Opinión | DELANTE DE TUS NARICES

Una cita imposible

Uno de los artículos más célebres del periodismo español es Vuelva usted mañana, de Mariano José de Larra, donde un extranjero no lograba hacer una gestión en nuestro país. El legendario Tim Bozman nos explicaba en clase de morfosintaxis que en inglés la voz mañana designaba «tiempo indeterminado en el futuro». En Silencio administrativo, Sara Mesa describía el laberinto burocrático al que se enfrentaba una mujer sin techo que trataba de cobrar una renta mínima. Civio, una organización sin ánimo de lucro que trabaja para reducir la opacidad de las administraciones y a favor de la rendición de cuentas, ha publicado esta semana un trabajo sobre Las colas invisibles de la seguridad social. Se había hablado y escrito del asunto: Pedro García Cuartango publicó un artículo titulado Kafka en la seguridad social y Josu de Miguel ha criticado el uso obligatorio de la cita previa en la administración: «La exigencia de la cita previa puede ser una barrera excesiva en el ejercicio de derechos muy básicos para la población más frágil por edad o falta de recursos. En otros, se dificulta el cumplimiento de trámites en una administración que, no olvidemos, debería servir con objetividad a los intereses generales (art. 103 CE)». El espectacular informe de Civio, realizado por Eva Belmonte, Adrián Maqueda, Ángela Bernardo, David Cabo, Carmen Torrecillas y María Álvarez del Yavo y disponible en https://civio.es/2023/03/31/cita-previa, aporta cifras que ayudan a hacerse una idea del absurdo. Algo que pretendía facilitar la relación del ciudadano con la administración –la cita previa– acaba obstaculizando perversamente esa relación: es decir, dificultando que se reconozcan derechos y se presten servicios. Los autores han empleado un robot para estudiar el acceso a la Seguridad Social: una especie de Cassen de Plácido en versión automatizada. El robot buscó cita tres veces al día durante dos semanas. En 43 de las 414 oficinas abiertas no había ninguna para gestionar pensiones. Para el ingreso mínimo vital (IMV), la cifra subía a 63 de 394 oficinas. Cuando había cita, la mitad de las veces la cita era para al menos dos semanas más tarde. La situación en Zaragoza, tanto para pensiones como para IMV, es «desoladora», asegura el informe: «En su capital, una oficina está cerrada, otra no ha dado ninguna cita y la tercera solo si justo la pediste el día 10 de marzo a primera hora. Y para tres semanas después. Ese mismo día podías encontrar hueco en Tarazona más pronto, para cinco días después. Pero a 87 kilómetros». Son colas discretas: ni se ven ni se fotografían. Pero, explica el informe, las consecuencias de esta «Administración ausente», como la llaman en Cáritas, pueden ser mucho peores, especialmente cuando perjudican a personas vulnerables.