Opinión | TERCERA PÁGINA

Portugal, nada fue un error

El ‘obvio’ caso de corrupción de António Costa se desmorona en cuatro días

«There’s a law, there’s an arm, there’s a hand». Leonard Cohen. «Tengo una mala noticia. No fue de casualidad. (…) Nada fue un error. Los errores nos eligen, para bien o para mal. (…) Aprendí la diferencia entre el juego y el azar. (…) Y tengo una mala noticia. No fue de casualidad. (…) Nada de esto fue un error». Coti Sorokin.

El pasado 7 de noviembre una operación judicial contra la corrupción provocó la caída del Gobierno socialista portugués. La Fiscalía llevaba a cabo 40 registros policiales, incluida la residencia del primer ministro. Sin la menor dilación ni duda, António Costa dimite de forma inmediata después de que la Fiscalía haga público que será investigado por supuesta corrupción.

Pero lo que parecía tan obvio se desmorona en apenas cuatro días. El juez desinfla el caso, libera a los principales detenidos y declara dañada la investigación por varios errores. Lo único obvio son los hechos consumados. La dimisión tumba al gobierno socialista de mayoría absoluta y Portugal se encamina hacia unas elecciones anticipadas en marzo.

Lo que se califica con la palabra inglesa lawfare –la utilización de la judicatura y la policía con objetivos políticos inmediatos– parece aplicable a este caso de corrupción que se revela tan chapucero, pero cuyo verdadero objetivo está conseguido, conociendo a Antonio Costa: obligarle a dimitir.

¿Todo esto fue un error?

Nada de esto fue un error. La investigación de la Fiscalía hace aguas –confunde el nombre del primer ministro con el titular de Economía, António Costa Silva; el juez instructor considera desproporcionada la prisión preventiva; y ni hay pruebas para la acusación de corrupción, ni de prevaricación en la concesión de los proyectos energéticos del hidrógeno verde y la explotación de litio, sólo «indicios de tráfico de influencias»– por lo que todos los detenidos están libres.

Corrupción para una dimisión

Se ha conseguido la renuncia de un primer ministro en activo por primera vez en medio siglo de democracia en Portugal. Además de hacer añicos la histórica mayoría absoluta del gobierno socialista, elegido hace menos de dos años, y quebrar la estabilidad asociada desde 2015 a António Costa. Su ciclo político ha sido sinónimo, hasta ahora, de seguridad institucional y respeto internacional. Una trayectoria que lo situaba en todas las apuestas para ocupar puestos de relevancia en la Unión Europea.

Mediante la «precipitación» en la operación sin haber justificado la gravedad de los delitos investigados, la «imprudencia» al no evaluar la proporcionalidad entre los indicios y el impacto causado, poniendo en duda la presunción de inocencia, y su «conversión» en un espectáculo público con filtración a la prensa y la rápida salida a la luz de los detalles significativos de la investigación, se ha dado un golpe bajo.

La línea Trump golpea en Europa

Las elecciones europeas están a la vuelta de la esquina y serán decisivas para los socialistas europeos. Más próximo e inminente está el cierre de los acuerdos para la última entrega y condiciones de los Fondos Europeos en cada estado miembro. Junto con Sánchez en España, Portugal era parte del cada vez más reducido grupo de gobiernos europeos encabezados por socialistas.

Con el empujón –que no caída– del gobierno portugués, referencia clave por ser el único que gobernaba con mayoría absoluta, se potencia la extrema derecha trumpista en Europa.

Apelativos para degradar políticamente

A los dirigentes políticos de Holanda –conocida colonia estadounidense en el seno de la Unión Europea (UE)– les gusta jugar con los calificativos degradantes para atacar a los países ibéricos. Cuando António Costa y Pedro Sánchez consiguieron la excepción ibérica para el mercado eléctrico, los representantes políticos de Holanda –que se opuso con extrema dureza a la medida– los llamaron «Don Quijote y Sancho».

También durante las difíciles negociaciones para sacar adelante el fondo de recuperación español, y en los peores momentos de la pandemia, el ministro de Finanzas holandés (W. Hoekstra) atacó exigiendo la investigación de las cuentas públicas españolas con el venenoso argumento de que España no tenía suficiente margen presupuestario. Ante tal ataque, Costa tomó partido calificando sus declaraciones de «repugnantes, mezquinas y una amenaza para el proyecto comunitario».

Recientemente ambos líderes defendieron en el Consejo Europeo que la resolución final de la UE incluyese la petición a Israel de un «alto el fuego humanitario».

Avances en Portugal

Porque el avance para la mayoría social portuguesa ha sido innegable. En unas recientes declaraciones, Francisco Louçã (uno de los fundadores del Bloque de Izquierda, coordinador y diputado entre 2005 y 2012) ha valorado que el acuerdo «funcionó, interrumpió la política de austeridad. Permitió subir los salarios, crear empleo y evitar el chantaje social, que era la política de austeridad. Hubo avances importantes en áreas como educación, el aumento de los salarios mínimos y medidas para enfrentar la precariedad de los empleos para los jóvenes. Naturalmente, hubo tensiones en torno a cómo administrar el sistema financiero, por ejemplo. Pero, en conjunto, estos cuatro años representaron un cambio político importante en Portugal».

En estos cuatro años, el Gobierno portugués ha logrado reducir el paro –situado en el 6,7%, un mínimo histórico– y ha aprobado además otras medidas progresistas. También ha aprovechado los fondos generados por el boom del turismo y del sector inmobiliario para cuadrar las cuentas del Estado, cuyo déficit se ha reducido del 4,4% al 0,8%.

Sin cuestionar las líneas rojas

Aunque se han impulsado medidas para reducir las dificultades económicas de la mayoría de la población, se ha continuado con las inyecciones de dinero público a la banca, la toma de control del capital extranjero de importantes industrias, y evidentemente la participación de Portugal en las operaciones de la OTAN. Todas ellas fuera del debate político.