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Carmen Lumbierres

De vez en cuando, mientras

Entre noticias de armonizaciones fiscales, bajadas de tramos de IRPF, asesinatos que algunos visten de tragedia como si fueran accidentes de coche y rupturas sentimentales de personajes famosos que por fuera se parecen poco al desgarro que sufrimos los mortales, aunque estemos hechos de las mismas vísceras, el murmullo de alrededor sigue repitiéndose. Las mismas anécdotas escolares de comienzo de cada curso que monopolizan la conversación en casa, las mismas dudas y temores sobre el puesto de trabajo que se resetean en cuanto acaba el verano, las mismas enfermedades inesperadas porque siempre crees que, aunque la prevalencia sea muy alta, cerca de ti no va a suceder hasta que lo hace y resulta igual de sorprendente.

El universo cotidiano parece indeformable, así pasen pandemias o guerras no muy lejanas, las mismas conversaciones de la clase trabajadora, porque la media se nos está quedando raquítica en este país de subastas fiscales, que cambian poco, aunque lo hagan de generación. La tristeza de antes que ahora diagnosticamos como lo que es, la misma incertidumbre, aunque ahora nos revistan la nostalgia en colores, aunque yo la recuerdo más bien en blanco y negro, la dureza del envejecimiento, aunque ahora por suerte cubierta por una mejor atención especializada, la misma espiral de trabajo y supermercado, y así una semana y otra.

Y entre todo esto que no es más que el resumen de una vida afortunada, real se cuela una conversación telefónica que está llena de risas sin sentido, un saludo especialmente amable en una tienda, una alegría compartida, un abrazo en el momento justo, un encuentro inesperado que te recuerdan el sentido de estar aquí. Más allá de los grandes propósitos, más allá de las vidas que cambian destinos colectivos no siempre para bien, la infantería seguimos empeñados en circular por este territorio disponible tan cercano a lo prosaico buscando los destellos que dan sentido a tanta normalidad.

Y no es que seamos inmunes a las condiciones materiales, si alguien cree en la importancia de transformación de la política para mejorar la vida de la gente se ponga a mi lado porque ese debe ser el objetivo por conseguir, pero mientras tanto nos suceden las cosas. Gestos pequeños, no decisiones, emociones compartidas que te hacen creer que sí se puede, no como eslogan político sino como empujón vital en un invierno que será muy duro, muy frío o restrictivo como no paran de recordarnos, pero será nuestro invierno.

Y cuando llegue el siguiente y el otro, seguiremos preocupados y conmovidos por las mismas cosas más allá de lo que se ocupen los titulares.

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