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El Periódico de Aragón

Marian Rebolledo

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Marian Rebolledo

Otro revolcón con la jota

Acabo de conocer a la escritora y musicóloga Marta Vela, autora del libro La jota, aragonesa y cosmopolita. Va de lo internacional que era la jota en el siglo XIX. Corrijo: no la jota, la jota aragonesa. Vela insiste en que el título está puesto muy a posta. Lean el libro, es fantástico. En el siglo XX, en cambio, la música que sedujo a Falla o a Liszt, al público de Nueva York y de París, se transmutó en un género para señores orondos envueltos en una faja y con un pollino al lado. Eso, como explica Javier Barreiro, tuvo que ver con la cantidad de chascarrillos, chistes baturros y lugares comunes que vulgarizaron su imagen a principios del pasado siglo. Comparemos con el flamenco. Esa apertura, esa renovación, no han calado en la jota, y parte de la culpa la tienen los guardianes de las esencias, que con una animadversión brutal coartan a cualquiera que quiera investigar, innovar, maridar, en resumen: abrir nuevos caminos.

Digo esto porque en la reunión del próximo 28 de octubre del Consejo de Patrimonio Histórico, en el que están todas las comunidades autónomas, se aprobará que España presente a la Unesco la candidatura de la jota como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad ante la UNESCO. Lo que iba a ser una candidatura aragonesa ha acabado incluyendo la jota en quince comunidades autónomas. De internacional a comparsa. Por cierto, el rostro visible de la candidatura es un señor de Toledo, Julio César Valle. Ese gol ya se lo han metido al Gobierno de Aragón, y hay prestigiosos periodistas e intelectuales que llevan advirtiendo de esto hace tiempo. Venimos de un revolcón con las Olimpiadas, y con la jota vamos camino de lo mismo. Y no será porque no lo vimos venir...

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