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El Periódico de Aragón

Juan Bolea

Managers

Un estratega español, Antoni Gutiérrez-Rubí, ha estado detrás del éxito electoral de Gustavo Petro, reciente ganador de las elecciones presidenciales en Colombia. Su trabajo al frente de la campaña del candidato de izquierdas ha debido de ser muy eficaz porque nunca antes había ganado una candidatura de estas características y porque el rival de Petro, el multimillonario conservador Rodolfo Hernández, no se lo puso nada fácil.

Una de las tácticas de Gutiérrez-Rubí consistió en explotar las debilidades de su rival. Cuando supieron que Hernández se negaba a celebrar un debate televisado, el asesor intuyó que la victoria estaba cerca. Otra de sus aportaciones clave consistió en atemperar la ideología de Petro, a fin de hacer olvidar al electorado moderado su pasado con la guerrilla

La empresa de Gutiérrez-Rubí ha trabajado con otros candidatos electorales tan distintos como la argentina Cristina Fernández de Kirchner o el andaluz Juan Manuel Moreno Bonilla. Tal versatilidad habla de profesionalismo, eficacia en las prestaciones y alejamiento de creencias dogmáticas.

Pero, ¿cómo son estos asesores? ¿Cuál es su relación con sus clientes?

En una de mis primeras novelas, El manager, intenté profundizar en la personalidad de tales gurús creando dos protagonistas, un manager musical y un asesor político. En el fondo, ambos trabajaban para popularizar productos susceptibles de llegar a los últimos rincones de la sociedad y despertar un deseo canjeable por una entrada o por un voto. Para lograr sus objetivos recurrían a toda clase de medios, no siempre claros ni del todo limpios.

En cuanto a su relación con sus clientes, tiende a ser de dominio en lo laboral y de indiferencia, incluso desprecio en lo personal. No en vano, a menudo son los managers gente más formada, aunque sin carisma para seducir a un público. Y no necesariamente tienen que creer en algo, ni siquiera en el arte o en el ideario de sus asesorados. Conocen bien las pasiones humanas, la credulidad de las masas y la relatividad de las promesas. Ese marco, junto con el factor humano de sus representados, configura su área profesional, el día a día de una actividad tan curiosa como desconocida.

El poder no les interesa demasiado. El dinero, mucho.

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