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David Corellano

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David Corellano

Historiador

Lambán

Lo ideal para políticos como el presidente de Aragón sería no tener que someterse a inciertas primarias

Las palabras pronunciadas esta semana pasada por Javier Lambán, presidente autonómico y secretario general del PSOE en Aragón, han provocado, extrañamente, menos revuelo del que cabría esperar dada la gravedad de estas. Y no me refiero a su afirmación de que con Javier Fernández al frente del PSOE «mejor le hubiera ido a este país». Cualquiera que conoce un poco al personaje sabe que Lambán no es precisamente alguien ajeno a la incontinencia verbal, y también que nunca ha aceptado el varapalo sufrido por él y buena parte de los dirigentes territoriales del partido al perder, contra todo pronóstico, las elecciones primarias de 2017, lo que supuso la vuelta de Pedro Sánchez al frente del PSOE y, a la postre, la vuelta al gobierno de los socialistas en 2018.

Llama un poco más la atención la lectura sesgada del pasado reciente del presidente aragonés, algo que suele hacer de vez en cuando (lo que resulta bastante imperdonable en alguien que presume de su doctorado en Historia), y que le lleva a obviar que durante esa grave crisis vivida por los socialistas españoles, la disyuntiva no fue entre el propio Pedro Sánchez y Javier Fernández, sino entre el ahora presidente del Gobierno y Susana Díaz, a quien Lambán apoyo en cuerpo y alma, y a cuyo destino se entregó en una de las más desafortunadas intervenciones que se le recuerdan (y ya es decir), al afirmar aquello de que «Susana Díaz es una trianera tocada por los dioses del socialismo y la política«. El tiempo se ha encargado de poner en su sitio a cada uno y, de paso, ha servido para aclararnos lo que habría pasado si el resultado de aquellas primarias hubiese sido otro.

Pero, como digo, esto no es lo más grave. Al fin y al cabo, solo fue una más de las habituales salidas de tono del presidente aragonés, muy propias de lo que el diccionario de la RAE define como un «bocazas», es decir, una «persona que habla más de lo que aconseja la discreción», que es por lo que a continuación tuvo que salir a pedir disculpas y decir que sus declaraciones habían sido «manifiestamente desafortunadas».

Lo realmente preocupante es la segunda parte de sus manifestaciones, en las que afirmaba que los procesos de primarias «son un invento maligno», que han convertido a los partidos políticos en «cualquier cosa menos estructuras democráticas». Y si llama tanto la atención es precisamente porque el propio Lambán ocupa sus responsabilidades al frente del PSOE y el Gobierno de Aragón gracias a sendos procesos de primarias, por lo que, si se queja de su falta de democracia, a uno se le encienden todas las alarmas respecto a las formas en que el propio Lambán ha llegado hasta allí.

Una lectura un poco más maliciosa, que no me resisto a hacer, sería que quizás lo que disgusta realmente a Javier Lambán es que haya participación en los partidos, o al menos en el suyo, ya que esto dificulta el control férreo que las burocracias partidistas suelen efectuar en sus organizaciones. Esto último es lo que el politólogo Robert Michels ya teorizó en los años 20 del pasado siglo bajo el concepto de la «ley de hierro de los partidos políticos», y se fundamenta en la existencia de estructuras burocráticas que concentran el poder de los partidos políticos, haciendo que el papel y la influencia de los militantes sea cada vez menos importante.

En el caso del PSOE aragonés es bien sabido que la participación dentro de sus estructuras ha ido decayendo más y más durante los últimos años. Todos sus afiliados, es decir, aquellos que pagamos religiosamente una cuota trimestral, hemos ido viendo cómo se iban reduciendo progresivamente los espacios de encuentro y debate, y cómo la opinión propia, si era contraria a la «oficial», era sistemáticamente apartada y silenciada porque, supuestamente, criticar a los responsables del partido era hacerle el juego a los rivales políticos. Esto, unido a la profesionalización de buena parte de los cuadros orgánicos, que a cambio de mantener «prietas las filas», pero bien vacías de contenido, reciben su recompensa en forma de cargos institucionales, ha terminado por convertir al PSOE aragonés en un cascarón vacío cuya vida orgánica se empobrece de manera irrefrenable año tras año. Es por eso que cuestionar el único, pequeño y –ya lo sabemos, pero es lo único que nos queda– ficticio espacio de participación que el PSOE pone a disposición de sus militantes resulta tan patético. Todos sabemos que lo ideal para políticos como el presidente de Aragón sería no tener que someterse a los tediosos y a veces inciertos procesos de primarias en los que pueda aparecer, quizás algún día, un candidato o candidata diferente que sea capaz de sacar de su letargo a un partido que, en Aragón, más que nunca, merece otra cosa que sus actuales dirigentes. Hasta entonces, compañero Javier Lambán, déjanos al menos votar.

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