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Jho Low o cómo pulirse una fortuna en Hollywood

El empresario malasio desfalcó miles de millones y se rodeó de actores famosos

 

Low, en la alfombra roja de una fiesta en Nueva York en 2014. - ROB RICH/ WENN.COM

ADRIÁN FONCILLAS
08/04/2019

Sentaron las crónicas rosas que no se había visto en Las Vegas una fiesta como aquella del 2012 en décadas. En limusinas llegaron banqueros de Wall Street, príncipes de Oriente Próximo y el catálogo de celebridades: Leonardo DiCaprio, Robert de Niro, Bradley Cooper, Kanye West, Kim Kardashian, Michael Phelps… Del pastel gigante emergió Britney Spears para cantarle el cumpleaños a un asiático treintañero regordete.

Los superlativos abundan cuando está Jho Low de por medio: la fiesta más lujosa de Los Ángeles, de Nueva York, de Saint Tropez… En el 2013 fletó un Boeing 747 y llevó a una cuarentena de amigos y modelos a Australia para una semana de desenfreno. Pocos minutos después de la medianoche de Año Nuevo los embarcó en dirección a Las Vegas para celebrarlo por segunda vez. No hay manos más generosas que las que dilapidan dinero ajeno.

DE PELÍCULA

El Gran Gatsby malasio fue un advenedizo entre millonarios. Su padre, propietario de una fábrica de ropa de turbia reputación, había ahorrado lo suficiente para enviarle al prestigioso colegio Harrow de Londres junto a los herederos de las mayores fortunas del mundo.

Un episodio juvenil define a Jho: decoró con las fotos de su familia el yate que había pedido prestado para que sus compañeros invitados a Malasia pensaran que era suyo. Y la amistad con Riza Aziz cambió su vida: es el hijastro de Najib Razak, el que sería después primer ministro de Malasia. Razak le encomendaría en el 2009 la gestión del fondo nacional 1MDB que debía convertir Kuala Lumpur en un hub financiero asiático y estimular la economía malasia. Los millones acabaron desperdigados en unos cuantos bolsillos y el país asiático se esfuerza en recuperar las migajas.

Es poco arriesgado asegurar que de ese fondo salieron el superyate de 225 millones de euros, el jet privado de 30 millones, su apartamento de lujo en Nueva York con vistas a Central Park, las obras de Basquiat, Monet, Picasso y Van Gogh, los 1,8 millones de euros que perdió en 10 minutos en un casino, la financiación de la oscarizada El lobo de Wall Street a través de su compañía Jynwel Capital o las decenas de regalos que apuntalaron su amistad con las celebridades. El Departamento de Justicia estadounidense calcula que desfalcó 4.000 millones de euros entre el 2009 y el 2015 a través de un ovillo de sociedades fantasmas. Sus negocios alcanzaron al sello musical EMI, hoteles en Beverly Hills, petroleras saudíes y mansiones en Nueva York, por hacer la lista corta.

Y AHORA RENIEGAN

Decían de Jho que era un tipo afable y detallista, con una seguridad sobrenatural en sí mismo. Pronto comprendió que los millonarios compartían la fascinación por las estrellas de Hollywood y se lanzó a un cortejo desenfrenado: igual departía con DiCaprio que compartía yate con Paris Hilton durante una semana en el Mediterráneo. Todos los que corrían a sus fiestas reniegan hoy de él. De Niro mandó a freír espárragos a un periodista que le preguntó por Jho. El caso subraya una verdad incómoda en Hollywood: también las estrellas se venden, solo necesitan un precio más alto.

Las primeras investigaciones en 2015 precipitaron su huida. Ya no suena la música ni corre el champán. Indonesia confiscó su yate y la semana pasada lo malvendió. Singapur recuperó su avión privado. Sus viejos amigos se apresuran a devolver los regalos. Dicaprio ha entregado el picasso de 2,7 millones de euros, el basquiat de ocho millones y el Óscar que había ganado Marlon Brando. Y así podría continuar una larga lista de renuncios de celebridades que ya no quieren saber nada de Low.