Opinión

Entre el camembert y la amnistía

El significado de las palabras se transforma en el lenguaje político

Quienes vivimos y sufrimos una dictadura, estoy seguro que nos sentimos ofendidos cuando oímos llamar sin ningún pudor, dictadura al tiempo que ahora vivimos. Tanto los que lo hacen como los que la añoran, llaman golpe de estado a la formación de un gobierno sacado de las elecciones escrupulosamente libres y de una clara mayoría parlamentaria , porque añoran el linaje de aquellos que estuvieron a punto de volvernos a la barbarie de la tiranía una tarde del 23 de febrero del año 1981.

El significado de las palabras se transforma en el lenguaje político. Cada uno las utiliza y las instrumentaliza a su conveniencia para llegar y alimentar más y más clics y retuits en las redes sociales. Imponer el lenguaje del miedo y la catástrofe es fundamental para alimentar las noches de ocio y violencia de la extrema derecha madrileña.

Fomentar las críticas exacerbadas que salen del estómago puede tener consecuencias graves, como las vividas recientemente en las sedes del PSOE, sobre todo en Madrid. Ver a Esperanza Aguirre saltando a la calzada para cortar el tráfico junto a cientos de banderas preconstitucionales, pancartas ofensivas y cánticos franquistas es desolador. El odio, las descalificaciones y agresiones a la prensa, los insultos a las fuerzas de orden público y hasta el rezo del rosario previo a las confrontaciones, carreras, incendios y destrozos, producen tal sensación de inseguridad y estupor a los ciudadanos que no me extraña que estén cada día más alejados de la política y los políticos.

Si el PP sigue apostando por los sectores que creen que la nación española se creó casi por derecho divino, abrazado al ultranacionalismo español, si no comprende que utilizar ese lenguaje brutal y tabernario le aísla de los sectores moderados que no soportan esa violencia verbal, vamos mal. No tanto por el futuro que le espera a la democracia, sino por el que nos espera a nosotros en esa democracia. Es posible que si la democracia está en crisis, sea porque lo está su futuro, lo cual explica por qué resulta tan atractivo el pasado.

Como decía Gramsci. «Soy pesimista con la inteligencia pero optimista por la voluntad». Y mientras tanto «La izquierda está preocupada fundamentalmente por la desaparición del futuro y la derecha por la desaparición del pasado».

La amnistía ha dado a las derechas una magnífica coartada para incitar contra la debacle de España. Con ello ocultan su frustración por no poder formar gobierno y da legitimidad a sus peones para las batallas en los diferentes ámbitos del Estado.

Es una pantalla, una excusa para hacer desde la oposición un ataque furibundo a la izquierda en general y al gobierno en particular. Con ello movilizan a sus bases y mantienen la tensión ante las próximas citas electorales.

Parece que su estrategia pasa por insultar, internacionalizar y judicializar todo. En principio están con la amnistía , pero quieren hacer del sistema judicial un ariete de confrontación. En la nueva dialéctica del PP es obligatorio colocar un insulto en todos los espacios donde debería ir un argumento. Los insultos no son como consecuencia de, sino la única argumentación. Claro que las hipérboles las carga el diablo y cuando tengan que frenar, lo sembrado puede arrastrarles.

Siguiendo la estrategia de los independentistas catalanes, quieren internacionalizar el debate sobre la amnistía, y para ello forzaron un pleno en el Parlamento Europeo el pasado día 22 de noviembre, con el fin de que la UE tome cartas en el asunto. El fiasco fue que asistieron 70 parlamentarios de 705 de los cuales 38 eran españoles. El tema les importó al 4’5% de los representantes europeos, no hispanos, de la cámara. Nada que ver con la asistencia, horas antes, de la totalidad de los miembros votando una descafeinada reducción de los embalajes, para gloria del queso camembert, que seguirá utilizando la tradicional barquilla de madera. Está visto que a sus señorías les motiva más salvar el camembert que la futura ley de amnistía de España.

En la misma línea, las declaraciones y actuaciones del Consejo General del Poder Judicial, y asociaciones conservadoras de jueces y fiscales sobre una Ley que no se había registrado en el Congreso, con manifestaciones ante sedes de algunas audiencias o tribunales, prohibidas por la LOPJ, será materia de innumerables recusaciones de los afectados por esa futura Ley, por considerar que los jueces o fiscales que les afecten están contaminados.

Y es que en esta desmesura, se ha puesto en juego la credibilidad del poder judicial, en un momento clave para nuestro sistema democrático, cuando más imparcialidad y objetividad necesitamos de la justicia, cuando más confianza al ciudadano se le debe dar.

«Cuando los partidos rivales se convierten en enemigos, la competencia política deriva en una guerra y nuestras instituciones se transforman en armas. El resultado es un sistema que se halla siempre al borde del precipicio». Steven Levitsky y Daniel Ziblatt (Cómo mueren las democracias).