La geografía aragonesa es más que conocida por lugares mágicos donde el agua, con el paso de los años, ha ido dejando su firma. Los ibones del Pirineo aragonés o los distintos ríos son algunos de los ejemplos de cómo el agua nos ha dejado paisajes propios de otra galaxia. En la provincia turolense, encontramos una zona donde pozas, cascadas y lagos de agua dulce son los principales protagonistas, aunque la gastronomía o la belleza de sus pueblos son igual de importantes. La Comarca del Matarraña, también conocida como la Toscana aragonesa, aguarda un sinfín de parajes donde el agua es la principal protagonista. La Guía Repsol ha querido destacar algunos lugares de esta comarca donde el agua nos ha dejado paisajes de ensueño.

El salto de La Portellada

Una de las mejores zonas de baño de la zona se encuentra en el curso del río Tastavins. Este río transcurre por varios municipios de la comarca pero su mayor esplendor lo recoge cuando llega al municipio de La Portellada. Este salto de unos 20 metros de altura se encuentra a unos dos kilómetros del municipio, si deseas acudir hasta allí andando tardarás una media hora por una pista forestal.

El acceso a esta piscina natural es bastante sencillo e ideal para hacerlo con niños. Guía Repsol

Una vez allí, a simple vista no encontraremos ninguna zona de baño. Tendremos que bajar nuestra vista para contemplar la imponente cascada y su poza. A la hora de ver la poza desde arriba, tendréis que tener mucho cuidado si vais con niños. Desde lo alto también podréis contemplar las ruinas de un viejo molino del que solo quedan las paredes.

Un ‘lago azul’ de agua dulce

Para poder disfrutar de este lago de tonalidades azules es necesario cruzar al otro lado de la orilla y descender por una senda. Una vez en la parte baja del cauce descubriremos lo que andamos buscando. Una imponente cascada, que con el caer del agua, ha formado un hoyo de hasta ocho metros de profundidad. Lo más característico de El Salt es la tonalidad de sus aguas propias de cualquier playa paradisiaca. Estos tonos azulados se logran gracias a la presencia de unas algas verdes en el fondo del lago.

Bañarse detrás de la cascada o atravesarla, como haría el propio Indiana Jones, es un privilegio para todo bañista. Y como toda película necesita de una banda sonora. El atronador y a la vez relajante sonido del agua al caer rompe el silencio y la tranquilidad del paraje. Podemos acceder al agua de dos maneras distintas. La primera de ellas a través de una playa de piedras donde necesitaras un calzado apropiado. La segunda y con la que disfrutan los más pequeños es subirse a las rocas y lanzarse a la poza

Beceite y sus ríos

La zona de baño de esta localidad turolense se divide entre dos ríos: el Ulldemó y el Matarraña. Si lo que queremos es refrescarnos con un buen chapuzón tenemos que ir a este último. El Parrizal de Beceite es uno de los lugares más emblemáticos del municipio. Aunque está prohibido bañarse en su zona alta, sí que lo podemos hacer en la parte baja de El Parrizal donde encontramos un paraje privilegiado.

La poca profundidad de las pozas de Font de la Rabosa hace que sean disfrutables por bañistas de cualquier edad. Guía Repsol

Este paisaje es la Font de la Rabosa. El río se encuentra encajado en el pueblo y se accede por una de sus estrechas calles. El paso del tiempo y el agua han ganado la batalla a la piedra caliza, lo que ha provocado que se formen pozas de pequeña profundidad. Cerca de aquí se encuentran las piscinas naturales de l’Assut. A la hora de adentrarnos en estas piscinas conviene estar mentalizado, ya que la temperatura de sus aguas te recordará a la de los ríos pirenaicos.

De poza en poza en Las Pesqueras

La ruta fluvial de Las Pesqueras parte desde el municipio de Beceite y es la más espectacular de la zona. En esta ruta, encontramos un conjunto de 15 pozas diseminadas en una reserva natural de unos 7 kilómetros. Estas se encuentran encajas en un espectacular paisaje, bajo la atenta mirada del macizo de Peña Galera. En su relieve, se levantan sus verticales murallas de roca negra, que proyectan el calor sobre el valle. Esta característica de la roca hace que la temperatura del agua sea hasta cinco grados superior a la del Matarraña o el Tastavins. 

La estampa del Ulldemó cuando pasa por las faldas de la Peña Galera merecen un reposo para contemplarla. Guía Repsol