Opinión | Sala de máquinas

Mariposas en el teatro

Decía Concha Velasco que el teatro le producía mariposas en el estómago, y no me extraña nada, porque desde hace algún tiempo me viene sucediendo algo parecido. Concretamente, desde que el año pasado, en octubre, estrenamos La mariposa de obsidiana, texto de una de mis novelas adaptado a la escena por esa extraordinaria directora que es Blanca Resano.

La obra propone a los espectadores un juego deductivo a partir de un enigma inicial. Como en la novela policíaca que fue en origen, La mariposa de obsidiana en su versión teatral arranca su trama con el descubrimiento de un crimen. La víctima es una mujer joven, vigilante nocturna de un museo donde se ha montado una exposición sobre los aztecas. El cadáver aparecerá ritualizado según el culto de la deidad Xipe Totec, como otro de aquellos sacrificios que los conquistadores españoles vieron cometerse en las pirámides de Tenochtitlán por los sacerdotes de Moctezuma, y que, lejos de reducirse a simples manifestaciones de crueldad, implicaban un significado trascendente en relación con la inmortalidad del alma.

La inspectora Martina de Santo (soberbiamente interpretada por Claudia Siba) se esforzará por desentrañar un misterio que tiene en vilo a forenses y policías. La solución no se desvelará hasta la última escena, cuando la inspectora reúna a todos los posibles sospechosos y, un poco a lo Poirot, vaya descartándolos hasta descubrir al autor del salvaje asesinato. El trabajo actoral, formidable, de Pilar Gascón, Rosa Lasierra, Chavi Bruna, Amor Pérez e Ibán Naval se ve realzado por la coreografía e iluminación de ese mago que es Paco Sevilla.

El espectáculo, que lleva de gira todo el año, ha sido ya visto por más de seis mil espectadores. Muchos me han felicitado, contribuyendo a aumentar el número de mariposas en mi estómago y mi emoción hacia el teatro. Con su buen gusto, han dejado en ridículo aquella burda y muy mal intencionada crítica de un solitario (nadie comparte su opinión) y frustrado crítico que tituló La mariposa no vuela. Pero esta mariposa de obsidiana, como se ve, vuela a teatro lleno. Y más alto que seguirá volando...