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DISCOS

No es país para pijos

3The Comet Is Coming, Rodrigo Cuevas, Fonseca, Natacha Atlas, Phantogram, Cuti, Bladimir Ros, El Galgo, Prince

 

No es país para pijos -

Javier Losilla Javier Losilla
17/01/2020

Primero tomaremos Andorra y luego tomarenos Berlín, viene a decirnos Bladimir Ros en una de las piezas de su primer disco. Con su música y de la de otros agitadores construimos esta semana un imaginario país sonoro.

Pocos meses después de publicar Trust In The Life Force, el trío londinense The Comet Is Coming edita Afterlife (Impulse!), un revulsivo artefacto sonoro que tiene sus orígenes en artistas cono Sun Ra, Can y Alice Coltrane, pero que ancla su desarrollo en el siglo XXI. El saxofonista Shabaka Hutchungs y sus colegas han armado un universo a medio camino entre la distopía y un paseo lisérgico por el cosmos, Sombrío a veces y brutal otras, Afterlife sacude las moléculas del oyente como la entrada a la Tierra agita las de los astronautas.

Rodrigo Cuevas, de quien hemos disfrutado con sus espectáculo de cabaret-glam-rural, ha sido bautizado como el Freddie Mercury asturiano. Bien, pero realmente lo suyo es una perturbadora reformulación del folclore: del de su tierra y del de otras latitudes, Manual de Cortejo (Iris Música / Altafonte), su nuevo disco, grabado con Refree, quien también firma la producción, es una de las ofertas más singulares del panorama español de la música popular actual. Su acercamiento desprejuiciado e irreverete (pero riguroso) al folclore, enredado con las búsquedas musicales de Refree, no tiene precio en un país repleto de tiquismiquis.

Pianista elegante y de estilo percusivo, el cubano Roberto Fonseca es un creador heterodoxo que no teme a las colisiones y conexiones musicales. En Yesun (acrónimo de los nombres de las divinidades de la religión yoruba Yemayá y Ochún), su noveno álbum (Montuno / Wagram), cuenta con Gema 4, Ibrahim Maalouf, Danay Suárez y Joe Lovano, y ofrece unas piezas que son resultado de una gozosa hibridación: del jazz, meneos cubanos, rap y reguetón onda Residente, acentos clásicos, funk y otras variedades. Una cosecha excelente.

En 2015 Natacha Atlas exploró los terrenos del jazz en el álbum Myriad Road, y vuelve ahora a engarzar músicas negras y orientales en Strange Days (Whirlwind Recordings), con producción de su violinista Samy Bishai y colaboraciones como las de Joss Stone y Sofiane Saidi. La conexión está hecha con talento y sutileza, y Natacha recupera la versión que ya grabó de It’s A Man’s World, de James Brown, con otros aires y una gloriosa instrumentación.

Potentes trallazos guitarreros, muros de sonido, electrónica gruesa, olas de música. El psy-pop o el darkadelic del dúo neoyorquino Phantogram se despliega como una explosión en Ceremony (Caroline / Music As Usual), su nuevo y recentísimo disco. Solo la pieza Glowing pone algo de calma en la desatada tempestad.

Vuelve el luchador, vuelve esa enciclopedia viviente y creadora del rock llamada Cuti Vericat con El retorno del samurai (Doctor Ritmo). ¿Qué decir, que no se haya escrito antes, del talento como compositor de Cuti, de su habilidad para pasearse por estilos, modos y maneras. Letrista inspirado e intérprete vibrante, Cuti cumple, lamentablemente, con el tópico de artista situado en el lado equivocado. Pero nos advierte de que Je suis la résistance.

El grupo zaragozano Bladimir Ros sitúa su propuesta musical en una vibrante e imprecisa frontera entre el rock de humos y nocturnidades y la nostalgia del folclore. Emparentado de alguna forma con esa luminaria rusa que se llamó Vladimir Vysotsky, la banda que lideran Ros Beret y Carlos Chahuan tiene ya en la calle su primer y homónimo álbum. Síganle la pista.

Brillante y oblicuo cronista del claroscuro, Jesús López está otra vez en danza con Las horas azules (Rock -CD Records), segundo disco de su grupo El Galgo (antes El Galgo Rebelde). Arreglos notables, producción destacada de Quique Mavilla, y un claro tránsito de los sótanos del infierno a terrenos más amables y soleados. Que no se escape ese Galgo.

La que nos ocupa es la Deluxe Edition (dos CD) de 1999, la obra magna que Prince, el genio de Mineápolis, publicó en 1982. Uno de los discos recoge, remasteriozadas, las piezas originales; el otro viene repleto de caras B, mezclas para maxis, versiones promocionales, edits de sencillos... Los escuchadores completistas pueden pillar la versión Super Deluxe, que trae 23 canciones inéditas, y los más neófitos, el álbum remasterizado (un CD o dos LP). 

 
 
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