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Carmen Bandrés

Obesidad infantil

El comienzo del nuevo curso pone de actualidad el tema de los comedores escolares y su relación con la salud infantil. Resulta evidente que no solo cuenta la idoneidad de los menús, sino también su preparación y la conveniencia de que los alimentos lleguen a los niños sin recalentamientos ni transportes innecesarios. Así, la proposición de que todos los centros dispongan de cocina propia es muy acertada, independientemente de la necesidad de confeccionar los menús de conformidad con las sugerencias de pediatras y especialistas en nutrición, que abundan en alabanzas hacia una dieta mediterránea equilibrada, en tanto que, a la vez, recomiendan evitar el abuso de carnes rojas, grasas saturadas y, sobre todo, bollería y bebidas azucaradas, tan presentes en el día a día de los pequeños.

Parece claramente establecido que el abuso de alimentos precocinados, ultaprocesados y dulces está muy relacionado con la salud en general y con la obesidad en particular, una afección ya endémica y de creciente implantación en las nuevas generaciones. Por otra parte, el nivel socioeconómico familiar determina en sumo grado la presencia de trastornos alimenticios, pues llenar la cesta de la compra con productos adecuados es cada día más caro y queda fuera del alcance de los padres con menor poder adquisitivo, carencia que, de acuerdo con las previsiones, podría agravarse mucho durante los próximos meses. Es, pues, fundamental conseguir que todos los pequeños accedan a una alimentación sana, tanto si comen dentro del colegio como si lo hacen en casa, sin olvidar que otro ingrediente sustancial de la salud es el ejercicio físico, aspecto al que también puede contribuir la organización de la vida escolar. Cuidar de la infancia es una obligación no solo paterna, sino también colectiva en cualquier sociedad que se precie de avanzada.

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