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LA ENCRUCIJADA BRITÁNICA

La 'vieja' York ante el 'brexit'

 

Una calle de la ciudad de York. - CARME ESCALES

CARME ESCALES
14/01/2020

'Brexit: el futuro del compromiso político, la confianza y la democracia', fue el título de una de las últimas conferencias del Festival of Ideas que celebra cada verano la ciudad de York. Organizado por la universidad de la ciudad, es el mayor festival gratuito de Europa. Durante 15 días, en las aulas universitarias y espacios culturales de York se solapan exposiciones, debates y talleres sobre cuestiones de actualidad. El 'brexit' no podía faltar. Los británicos llevan meses buscando donde sea información sobre lo que ha de venir, mientras Escocia, ya lo ha dicho Surgeon, prefiere planear por su cuenta lo que tenga que ocurrir y ya piensa en un segundo referéndum sobre su independencia.

Seguramente la mayoría de asistentes al festival de York no saben que en esta ciudad a poco más de una hora en tren de Manchester, equidistante de Londres y Edimburgo, fue donde el 25 de septiembre de 1237 Enrique III de Inglaterra y Alejandro II de Escocia cuñados se sentaron a firmar el Tratado de York que establecía por primera vez y de mutuo acuerdo la frontera entre Escocia e Inglaterra. Tampoco lo sabía Matthew Greenwood, uno de los guías que ayudan a los turistas a descubrir lo fascinante que llega a ser una ciudad como York, desconocida para muchos europeos.

La ciudad que nombramos en las charcuterías parece ser que fue un carnicero de York quien popularizó el jamón cocido es, además, a quien debe su nombre la capital de los rascacielos, la ciudad más poblada en los Estados Unidos, el mayor plató cinematográfico y potente latido económico y cultural mundial. Ahí, en esa Nueva York siempre efervescente reside el porqué de la eclipsada vieja York. Nello Savarese, uno de tantos italianos que viajan a menudo a Gran Bretaña para perfeccionar su inglés y ganarse la vida, lo confirma con su experiencia: cuando dices que estás trabajando en York, todo el mundo responde siempre, "Ohh! New York".

York también tuvo su efervescencia. En 1674, con el tratado de Westminster, Nueva Amsterdam (anterior nombre de Nueva York) pasó de los holandeses a los ingleses, y la ciudad fue rebautizada con el nombre de New York, en honor al duque de York, con el deseo también de que emanara de ella tan brillante economía como la que disfrutaba entonces la ciudad inglesa. La historia de la entonces flamante York la escribió en buena parte el ferrocarril. El tren llegó a la ciudad en 1839 y la industria ferroviaria ocupó a muchos de sus vecinos. El Museo Nacional del Ferrocarril, ubicado en la ciudad, explica esta etapa histórica a través de centenares de locomotoras que expone, en un viaje de 200 años atrás, desde el vapor hasta la tecnificación más puntera en nuestros días.

Del museo arranca un viaje en tren que lleva a los pasajeros a cruzar las murallas que levantaron los romanos, fundadores de la ciudad y que los vikingos refundarían con el nombre de Jorvik. El centro de interpretación de la vida vikinga (Jorvik Viking Centre) completa el recorrido histórico por la vieja York en una entretenida experiencia de viaje al pasado para criaturas y adultos que guías como Matthew Greenwood alimenta con otros secretos de la ciudad, como una de las calles medievales mejor conservadas en Europa, The Shambles, donde antiguamente se concentraban los carniceros. Cada cual tenía su matadero en la parte posterior del establecimiento. Hoy son tiendas variadas donde comprar souvenirs o dulces.

Greenwood nació hace 38 años en Bradford, una población vecina a York que da nombre al aeropuerto más próximo (Leeds-Bradford). Tras estudiar Empresariales en Londres, decidió montar su propio negocio para devolverle a York una parte del esplendor que la hizo inspirar el nombre de la mítica ciudad estadounidense: organiza viajes personalizados por la población. En sus manos está desvelar los secretos de este destino del que los británicos, ellos sí, son muy fans.

 
 
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