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El Periódico de Aragón

María Pilar Latorre Villagrasa

Tercera página

María Pilar Latorre Villagrasa

Licenciada en Derecho y gerente

La esperanza que trajo el viento

Si las corporaciones confiscan el paisaje, que sea a cambio de agua

El Bajo Aragón resiste a duras penas frente a la despoblación y el abandono conservando una naturaleza intacta, aunque no tanto. Intereses energéticos llegados de lejos colocaron en su día una Central Térmica en Andorra, que, tras años de lluvia ácida y contaminación ambiental se desmantela dejando la zona todavía más olvidada y perdida. La juventud tuvo que marchar a lugares más poblados, donde las posibilidades se iluminan con la luz muchas veces generada en su querida tierra.

¿Qué se hizo mal al esperar una lluvia de millones que regara el Bajo Aragón con la colocación de la primera piedra de esa Central Térmica? Cuando nos dimos cuenta de que la prometida lluvia de millones se convertía en lluvia ácida ya era demasiado tarde. Una pena.

La historia se repite

Pero la historia se repite y sería lamentable que volviéramos a tropezar contra la misma piedra.

Según los planes estratégicos de Europa a España le ha tocado ser la «primera potencia» en generación de energías «verdes» y mira por donde que ahora todos miran a Teruel y Bajo Aragón en general para conseguir ese objetivo; «Teruel existe» ¡Hurra! Pero… ¿qué está pasando?

En los pueblos afectados solo se habla de miles, millones de euros con los que, de nuevo, van a regar el territorio convirtiéndonos en los más afortunados de estos tiempos. Resulta obsceno comprobar lo fácil que es para las grandes corporaciones comprar voluntades a golpe de talonario.

Ahora sus intereses se posan sobre lo único que nos queda, el paisaje porque el paisanaje hace tiempo que se lo llevaron al dejarnos sin recursos y sin oportunidades.

Un campo de aerogeneradores

No me gustaría ver transformada nuestra querida tierra en un campo de aerogeneradores o alicatada por miles de placas solares, pero reconozco que no se puede pedir a los sacrificados agricultores, que todavía resisten a duras penas, que rechacen el maná prometido. Esa es la ventaja de los interesados.

Pero es el momento de reaccionar. El juego ahora se desarrolla en nuestro hábitat y somos nosotros lo que tenemos que fijar las reglas para que la riqueza que nos prometen sea una riqueza perdurable, que siente las bases para que nuestros jóvenes tengan un futuro en casa; al mismo tiempo, para que las corporaciones locales afectadas, como ocurre en muchos países europeos, participen de los beneficios de las empresas y puedan influir en sus decisiones futuras, que no deje en manos de estas futuras e indefinidas ampliaciones.

Una riqueza perdurable que, por lo que refiere a nuestra zona, debería estar relacionada con el agua que tanto se necesita y que llevamos tanto tiempo reclamando sin que nadie nos haga caso.

Si es irremediable la confiscación de nuestro paisaje que se haga a cambio de garantizar recursos hídricos para que los jóvenes tengan manera de rentabilizar sus negocios agrícolas, fijar a la población y aumentarla, atrayendo inversiones.

Cuatro infraestructuras

Es el momento de pedir la realización de las cuatro infraestructuras que desde todos los organismos de la cuenca del Matarraña se demandan desde hace más de una década: Val de Beltrán en Mazaleón; Val de la Figuera, en Torre del Compte; Comellares, en el río Tastavins, y la balsa de Serrat, ubicada en el término municipal de Cretas y que afectaría al Algars. En el caso de Figuera y Beltrán, ambos proyectos cuentan con todos los informes favorables de impacto ambiental.

Confiemos en que todos los municipios afectados se unan para conseguirlo y esperemos un futuro verde, pero en nuestros campos regados gracias a la esperanza que nos devolvió el viento.

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