Opinión | Sala de máquinas

Fontanería política

cuando un presidente anuncia un nuevo ejecutivo no suelen faltarle instantáneos calificativos: que si es un «gobierno del partido», «tecnócrata», «de transición...» Pero yo tengo la impresión de que el nuevo equipo de Pedro Sánchez es un gobierno de «fontaneros».

Utilizando el término «fontaneros», claro está, en argot político y sin el menor cariz despectivo. Y refiriéndolo a aquellos especialistas capaces de desatascar acuerdos y encontrar la forma de salir de los peores charcos. Militantes de probada fe que, sin ser líderes, acreditan una especial astucia en la negociación o en la intriga interna, trabajando a puerta cerrada hasta comprobar que la urgencia ha sido atendida y solventado el siniestro. Que sus ñapas funcionan y que ya se puede girar la factura.

Yolanda Díaz, por ejemplo, la vicepresidenta segunda, ha llevado a cabo excelentes trabajos de finísima fontanería redistribuyendo el caudal de las aguas de la izquierda y abriendo nuevas redes de abastecimiento a las comunidades vecinales de Izquierda Unida. Relegando, en cambio, a los okupas de Podemos al uso de fosas sépticas, ha garantizado a Moncloa un primoroso servicio de agua potable, depurada y cristalina que llevarse a la boca el presidente con placer.

«Fontanero» de primera se ha revelado Félix Bolaños, cuyo empalme con las tuberías catalanas en codo con doble vía, enfriando y calentando a voluntad, ha gustado tanto a Sánchez que lo ha nombrado jefe de su cuadrilla y ministro de un montón de cosas. A sus órdenes estará Óscar Puente, «fontanero» experto en caldear más las calderas de la derecha, como hizo en la atascada investidura de Feijóo.

Disfrazado de ministro de Cultura, Ernest Urtasun faenará en la grifería doméstica, asegurándose de que los pequeños partidos puedan seguir aseándose con la ducha electoral y, al recibir buen servicio, rechacen ofertas que puedan llegarles de la fontanería de Génova, abierta 24 horas.

Gracias al «fontanero» vasco, Patxi López, el conducto entre Madrid y Bilbao no se obturará y seguirá llevando beneficios y beneficiando a quien los lleva. Su llave inglesa irá regulando el gas de Ortúzar y la gasolina de Otegi para que vuelen sin que les explote el cohete.

En caso de avería, dar parte al seguro. En Moncloa hay oficina.