Opinión | EL TRIÁNGULO

Traicionar o ser traicionado, el quid de la cuestión

Traicionar o ser traicionado. ¿Esa es la cuestión? Vivimos en tiempos donde el egoísmo, la ambición y la codicia parecen regir el rumbo de la política. De hecho, parece el único camino para acceder al poder. Los contubernios y el reparto de cuotas son el modus operandi de los partidos mientras se defiende la meritocracia y el trabajo de cara a la galería. La hipocresía ha alcanzado un tamaño tan grande que engulle incluso a los que adquirieron relevancia ejerciendo la democracia desde un círculo.

El intercambio de carteras ministeriales entre el gobierno de coalición saliente y el entrante ha sido más polémico de lo esperable. Públicas y notorias las diferencias entre Sumar y Podemos, los relevos de las dos ministras moradas, Ione Belarra e Irene Montero, hicieron saltar por los aires cualquier esperanza de apaciguamiento de ánimos. El acto fue aprovechado por ambas para recriminar a Pedro Sánchez que las «echara del Gobierno» e insistir en lo injusta que ha sido esa decisión. Ni una palabra de por qué la formación que ellas lideran vetó a Nacho Álvarez para convertirse en ministro a propuesta de Yolanda Díaz defendiendo que únicamente Montero podía sentarse en el Consejo de Ministros en nombre de Podemos.

Resulta complicado decir qué es antes, el huevo o la gallina, la traición o el sentirse traicionado. No necesariamente tiene uno que ser traicionado para sentirse así. Quizá ese sea el quid de la cuestión. Montero se encontró sola cuando la Ley del solo sí es sí posibilitó que cientos de violadores salieran a la calle antes de lo previsto como consecuencia de la rebaja de sus condenas. Denunció amenazas y acoso mediático. Y todo fue verdad. Una ley bienintencionada acabó convirtiéndose en lo contrario y la presión sobre la titular de Igualdad rebasó todos los límites. De esa frustración y ese dolor personal hay que extraer la rabia y la queja que el martes salía de su boca.

Al igual que somos verdugos y víctimas de alguien a lo largo de nuestra vida, ejercemos de traidores y traicionados en un momento u otro. Puede ser algo consciente o no. Que pregunten a muchos votantes de Pedro Sánchez si se sienten traicionados por las negociaciones con los independentistas catalanes. A Núñez Feijóo cuando siente el aliento de Díaz Ayuso cada vez que marca la estrategia de oposición del Partido Popular, incluso él consigo mismo cuando se ve obligado a escalar verbalmente para aparentar un liderazgo sólido. A ERC cuando sus negociaciones quedan reducidas a la insignificancia por la pompa de Puigdemont. A Junts cuando vea que la aprobación de la ley de amnistía se retrasa más de lo que desearían.