Opinión | PUNTO DE VISTA

Nunca es tarde si la energía es pública

La electricidad que se genera en Aragón tiene que favorecer a los aragoneses

Imaginemos por un momento que en medio de la plaza del Pilar comienza a emanar un día, de forma espontánea, petróleo. Sé que no es muy realista, pero imaginémoslo por un momento. Imaginemos también que, mientras esto sucede, una serie de políticos se dedican a rodear la fuente de petróleo para evitar que la ciudadanía vea el potencial que de ahí emana. Es más, no solo la rodean, empiezan a trabajar en favor de la empresa de turno que se hará propietaria de dicho oro líquido. Imaginemos, que dicha empresa o empresas se dedican a construir tubos por media plaza del Pilar para extraer más y más rápido el petróleo y poderlo transportar al lugar donde con él hacen negocio. Mientras tanto la ciudadanía atónita mira desde sus balcones semejante despropósito. Pues bien, salvando las distancias entre el petróleo y las renovables básicamente esto es lo que ha pasado en nuestra comunidad con el tema de la energía durante los últimos años.

Que Aragón era rica en el petróleo del siglo XXI –el agua, el viento y el sol– ya lo decía Pedro Arrojo en los mítines de Podemos allá por 2015. Por entonces, las renovables no tenían mucho predicamento. Recordemos que, en aquellos años, el PP impuso el impuesto al sol como mecanismo de freno, ya no a la aparición de renovables, sino al no control, por parte del oligopolio energético, de dicha transición. Y creo que este matiz es importante porque nos lleva al meollo de la cuestión: el problema de la energía nunca fue renovables sí o no, sino el riesgo de democratización del acceso a la energía que significaba el control ciudadano de las renovables. Vamos, que desde el principio la cosa ha ido de quién es el propietario de la energía y no tanto de qué tipo de energía se producía. El dinero, amigos, lo de siempre.

Y es que, que uno en su casa pudiera ponerse una placa y salir del control del oligopolio de las eléctricas y de su estafa en la fijación de precios abusivos era en sí mismo revolucionario. Y mientras toda Europa posibilitó esa transición entendiendo también que el control público y ciudadano de la energía era cuestión de estado, en España se legisló en contra y en Aragón tres cuartos de lo mismo. Aquí, en la última década, lo que se ha hecho es dejar de legislar o planificar, hecho que ha facilitando la entrada de empresas a hacer el agosto con nuestros recursos. Cuando Podemos Aragón entramos en el Gobierno nos encontramos que no estaban hechos ni los planes que organizan los espacios naturales, ni la ordenación de paisajes y que se había dejado caducar la planificación energética, vamos que teníamos un cartel luminoso a la entrada de Aragón que decía: ¡Barra libre para el expolio! Y aunque hemos intentado correr haciendo lo que estaba en nuestra mano, el terreno estaba muy abonado para que sucediera lo que hemos visto: un colonialismo de nuestro territorio para hacer negocio.

Pero de nuevo no perdamos el horizonte, lo peor de toda esta transición injusta es que de nuevo se hace evitando la soberanía energética, el control ciudadano de la energía y, por ende, de su precio. Con lo que no contaban quizás ni Javier Lambán ni el Gobierno de Sánchez es que la guerra de Ucrania tensionaría tanto esta transición, por culpa de la subida de precios, que la gente empezaría a demandar acceso a ese petróleo que salía de la plaza del Pilar. Y si no que se lo digan a la ministra Ribera que ha pasado de llamar despropósito a la intervención del mercado eléctrico a llevarlo por bandera por media Europa. O lo mismo le pasa al PSOE de Aragón, que tras toda la legislatura bloqueándonos la empresa pública de la energía ahora defienden las comunidades energéticas. El único problema es que lo hacen de la mano del oligopolio eléctrico, que de nuevo es como poner al lobo a vigilar a las gallinas.

La energía que se genera en Aragón tiene que favorecer a los aragoneses. Y esto solo sucederá si la gente y las administraciones somos sus propietarias. Solo así podremos asegurar precios dignos en las facturas de los hogares y no pagar cheques, que llegan a menos del 10% de los que lo necesitan, que sirven para subvencionar con dinero de todos a las eléctricas. Solo así favoreceremos la implantación de empresas y no seremos los generadores (la despensa) de energía que consumen y favorece a las zonas industriales catalanas y madrileñas. Y además, solo así, generaremos energía verde con respeto al territorio. En Podemos Aragón lo tenemos claro: hay que ser valientes, si la energía se produce en Aragón, debe ser de los aragoneses.