Opinión | Sala de máquinas

‘¡La Mare de Deu!’

Escuchaba el otro día en la emisora de música clásica de Radio Nacional de España conversar a sus tertulianos sobre pintura y músicas medievales cuando, en un momento dado, mi oído se agudizó.

Fue al oírles hablar de un cuadro antiguo La Mare de Deu de la llet. ¿De qué me sonaba? Los participantes en el programa siguieron diciendo que esa excelsa obra, una tabla gótica, al temple, del siglo XIV, podría admirarse en el Museo Nacional de Cataluña, en Barcelona, donde se exhibe para admiración de todos y testimonio de la riqueza de la propia y milenaria historia de Catalonia… Hasta que, de repente, caí: se estaban refiriendo a La Virgen de la leche, una pintura de la catedral de Albarracín que desapareció de su altar hace décadas y que, misteriosamente, llegó a la sede de MNAC, a ese Museo de Arte Nacional de Cataluña convertido en una cueva de Alí Baba donde se exhiben decenas de obras de enorme valor rapiñadas al patrimonio de Aragón, con torticera y deliberada ambigüedad etiquetadas como patrimonio catalán.

La Virgen de la leche de Albarracín, pintura maravillosa, de un gusto exquisito, fue obra de un artista nacido en Cariñena, Lorenzo Saragossa. Pese a que ya no se puede ser más aragonés que este Lorenzo, los sectarios comisarios del MNAC a sueldo de la Generalitat lo presentan como un artista catalán.

Encarnando este, por desgracia, tan solo un ejemplo más de la política mendaz, invasiva, de puro corte supremacista y parafascistoide llevada a cabo por los esbirros de la Generalitat en materia del patrimonio artístico vinculado a la Corona de Aragón, en general, y al Reino de Aragón, en particular.

En el plano de la esperanza, el consejero del Gobierno aragonés, Felipe Faci, daba recientemente la buena noticia de que este mismo año se espera que los tribunales autoricen la devolución de las pinturas de Sijena (asimismo exhibidas fraudulentamente en Barcelona) al monasterio oscense del que nunca debieron hurtarse. Será, desde luego, un éxito para Aragón, pero todavía habrá que seguir reclamando piezas que, como La Virgen de la Leche de Albarracín, jamás deberían haber salido de las fronteras aragonesas. Sería la mejor forma de combatir la adulteración de la historia emprendida por el independentismo.