Opinión | AL MARGEN

Referéndum, qué ilusión

Cuando estudié Ciencias de la Información tuve que leer un libro titulado La comunicación no verbal, de Flora Davis. Desde entonces me fijo mucho en las señales que todos emitimos al hablar, y más los que se expresan en público con frecuencia. Y por eso he seguido con especial atención el discurso de Pere Aragonès, y me he asustado un poco: tiene ojos de creerse lo que está diciendo. Esto, que parece una perogrullada, no lo es, porque estoy convencida de que Artur Mas, por ejemplo, nunca quiso la independencia de Cataluña, y sin embargo fue el impulsor de todo lo que vino después. Pero esa mirada de auténtico creyente, esos ojos de qué ilusión que vamos a votar otra vez... eso se lo he visto al presidente de la Generalitat, y lo que augura es que vuelve la turra del referéndum, y me da una pereza que me muero. Y eso que creo que esa convocatoria nunca sucederá.

Pensemos como una persona sin escrúpulos: es verdad que Pedro Sánchez ha cedido en muchísimas cosas, pero si no he leído mal los signos, lo que le queda de legislatura es un año en el que no intentará sacar adelante nada de tanto calado como para necesitar los votos de Esquerra Republicana. Tiene presupuestos generales, que podría prorrogar sin mucho dolor. Como reformas importantes le queda derogar la ley mordaza, por ejemplo, pero no es un tema capital para el grueso de su electorado si decidiera olvidarse de su promesa. Y tener a los independentistas dando la paliza con el referéndum le puede venir hasta bien. Porque si les provoca mucho, incluso hasta empujarles a declararle la guerra, hasta le hacen un favor. Así que yo no me preocuparía por que vaya a haber consulta. Por mucho que le brillen los ojos de ilusión a Aragonès.