista, presentador de radio y televisión, escritor, crítico musical... José María Íñigo falleció ayer sábado a los 75 años de edad, una noticia que sorprendió por lo inesperado y que dio a primera hora de ayer Pepa Fernández, directora y presentadora de No es un día cualquiera, magacín de los fines de semana de Radio Nacional de España en el que Íñigo colaboraba desde septiembre del 2000. Pepa dijo que estaba «malito» desde hacía un tiempo, pero que no esperaban este trágico final. Su familia informó a través de un tweet que «murió como quería, durmiendo».

Para los más jóvenes, Íñigo es la voz de Eurovisión, pero para los que ya peinan canas es el periodista de frondoso bigote que hacía programas con entrevistas a personajes de actualidad y con momentos tan impactantes y multitudinarios como el histórico momento en el que Uri Geller doblaba cucharillas con el poder de su mente, un bombazo televisivo que en 1975 congregó ante las pantallas de TVE a unos 34 millones de españoles.

Hijo de un obrero metalúrgico, cursó estudios de bachillerato y con 15 años comenzó a trabajar en Radio Bilbao y, más tarde, en La Gaceta del Norte y en la sección de Reportajes de la Agencia Efe. Durante tres años trabajó en la BBC de Londres y en radios del Reino Unido. Cuando regresó a España se dedicó a escribir en revistas sobre temas musicales y realizó trabajos como disck-jockey.

Del modelo inglés se trajo la moda de las listas de éxitos musicales, puesto en práctica en 1966 en Los 40 principales de Radio Madrid (SER), donde trabajó como comentarista musical. También en esta emisora participó en El musiquero y El Gran Musical.

Tras colaborar en los programas musicales Último grito y Ritmo 70, de 1969 hasta 1975 presentó y dirigió en la segunda cadena de TVE, la por entonces UHF, Estudio abierto, que luego reapareció desde 1982 a 1985. Con este programa le llegó la gran popularidad y el reconocimiento con el TP de Oro al mejor presentador en 1974 y 1983.

Aquel Estudio abierto en el que debutó con 27 años recién cumplidos, tenía un presupuesto de 350.000 pesetas y un equipo de guionistas de primera: Manu Leguineche, Jesús Picatoste y Julián García Candau.

Presentó distintos programas en horas de máxima audiencia televisiva como Directísimo (desde 1975). A continuación presentó Esta noche, fiesta, con el que ganó el TP de Oro 76, y desde 1978 Fantástico, por el que sumó dos nuevos TP de Oro (1978 y 1979).

Íñigo llevaba siete años consecutivos poniendo voz a la final de Eurovisión en TVE, desde que en 2011 sustituyó al también histórico José Luis Uribarri, fallecido en 2012. Este año no iba a hacerlo. El mismo explicó en su cuenta de Twitter el pasado mes de marzo que era él quien había decidido no ir a Lisboa.

La última entrevista / «La televisión de hoy en día es de usar y tirar». Con esta claridad y contundencia se expresaba José María Iñigo, hace ahora un año, durante un descanso en su último Festival de Eurovisión, celebrado en Kiev. En su crítica reflexión sobre la televisión actual, que realizó para el medio yotele.es, confesaba que añoraba la tele de sus años en Televisión Española, cuando la pequeña pantalla era «más familiar, más seria, pero no aburrida, y en la que se cuidaban mucho más los contenidos.... Lo importante hoy –sentenciaba– es tener audiencia, que se convierte en publicidad, y esta, en dinero».

Uno de los aspectos que más le molestaban de la actual televisión era la superficialidad: «Antes salía alguien que había hecho algo en la vida, ahora sale cualquiera..., pero si es lo que quiere el público, pues el público manda. Allá ellos». Ante este panorama, el periodista optó por desconectar de los programas. «Ahora veo series, no programas –explicaba–. Y las series españolas son muy buenas».

José María Iñigo también recordaba con cierto sabor agridulce su etapa como presentador, sobre el terreno, de Supervivientes (en el 2006), un reality que el comunicador consideraba que, de los que actualmente se hacen, es de los más serios del género. Eso sí, precisaba que lo serio era la experiencia que vivían los concursantes en la isla desierta, «y no el circo que se monta en el plató en Madrid». «Fue una gran experiencia, en la que perdí 22 kilos en tres meses. Y era porque la comida que te daban no se podía comer, era una porquería que estaba contaminada», recordaba.

Sobre lo que le gustaría hacer si volviese a ponerse ante las cámaras, lo tenía claro: «Un programa de entrevista más en la línea de Estudio abierto o Directísimo, entrevistando a gente interesante, que tenga algo que decir... Pero ahora lo que quiero es tranquilidad, descansar ya un poco, y leer lo que no he leído», finalizaba.

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