Opinión

La Ley burlada

La Constitución se incumple una y otra vez en Cataluña al eludir la Generalitat las sentencias del Tribunal Supremo para proteger el bilingüismo, y al no reconocer el 25 por ciento de las enseñanzas curriculares en castellano. El Gobierno, mientras tanto, no es que se ponga de perfil, apoya con su actitud pasiva la inmersión lingüística independentista, que el propio PSC respalda en el Parlament. Por eso, cuando Pedro Sánchez adopta ese tono solemne propio para advertirle a la presidenta de la Comunidad de Madrid de que la ley en España se cumple no hace más que faltar a la verdad, algo, por otro lado, a lo que ya nos tiene acostumbrados. La impostura ha pasado a ser una prolongación de la figura de Sánchez. Aunque las mentiras nunca viven hasta hacerse viejas, es probable que mentir tanto forme parte de una estrategia del presidente de este gobierno para que nadie se ocupe en diferenciar lo que es cierto de lo que es falso. El que dice una mentira, como escribió el poeta inglés Alexander Pope, estará obligado a inventar veinte más para sostener la certeza de la primera. En Sánchez esto ha empezado a convertirse en una simple cadencia, hasta el punto de que hace tiempo que no se ocupa de decir una sola verdad para que le crean cuando miente. Le da igual; para él asegurar lo contrario de lo que otros ven como una realidad forma parte de la mecánica de la vida.

Pues no señor, la Ley no se cumple en este país. Ni desde las altas instituciones. El ejemplo está en la Generalitat cuando se pasa por el arco del triunfo, de manera sistemática, las sentencias del Supremo para preservar los derechos constitucionales a recibir educación en la lengua común que hablamos todos. Cualquiera de cualquier otro lugar, que no sea este, al que se le explique lo que pasa en Cataluña y la inacción del Gobierno en defender la lengua patrimonial de los españoles quedaría atónito.

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