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Economía islámica, realidad o reacción

 

ANWAR Zibaoui
07/04/2017

Se acrecienta la industria del miedo. Las corrientes de extrema derecha cuestionando los valores liberales. Se dimensionan los temas referentes a la inmigración o refugiados. Y se consienten emociones o sentimientos de propiedad que han conducido, dependiendo de las circunstancias, a actos terroríficos o a la compasión en caliente. Y mientras tanto, crece el negocio de la llamada economía islámica, un fenómeno que se consolida tanto en las finanzas como en sectores importantes: la alimentación, el turismo, la farmacia, la cosmética o la moda. Muchas empresas y ciudadanos en general están intrigados, escandalizados por la ropa, el velo, el burquini, la comida o el turismo halal, y sobre todo por la banca.

A simple vista son unas tradiciones religiosas y unas convicciones éticas, pero hay mucho más: un tremendo potencial que empieza a agitar muchos sectores económicos. Los estereotipos de fanatismo sin alegría son tan engañosos como la idea de que el mercado musulmán implica solo las finanzas sin intereses y la carne sacrificada a mano.

Es una economía que está en expansión. Es una forma de vida a través de sus productos, experiencias, servicios y procesos. Este fenómeno abarca regiones geográficas distintas y límites culturales. Son más de 1.600 millones de musulmanes en el mundo o el 23% de la población total. La gran mayoría proviene de economías emergentes, como Indonesia, Malasia, Turquía y los países del Golfo. Constituye uno de los grandes mercados de consumo.

El sector de las finanzas, el pilar principal de esta economía, dispone de dos billones de dólares en activos que llegarán a los 3,3 billones en el 2020. Favorecido por esta creciente conciencia económica, los musulmanes gastaron 1,9 billones de dólares en el 2015. Alimentación y bebidas ocupan el primer lugar, con 1,17 billones de dólares, seguidos de la moda y el textil, con 243.000 millones; medios de comunicación y cultura, 189.000 millones; turismo, 151.000 millones de dólares y productos de farmacia y cosmética, 80.000 millones de dólares.

La moda islámica está generando polémicas y gran demanda. Ha conseguido atraer a la industria textil y a las grandes casas de moda. Representa el 11% del mercado mundial y crecerá el 6% anual hasta el 2020. Mientras, el número de viajeros musulmanes ascendió a 108 millones, el 10% del total mundial, y podría alcanzar los 150 millones de turistas en el 2020. Estados Unidos y la Unión Europea son los beneficiarios principales de estos visitantes.

No se puede borrar lo que nos hace diferentes –la cultura, la religión, la educación–, pero se pueden encontrar caminos para transformar las diferencias en fuente potencial de riqueza en lugar de sospecha y temor. Para un desarrollo saludable de la economía islámica será necesario crear un entorno que promueva su complementariedad e integrar sus criterios y las normas internacionalmente aceptadas en la economía mundial. Las dinámicas cambiantes de la economía islámica abren grandes interrogantes, pero también un gran potencial que vale la pena explorar.

*Experto en economía

y relaciones internacionales

   
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