Opinión

La calculadora que nunca falla

La viabilidad de la nueva Romareda se sustenta en cifras mareantes de ingresos que recuerdan a la magnitud y las urgencias de la Expo

Hay que reconocer que las cifras de la nueva Romareda encandilan. Si a cualquier zaragocista le cuentan que el estadio de su equipo del alma será capaz de generar 7.200 millones de euros en ingresos durante los próximos 75 años, respondería que dónde hay que firmar. Total, solo con que cambien esos incómodos asientos que sufren cada jornada ya es un avance enorme... Y si a cualquier zaragozano le aseguran que el club va a empezar a pagar por utilizar ese espacio municipal, pues también lo diría. Total, los que estuvieron antes nunca pagaron un céntimo... Lo cierto es que ya hay fórmula mágica para costear el nuevo templo y pocas posibilidades de decirle que no. Salvo que algún escéptico no se crea las cifras que aparecen en los informes y vea el enésimo intento por dibujar un escenario demasiado idílico que luego choca con la realidad. Pero ser crítico con cualquier cosa que tenga que ver con el Real Zaragoza ya se sabe que es un deporte de riesgo, automáticamente pasar a ser tachado de antizaragocista, agorero y demás calificativos, no es plato de buen gusto.

No sé si soy escéptico, crítico o agorero –les aseguro que antizaragocista no soy–, pero releyendo el extenso informe de más de 400 páginas que sustenta la viabilidad del negocio previsto y de la urgente sociedad mixta que debe darle forma, les reconozco que me ha venido a la cabeza la Expo y sus maravillosos números y urgencias para 2008, igual de mareantes que ahora. ¿Alguien se acuerda de cuántos usuarios iban a pasar por el canal de aguas bravas del Parque del Agua? Yo se lo recuerdo: la empresa Murillo Rafting cuando se lo quedó para explotarlo hablaba de 100.000 al año. De hecho, iba a albergar competiciones internacionales porque sus dimensiones olímpicas lo permitían y habían colaborado en su diseño expertos que ya habían trabajado en espacios similares de los Juegos Olímpicos de Barcelona, Sidney o Atenas. Casi nada. Pues ahí está, inversión millonaria y sin uso.

¿Alguien se acuerda de cuánta gente iba a subir en la telecabina de la Expo que unía La Almozara con el recinto de Ranillas? Incluso me atrevería a preguntar si alguien se acuerda de que existió... Miles y miles de potenciales viajeros que surcarían el cielo zaragozano sobre el Ebro igual que un esquiador sube a la cima de una estación del Pirineo. Incluso recuerdo que alguien entonces decía que era «un viaje de la nada a ninguna parte». Pues bien, era necesario hacerlo y se hizo. Era superviable y rápidamente se recuperaría la inversión a base de ingresar billetes como si no hubiera un mañana. Suerte que salió del paisaje porque estuvo mucho tiempo parado tras la Expo y costaba más desmontarlo que dejarlo ahí quieto.

Si no es que crea o deje de creer. Y vaya por delante mi reconocimiento al club por su gestión de las finanzas. Está dejando el cajetín de las deudas impoluto y eso, para lo que ha sido el pasado reciente de la entidad, es como para celebrarlo ya. Con y sin estadio. A lo que me refiero es a que dentro de ese informe de viabilidad también se habla de créditos, concretamente de pedir 60 millones a los bancos, para devolverlos en 25 años y asumiendo que habrá que desembolsar por ello 50 millones solo en intereses. Como ciudadano, agradecería que alguien me explicara eso también. O que ya de inicio habrá un sobrecoste posible del 10% antes de licitar las obras. Si es que se van a licitar... que esa es otra cuestión. Y que siendo así, contando con esa ingente cantidad de dinero que va a generar el estadio y sus zonas comerciales, esos 7.195 millones de euros, me viene a la cabeza el enorme riesgo que suponía financiar una operación de esta envergadura cuando se decía que lo pagaría solo el club. Si es que cualquier banco se forraría, ¿no?

Pues bien, ¿que la nueva Romareda va a albergar diez conciertos al año, casi uno al mes? Vaaale. ¿Que va a atraer a Zaragoza la Kings League, los e-sports y demás eventos nacionales, internacionales o interestelares? Vaaale. Lamentablemente dentro de 75 años no estaré por aquí para constatarlo. Tampoco pasará nada aunque no se cumplan esas cifras. Me conformo con pisar algún día ese estadio que, no hay que olvidar, Zaragoza sí merece desde hace tiempo.