Opinión

¡Miraflores, qué bello nombre para tanto abandono!

Leo en las páginas de este mismo diario el deterioro por el que atraviesa la estación de Miraflores, ubicada entre el final de Camino de Cabaldós y la prolongación de Tenor Fleta, y me da rabia. Es como si el tiempo se hubiera comido su voluptuosidad y todo fuera un despropósito y aquellos años en los que hablar de la movilidad en Zaragoza y de Zaragoza con su entorno hubieran dejado de importar porque ya tenemos una línea de cercanías, la C-1 entre Miraflores-Casetas/ Casetas-Miraflores con sus estaciones intermedias, una línea de tranvía y una amplia red de carriles bici.

Vayamos por orden: la red o mini red de cercanías de la ciudad de Zaragoza sigue igual o peor, según si atendemos como irremediable la situación de algunas de sus infraestructuras, que en el año 2008 cuando se puso en marcha coincidiendo con la Expo; con respecto a la línea de tranvía, la única de la que dispone la ciudad de Zaragoza con casi 700.000 habitantes, ha cumplido desde su inauguración en abril de 2011, hace casi 12 años, con todas las expectativas, siendo actualmente el método de transporte público más usado en el área metropolitana, con una buena frecuencia y una masificación insoportable en momentos puntuales del día. Por último, con respecto a la red de carril bici que la ciudad fue implantando en ocasiones según las necesidades y en otras por simples prioridades políticas, tiene una doble lectura que nace de la misma forma en la que fue concebida y si bien en algunos de sus tramos cumple perfectamente con lo que de ella se espera, en otros simplemente está infrautilizada y en otros genera más problemas que beneficios.

Da la impresión como si en los últimos diez o doce años la movilidad en la ciudad de Zaragoza y de Zaragoza con su entorno estuviera resuelta y ningún otro gobierno municipal haya querido ni quiera enfrentarse siquiera al debate de la necesidad de una segunda línea de tranvía, sabiendo como desgastó en su día a la coalición PSOE y CHA, y menos todavía abrir el melón de una línea de cercanías que llegue más allá de Casetas o de Miraflores. Y por supuesto de la peatonalización completa del casco histórico ni hablamos, que eso genera muchas heridas y penaliza cuando llega el momento del voto.

Así las cosas, la ciudad se va organizando porque básicamente somos gentes educadas que sabemos convivir y si una estación de cercanías no tiene escaleras mecánicas pues ya estarán las otras y si hay goteras llevaremos paraguas y si en el carril bici conviven en mala convivencia patinetes, bicis y peatones pues oiga qué le vamos a hacer. ¿Acaso no era este el futuro de la movilidad?