Opinión | TERCERA PÁGINA

Unas jornadas necesarias

El Paraninfo acoge esta semana testimonios de luchadores antifranquistas

Los próximos días 27 y 28 de octubre, en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, vamos a poder asistir a unas jornadas tituladas Lucha y represión durante el franquismo en Aragón (1960-1976), organizadas por un grupo de activistas políticos y sociales que quieren seguir poniendo en valor el trabajo que hicieron durante aquellos años tantas personas comprometidas con el final del franquismo y la llegada de la democracia, sufriendo la represión de la dictadura que llevó a muchos a la cárcel e incluso a la muerte.

Las jornadas comenzarán el viernes con una ponencia del catedrático de Historia Contemporánea de nuestra Universidad, Julián Casanova y terminarán el sábado con otra conferencia a cargo de Nicolás Sartorius, abogado, político, sindicalista y actual presidente del consejo asesor de la Fundación Alternativas.

Entre ambas ponencias se sucederán trece testimonios de otros tantos compañeros y compañeras que lucharon, vivieron y sufrieron en su propia carne la persecución, la detención policial y la cárcel en muchos casos, por el simple hecho de reivindicar las libertades de expresión, de reunión, de asociación o el derecho a la huelga que la ley mordaza de la dictadura franquista prohibía.

«Es hora ya de pasar página», me argumentaba un viejo amigo al que invité a participar en las jornadas.

Siempre contesto lo mismo a todos aquellos que me plantean ese tipo de consideraciones: «Efectivamente hay que pasar página y lo hemos hecho, pero no hemos cerrado todavía aquel horrible libro que tanto dolor produjo en la sociedad española; por eso son necesarios este tipo de actos». Claro que Nicolás Sartorius, a quien acabo de nombrar, habrá pasado página, no me cabe la menor duda; pero nadie le podrá devolver los seis años que estuvo en la cárcel por su militancia política y sindical, los tres últimos entre el 24 de junio de 1972 y el 25 de noviembre de 1975, en el llamado Proceso 1001, incoado por el temible Tribunal de Orden Público del franquismo contra diez dirigentes de CCOO que se encontraban reunidos en el convento de los Oblatos de Pozuelo de Alarcón. Los diez de Carabanchel, como eran llamados aquellos grandes compañeros, fueron indultados cinco días después de la muerte de Franco. Aún no habían pasado dos meses desde aquel funesto 27 de septiembre de 1975 en el que se produjeron los cinco últimos fusilamientos del franquismo, a pesar de la condena, la solidaridad internacional y la petición de clemencia de grandes personalidades como el papa Pablo VI o el primer ministro sueco Olof Palme, entre otras muchas. Un año antes, el 2 de marzo de 1974, había sido ejecutado con garrote vil Salvador Puig Antich.

El dictador murió el 20 de noviembre de 1975 y como cuenta el periodista Miguel Ángel Aguilar, testigo de excepción de tres de aquellas cinco ejecuciones: «El Generalísimo iba a cerrar sus actuaciones como las había iniciado cuarenta años atrás: con fusilamientos al amanecer». Así fueron los últimos fusilamientos de Franco es el título del reportaje de Miguel Ángel Aguilar, recogido en su libro En silla de pista (Editorial Planeta, 2018). Su lectura sobrecoge, aún hoy, tantos años después. Pero después de la muerte del dictador, siendo presidente del gobierno Adolfo Suárez, los rescoldos del franquismo detuvieron y encarcelaron a muchos líderes obreros de diversos sectores por ejercer el derecho de huelga como las que se produjeron en Aragón en 1976 en las importantes movilizaciones del sector del transporte y de la madera.

Por todo esto las jornadas Lucha y represión durante el franquismo en Aragón (1960-1976) son muy oportunas y en la actual coyuntura política aragonesa y española, con una derecha que escribe al dictado de la extrema derecha en muchos asuntos, son aún más necesarias. Y lo son, porque el libro no se cerrará hasta que no se repare y reconozca la dignidad de las víctimas y se recuperen tantos miles de cuerpos que aún siguen enterrados en cunetas y en fosas comunes esperando que la Ley de Memoria Democrática los devuelva a sus familias para que descansen con el honor que merecen. Y estas jornadas son muy oportunas porque esta importante Ley, propuesta por el gobierno de coalición PSOE-UP y aprobada por el Congreso de los Diputados el 14 de julio de 2022 por una amplia mayoría de 173 votos a favor, está siendo cuestionada por PP y Vox que votaron en contra y que hoy gobiernan juntos en varias comunidades, siendo Aragón, lamentablemente, una de ellas.

No podemos permitirlo y por ello es importante que sigamos manifestando nuestra apuesta por la libertad y nuestra firme oposición a cualquier retroceso democrático que nos acerque a aquellos tiempos tan grises como los uniformes de la entonces llamada Policía Armada. La apuesta por las libertades y derechos democráticos, es sin duda uno de los objetivos más importantes de estas jornadas que estoy convencido van a ser un éxito.