Opinión | DELANTE DE TUS NARICES

Lecciones de Jorge Semprún

«El problema fundamental de mi vida es que pasara todo los años de mi adolescencia y juventud intentando ser comunista» le dijo a Félix Romeo Jorge Semprún, de cuyo nacimiento se cumplen hoy cien años. «Otra parte de mi vida, que ya he terminado, me he esforzado en dejar de ser comunista. Dejar de ser comunista no significa desentenderse de la vida real, significa transformarse totalmente en una cosa diferente: en un hombre libre». Exiliado, miembro de la Resistencia, deportado en Buchenwald, dirigente clandestino del PCE en la España franquista y luego expulsado –«a las tinieblas exteriores» desde el partido junto al zaragozano Fernando Claudín– novelista, cineasta y ministro de cultura de Felipe González, Semprún fue un hombre de acción y un intelectual. Su escritura vuelve sobre los mismos lugares y episodios, con un mecanismo narrativo en espiral y una conexión profunda con la cultura, que ha estudiado Elios Mendieta en Memoria y guerra civil en la obra de Jorge Semprún (Guillermo Escolar, 2023). Escribió en español y en francés: su literatura y su vida están pobladas de dobles. Siempre reivindicó el heroísmo individual y el espíritu fraterno de sus camaradas comunistas, aunque condenara el partido y su dogmatismo. Su crítica al estalinismo nacía de la autocrítica y en parte tenía que ver con la fraternidad: con las falsas acusaciones a Josef Frank, interno como él en Buchenwald, con el fusilamiento de Julián Grimau («víctima del subjetivismo del PCE») y con la depuración de Trilla. Su expulsión se produjo porque el partido no entendía la España del momento: «Escuchar el discurso de la realidad nos condujo fuera del partido» escribe. También abandonó el comunismo por la conciencia de que la revolución mundial era «un mito histórico» y por sus crímenes, que trata en Aquel domingo. Los campos de concentración nazis y el gulag le parecían «moral, histórica y técnicamente comparables». «La lucha final será entre comunistas y excomunistas», dijo Ignazio Silone, y cuenta Jon Juaristi que estuvo a punto de producirse en el Congreso de Intelectuales de Valencia de 1987, donde el escritor castrista Miguel Barnet llamó fascista a Semprún y este le dijo que se acercara a decírselo cara a cara. Así estalló una pelea, donde Juaristi tuvo que contener al viejo Octavio Paz, que había despertado de su sopor y quería lanzarse al patio de butacas bastón en ristre. La tangana concluyó cuando Vázquez Montalbán leyó un comunicado que informaba del atentado de Hipercor. Semprún le decía a Félix Romeo que era un europeísta voluntarista. Romeo decía que una de las tragedias de nuestra cultura era que Jorge Semprún no fuera considerado un escritor español.