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El Periódico de Aragón

Fernando Martín Cubel

¿Cinco años más de estabilidad para Francia?

Los últimos comicios muestran un escenario de polarización, transformación, fragmentación y desencanto

Tras la celebración de las elecciones presidenciales francesas, una especie de alivio general recorrió el conjunto de las capitales europeas y comunitarias así como las conciencias de aquellas personas que vinculaban los resultados de las mismas a la supervivencia de nuestras vapuleadas democracias liberales. E. Macron, al igual que François Miterrand y Jacques Chirac, lograba con el apoyo de la mitad de los votos electorales revalidar el cargo por un nuevo período de cinco años.

Sin embargo, cuando se observan los resultados con cierto detenimiento, cabe destacar el lógico desgaste en el candidato E. Macron, ya que respecto a los resultados obtenidos en los anteriores comicios de 2017 ha perdido apoyo en los departamentos al pasar de 105 a 77 del conjunto de 107 departamentos franceses. Sin embargo, otros son los interrogantes que cabe esbozar ante los resultados de estos comicios: ¿qué presente social y político subyace en el trasfondo electoral?, ¿qué importancia pueden tener esas tensiones que hay de fondo en la sociedad francesa y que han podido verse reflejadas en los resultados electorales, de cara a los próximos comicios del mes de junio?

Alto grado de abstención

Estos comicios franceses dentro de la V República, muestran un escenario político que puede definirse por los términos de polarización, transformación, fragmentación y desencanto. ¿Y cómo se ven reflejados? En primer lugar, existe un alto grado de abstención, siendo en la primera vuelta de estos comicios unos datos de abstención cercanos a 1969 donde alcanzó en porcentaje del 31%; una segunda realidad es el desmoronamiento de los partidos republicanos tradicionales (un ejemplo muy similar a lo sucedido en el proceso electivo chileno de 2021), y donde los electores franceses dieron su apoyo en la primera vuelta en un 80% a opciones políticas como: Reagrupamiento Nacional, Francia Insumisa, Francia en Marcha y el fenómeno Zemmour. El conjunto de los partidos republicanos caso del Partido Socialista así como los gaullistas se sitúan en una especie de marginalidad política aunque bien es verdad que mantienen una fuerte presencia en el poder local francés. Esta realidad para Pascal Perrineau «Son el reflejo de una sociedad malhumorada que cuestiona cualquier reforma y desconfía de la política». Un tercer aspecto, es que ya no se puede considerar a los votantes de la Sra. Le Pen como unos «marginados» del presente político de Francia, elección tras elección el fenómeno de ultraderecha tiene más apoyos en la sociedad francesa algo que no es nuevo en la historia contemporánea de este país. Un cuarto aspecto, y que creo que puede resultar de gran interés, es que el relato político predominante en el espacio político y social centrado en el «choque de ideas» entre la izquierda y derecha tradicionales se está viendo sustituido por un nuevo escenario –donde las nuevas tecnologías de la información tienen una gran importancia– en el que la política emocional e identitaria es cada vez más importante, cobrando gran valor los discursos polarizadores que parecen emerger en esta Francia de «archipiélagos» ante unas opiniones públicas líquidas. Ello está también provocando una mayor parcelación política desde los escenarios tradicionales de izquierda y derechas republicanos que no son capaces de reaccionar ante un espacio público fragmentado.

¿En realidad, en estas elecciones se votaba más bien por el poder de la política o por la política del poder?

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¿En realidad, en estas elecciones se votaba más bien por el poder de la política o por la política del poder?, ¿Era un voto por nuevas políticas de futuro ante los retos a los que debe hacer frente Francia o más bien era simplemente un plebiscito o voto de confianza a la acción presidencialista de E. Macron?, y por último ¿en estas elecciones ha predominado el discurso de lo identitario y emocional?

Supuesta estabilidad

La victoria de E. Macron ha permitido a Francia una supuesta estabilidad, y, centrarse en las próximas semanas en un primer objetivo cortoplacista, como van a ser los comicios legislativos del mes de junio, donde deberá salir el nuevo Primer Ministro francés. Puede ser que el actual inquilino del Palacio de Elíseo tenga que «cohabitar». Pero sin duda, resulta de mayor interés observar cómo ese trasfondo de polarización, desencanto ante la República y los valores que representa, los serios problemas de una «Francia» que cada vez está más desconectada de la «Francia» de las urbes y el tren de alta velocidad, el creciente choque identitario entre las bases del laicismo republicano frente a aquellos que cuestionan el mismo, la salida de la crisis de la pandemia del covid-19, la satisfacción de las demandas de los Chalecos Amarillos, la readaptación de la Grandeur, el cuestionamiento del modelo participativo democrático en Francia y de una posible «huelga en las urnas», la cada vez mayor personalización del poder político, la histerización en los debates públicos o la falta en ocasiones de una verdadera capacidad de actuación de los poderes públicos frente a las demandas sociales francesas. En esta especie de océano social y político, a la que sin duda habría que incorporar algunos otros aspectos, es donde cabe observar lo que pueda ser el futuro de Francia y del propio proyecto de la UE.

Paul Valery escribía en junio de 1940 «En pocos días hemos perdido toda certidumbre. Nos hallamos en una pendiente terrorífica e irresistible. Nada de los que podamos temer es imposible; podemos temer e imaginar absolutamente cualquier cosa». Estas palabras del escritor francés pueden ser reflejo de lo que vivirá Francia en los próximos cinco años, de una supuesta estabilidad, a la que no podemos ser ajenos.

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