Opinión | FUERA DE CAMPO

Carlos Gurpegui

De lo romántico a lo gore

Termina «octubre», como ella y su poema: «Es cierto que falta belleza en el mundo./ Es cierto también que no soy la indicada para restituirla». Nobel de Literatura y Premio Pulitzer, la gran Louise Glück nos dejaba este mes. La sensibilidad y duelo de la poetisa se articulaba en la fragilidad y en las hebras de lo romántico: «tras los árboles, las puertas/ de hierro de las casas,/ las persianas cerradas/ en cuartos de algún modo vacíos, abandonados,/ como si fuera el deber/ del artista crear/ esperanza, ¿pero a partir de qué? ¿de qué?». Como si de un Terrence Malick se tratara, en los jardines de la vida el mundo atraviesa tiempos difíciles de barbarie y desazón. Pasan las semanas de un gore trasnochado, usado y a la deriva, como los chistes malos sobre la malograda orquesta del Titanic. ¿De qué le sirvió su estoico sacrificio?

Como apunta Daniel Tubau, «los estoicos son bastante rigoristas, quizá un poco hipócritas, y basan su virtuosa ética en una creencia dogmática en el orden cósmico, muy parecida al llamado diseño inteligente de los cristianos integristas». Los escépticos, en cambio, son más ingeniosos. Tubau acaba de sacar su volumen Sabios ignorantes y felices (Ariel) sobre algunas de sus enseñanzas: «Muchos escépticos pensaban que se podía alcanzar la felicidad al aceptar que podemos vivir sin certezas dogmáticas, algo en lo que coinciden algunos budistas», destaca con brillo Tubau. Pero los días se acentúan más que grises.

La puerta de noviembre se abre con la ventisca de un nuevo Halloween. La cosa romántica quedó enmohecida en los cuadros de las casonas, inerte y sorprendida de no alarmar ni alegrar a nadie. Apenas quedan los restos del naufragio del soterrado octubre, éste que se asemeja a la mugre, al vientre, a las ubres, y del que apenas queda ya una tenue melodía. En la escena del misterio, don Juan Tenorio irrumpe de nuevo y deambula por el videomapping de su amor sombrío e imposible. En esto de los desafectos también existe el llamado «estrés postromántico», miedos que son celos, donde el apego se transforma en un amarre espectral. Recuerden que la obra de Zorrilla fue presentada como drama religioso… y fantástico.

Pero no desistamos, aunque la soledad de Veruela o el sentimiento de Bécquer no terminen de guiñarnos el ojo: «El ángel de las ilusiones nos conduce sobre sus doradas alas a un mundo desconocido, a esa región que tanto halaga nuestros sueños de juventud». Ánimos y ánimas, ahora que azota «el viento fuerte». Casi dos siglos más tarde, nuestras tragedias ya tienen otro cariz. Álex de la Iglesia estrena el segundo billetero de sus 30 monedas (HBO). Ya hay tickets para disfrutar todos los lunes de su periplo por el averno más apocalíptico, gamberro y vasco que se haya visto jamás, con la gran Najwa Nimri haciendo de espectacular reportera Bruja Avería y millennial. Es tu turno, noviembre… ¿quién te cantará?