Opinión | Sala de máquinas

Azcón en Cataluña

El presidente de Aragón, Jorge Azcón, ha estado de bolos institucionales por Cataluña. A tenor de su programa y declaraciones, fue allí para estrechar lazos con los aragoneses de la diáspora y vender marca. Más secundariamente, para tender puentes con dirigentes catalanes, pero haciéndolo a distancia, sin rozarse ni chocar sus manos manchadas con la tinta de la amnistía.

Aunque el más elemental de los protocolos así lo aconsejaría, no se reunió con el independentista president Père Aragonés. Tampoco con el alcalde socialista de Barcelona, Jaume Collboni, aunque sí le llamó por teléfono para hablar de futuras obras de reforma del Centro Aragonés.

Tal como está el paño, para un destacado líder del PP, como lo es Azcón, tiene que resultar incómodo comer y cenar, intercambiar regalos y confraternizar con políticos de otros partidos que, en las antípodas del suyo, avanzan hacia la autodeterminación de una región española que creen es suya, siendo su clamoroso error de óptica el primero de sus pecados capitales y nada venial –por falsa, también–, la interesada y cacareada pretensión de Esquerra y Junts de hablar en nombre de Cataluña. Más cierto sería pensar, como imagino que da por supuesto Azcón, que no lo hacen en nombre de ese sesenta por ciento de catalanes que no les vota; que no han ganado las elecciones (aunque gobiernen); o que en los últimos comicios perdieron medio millón de votos.

Dicho esto, los múltiples compromisos e intereses confluyentes entre ambas comunidades, Cataluña y Aragón, aconsejan mantener una relación institucional más decorosa, aunque haya que tragarse algún sapo. La Cataluña mercantil y comercial está ciertamente interesada en Aragón, pues buena parte de su actividad se materializa en/con las tres provincias aragonesas, con las que tan próxima y estrechamente conectada está. Debe ser en ese quehacer diario, en el transporte, en el despacho, en la fábrica, donde aragoneses y catalanes puedan reactivar sus viejos lazos de camaradería, acuerdos y pactos al margen de las mentiras y chanchullos de unos cuantos fanáticos que pretender usurpar la representatividad de estos últimos.

Táctica compatible con estrechar la mano de Pére Aragonés y regalarle un ejemplar del Estatuto de Autonomía de Aragón, a ver si aprende algo.