Opinión

Los táper del futuro

En estas fechas vuelven al pueblo los hijos pródigos cuyo talento hay que saber retener. El táper. Nadie piensa en el táper. Son los grandes olvidados de estos fiestorros. Contenedores del abuso, segunda vida de comilonas desbordadas, ataúdes de nutricionista, reciclaje de gula del mundo desarrollado. En ellos se depositan las sobras para que se los lleve el estudiante a la capital. Son el almuerzo para enero de esos miles de hijos pródigos que por Navidad vuelven en el pueblo.

Ellos son un elemento omnipresente en estas fechas, casi más que Papá Noel, el polvorón de canela, el Constitucional y el resto de miembros del Belén revolucionado... y Luz Gabás, de ronda en ronda por los pueblos de nuestro Aragón, recibida por conquistar el Planeta antes que Dr. Maligno, Hank Scorpio o Elon Musk.

En una de esas mil apariciones de la Luz, bienvenida en el Pirineo, donde el apagón de la bombilla está a la orden de la nevada, Gabás contó una anécdota clarificadora. Que en Madrid o Barcelona le preguntan si es verdad eso de que vive en un pueblo pequeñito, en Anciles, y ella, brava, contesta que «por supuesto, que para qué voy a cambiar». Y que no se lo creen, que hasta le presagian el traslado inmediato. En ese pronóstico que suena a amenaza se oculta otro de los males del urbanismo caníbal: la fagocitación del talento rural. Que parece imposible que con dos neuronas de más y algo de éxito te reprimas a abrazar el embotellamiento de la M40. ¡Por Dios, si ser gobernado por Ayuso es lo más! ¿Qué haces entre ovejas y paneles solares, paleto?

Vamos a hacer un repaso rápido de ilustres aragoneses y les tomamos la matrícula de su nacimiento para avivar la reflexión. Buñuel, de Calanda; Goya, de Fuendetodos; María Josefa Yzuel, de Jaca; Ramón y Cajal, de Petilla de Aragón o de Ayerbe, si se quiere; Miguel Servet, de Villanueva de Sijena; Ramón J. Sender, de Chalamera; María Moliner, de Paniza; Carmen Magallón, de Alcañiz; Baltasar Gracián, de Belmonte de Gracián; Joaquín Costa, de Graus; Irene Monroset, de Fonz... ¿Seguimos?

No tengo muy claro si Goya se llevaría las croquetas de la yaya a la Corte, sí que será casi imposible frenar este expolio si seguimos así. Porque es de cajón que no se puede retener a todos los sabios, pero sí a aquellos que se marchan a hacer medicina, educación, ingeniería, económicas, físicas o una FP... con oportunidades de vida atractivas y reales, vivienda y trabajo de lo suyo, no sólo abrazados a la bomba del turismo o la ganadería intensiva, para profesionales con raíces que alimenten en su conocimiento sus tierras de origen para repoblarlas de progreso y servicios, que se marchan con ellos dentro del táper para no volver.