Hace ya 13 años y medio desde aquel día de mayo en el que Miguel Pardeza decidió marcharse del Real Zaragoza. El exjugador, campeón de dos títulos de Copa del Rey y una Recopa de Europa con el equipo aragonés, presentaba su dimisión tras seis temporadas en la dirección deportiva de la entidad después de que el equipo descendiera a Segunda a pesar de contar con una de las mejores plantillas de su historia. Tras un tiempo parado, Valdano le reclamó para el Real Madrid, donde ejerció como ejecutivo hasta 2014, cuando pasó página para embarcarse en otro proyecto apasionante: la literatura. Autor de dos libros (Torneo y Angelópolis), al onubense, de 56 años, también le duele el Real Zaragoza.

-¿Cómo le va?

Bien, bien. Digamos que estoy en una segunda vida, más alejada del fútbol de lo que había sido hasta ahora. Lo que he perdido en emoción lo he ganado en tranquilidad. Siempre fui consciente de que el fútbol iba a acabar tarde o temprano y había que reinventarse de alguna manera. No creo que lo haya hecho absolutamente, pero tengo otras expectativas y otros horizontes en mi vida. Vivo conforme a mi nueva situación.

¿Echa de menos el fútbol?

No, la verdad es que no. Sigo la actualidad deportiva porque ha sido mi vida durante muchísimos años y mentiría si le dijese que vivo absolutamente alejado del fútbol, pero lo vivo más como un espectador y observador de lo que ocurre. Sin implicarme mucho emocionalmente. Poco más.

¿Se marchó aborrecido o escaldado?

Qué va. Ni aborrecido ni escaldado ni harto. Nada de eso. Me fui cuando creí que debía hacerlo. En el prólogo de los dos libros que he escrito digo que siempre le estaré muy agradecido al fútbol, que ha sido mi vida. Sería injusto poner algún reparo o reproche a lo que fue mi vocación de pequeño y lo que me ha situado en el panorama social español. Sería injusto. Estaré eternamente agradecido al fútbol porque me formó como hombre, me permitió vivir muy bien y conocer gente y lugares que jamás habría soñado con conocer un chico del sur, de La Palma del Condado.

¿Hay algún nombre del que no quiere acordarse?

No. Mantengo grandísimos recuerdos de todas las personas que he conocido tanto como jugador como ejerciendo de directivo. No soy una persona que cultive el rencor o el resentimiento, entre otras cosas, porque eso no conduce a nada. Coincidí con muchas personas que me ayudaron y que me hicieron la vida más fácil, tanto en el Zaragoza como en el Madrid.

¿El fútbol y la literatura son mundos menos distintos de lo que parece?

No tienen nada que ver. Desde el punto de vista profesional, el fútbol es un ejercicio colectivo donde participa mucha gente y forma parte de una organización en la que también está el directivo y un mundo mediático que dedica atención diaria, así como una afición intensa que ejerce como elemento fiscalizador de lo que estás haciendo. El de la literatura, sin embargo, es un mundo solitario, individual en el que nadie te exige que escribas o que publiques, sino que es una decisión que se lleva a cabo después de muchísimas horas de soledad. En el fútbol no estás solo, es más, requiere de la colaboración de muchos agentes. Más allá de eso, siempre se pueden buscar paralelismos. En ambos mundos, por ejemplo, uno intenta hacerlo siempre lo mejor que pueda.

¿Ambos ejercen de vía de escape y más en la actual situación que estamos viviendo como consecuencia de la pandemia?

El fútbol es algo más que una vía de escape, es un engranaje social de nuestro mundo. La literatura puede serlo, pero ambas cosas ayudan a vivir y son una lección permanente de vida. Yo he aprendido muchas cosas jugando al fútbol y también con los libros uno está en un constante aprendizaje. Los dos no dejan de sorprenderte día a día y ese es uno de los secretos para seguir adelante.

¿Ve fútbol?

«Volver es complicado, pero nunca me he cerrado puertas»

Veo lo mismo que puede ver un aficionado, y, en mi caso, que ha sido jugador. Sigo siendo aficionado al fútbol y sigo la Liga. Veo partidos de muchos equipos de Primera y, en Segunda, particularmente veo al Zaragoza. Pero, desde luego, no dejo de hacer cualquier otra cosa por ver un partido, tengo que decirlo. Mis prioridades, en estos momentos, son otras y, si tengo que dejar de ver un partido, tampoco me importa.

¿Le duele el Zaragoza?

Me duele, claro. Como a todo el mundo que participa del sentimiento zaragocista y que ha formado parte del club. Por supuesto que me duele, como a cualquiera que ame una ciudad en la que nacieron mis hijos. Son ya muchísimos años jugando en una categoría que le viene pequeña a lo que es la historia y la grandeza del Zaragoza. Me duele, evidentemente, y me gustaría verlo en Primera, que es su lugar natural y que no estuviera pasando las penurias que lleva padeciendo desde hace demasiado tiempo. Parecía que la pesadilla iba a ser corta, pero se ha ido alargando. Desde luego, no es este el lugar que le corresponde.

¿Por qué cree que ha caído tan bajo?

No lo sé, la verdad. Me gustaría saberlo. Tengo la impresión de que, cuando un club como el Zaragoza se pasa más de dos o tres años en Segunda, al final tiene que luchar con las mismas armas que cualquier equipo de Segunda y eso resta posibilidades de retorno, con el hándicap, además, de que juegas con las mismas armas económicamente pero tu exigencia es la de un histórico de Primera. Y, eso, el jugador que llega al club tiene que notarlo. Se encuentra ante el gran desafío de llegar sí o sí a Primera y eso juega en contra de muchos ellos.

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza cuando piensa en el Real Zaragoza?

Que fui muy afortunado. Porque mi vida profesional, en su inmensa mayoría, la pasé en el Real Zaragoza y en una época muy gloriosa para el club. Llegué muy jovencito y ya el primer año fue extraordinario, con la conquista de una Copa del Rey. En mi segunda etapa tras haber vuelto al Real Madrid, el crecimiento era constante y conquistamos otra Copa y la Recopa con un equipo que fue, a su nivel, uno de los grandes protagonistas del fútbol español. Fue una suerte inmensa y solamente puedo estar agradecido por haber caído en ese club durante aquellos años. 

¿Mira mucho atrás pensando en cómo fue su salida del club?

Llegué a la dirección deportiva en el 2002, tras el descenso. Había que volver a Primera y se hizo después de una gran segunda parte de temporada. Luego llegó la Copa ganada en 2004 pero todo se torció en 2008, cuando, de forma inexplicable y con una de las mejores plantillas en la historia del club, el equipo se fue a Segunda. Tomé la decisión de marcharme porque pensaba que el máximo responsable de la parcela deportiva tenía que asumir alguna responsabilidad. Me marché con las manos limpias y la conciencia tranquila, pero con mucha pena y mucho dolor. Decidí abandonar y dedicarme a otras cosas.

Nadie ha vuelto a dimitir desde que lo hizo usted.

No entro a valorar lo que nadie tiene que hacer. Yo hice lo que debía, por pura responsabilidad. Me hubiese gustado más irme por puro cansancio pero con el equipo en Primera. Y continuar vinculado al club y aportando lo que pudiera a que fuera cada vez más grande, pero las cosas no salieron bien y consideré que dimitir era lo que mi cargo exigía y lo hice con dolor y tristeza. 

¿Se arrepiente de algo o mantiene alguna espina clavada?

No. En el fútbol hay que pasar con alegría y quedarse con lo bueno, como en cualquier experiencia. En la vida hay buenos y malos momentos, alegrías y decepciones. Y yo me llevé muchas alegrías y algunas decepciones que no vienen al caso. Pero se aprende de lo que te ha tocado vivir y en el fútbol también. Todos estamos de paso. Y yo jamás pensé en quedarme 15 o 20 años, sabía que tenía fecha de caducidad. Al final fueron seis por unas circunstancias tristes para todos porque decidí dar paso a otras personas ya que no podía eludir mi responsabilidad en lo que había pasado. Aunque insisto en que fue un año de locos, demencial. Ese equipo jamás debió haberse ido a Segunda con la plantilla que había.

¿Ha podido volver en alguna ocasión?

No ha habido opciones. Estuve un año parado y luego me llamó Valdano para formar parte del nuevo proyecto de Florentino (Pérez) en el Real Madrid, donde estuve cinco años. Y luego ya no hubo opciones de volver ni llamada alguna, pero me quedo con el recuerdo.

¿Lo descarta?

He aprendido que no se puede descartar nada de cara al futuro. Nunca me he cerrado puertas porque creo que cerrarse caminos es una tontería.

¿Pero le costaría volver a cambiar de mundo y abandonar la literatura para regresar al fútbol?

Sería complicado, sí. Han pasado años y hay nuevas generaciones que, seguramente, estarán más cerca que yo de la realidad del fútbol. Nunca he mantenido vivas esas expectativas, pero ya le digo que jamás me he cerrado ninguna puerta en ningún sentido. Sigo mi vida y nunca se sabe lo que puede deparar el futuro.

¿Qué le cuentan del Zaragoza? 

Tengo contacto con gente que me cuenta cosas y yo también sigo la actualidad del club y su trayectoria. No me trasladan grandes confidencias ni dispongo de más información más allá del largo periodo que acumula en una categoría que no le corresponde.

El club es un caos por dentro y la tensión es enorme en un Consejo de Administración absolutamente fragmentado…

No puedo hablar mucho porque no lo conozco. No sé si hay tensiones más allá de lo que leo, pero, si ya es difícil tener que bregar en lo deportivo en una categoría tan complicada, con todos los problemas que hay y el gran agujero económico existente, si no hay unidad aún es más complicado todo. Las cosas difíciles se sacan adelante desde el compromiso y la unión. Para los grandes desafíos se requiere unidad en todas las esferas.

¿Cree que se impone la salida de la actual propiedad?

Es que, sinceramente, no sé cómo se está gestionando el club y apenas conozco algún nombre y poco más. Vivo a mucha distancia de Zaragoza y no sé lo que se está haciendo. Para opinar hay que estar mucho más cerca de la realidad del club y yo no lo estoy, así que sería muy imprudente decir lo que creo que se debería hacer. Pero insisto en que para sacar adelante grandes metas es necesaria una unidad de criterio y que todo el mundo reme en la misma dirección. Si hay recelos, discrepancias y desunión, es difícil salir.

El zaragocismo se encuentra sumido en un sempiterno estado de desesperación. ¿Qué le dice?

Primero, mi más absoluta solidaridad. Les pido que mantengan vivo ese sentimiento. Al fin y al cabo, las instituciones no son más que ese amor de la gente. Sin eso, los clubs deportivos no son nada. Ahora que son momentos de gran dificultad, y especialmente dolorosos por lo alargado en el tiempo, es cuando más apoyo, comprensión y paciencia hay que tener. Les digo que sigan creyendo en la historia y en el club y, aunque el presente diga otras cosas, que crean que en el futuro las cosas volverán a ser como antes.