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El Real Zaragoza lleva ocho años sin psicólogo. El diván vacío

El club aragonés prescindió de este servicio en 2014. «Sin ayuda, el fútbol orientado a la élite puede triturar personas», avisan Sorribas y Cabrero, exjugadores y psicólogos deportivos

Varios jugadores zaragocistas caminan antes de una sesión de entrenamiento. Jaime Galindo.

El psicólogo lleva tiempo instalado en el fútbol profesional y formativo. Desde hace años, numerosos clubs españoles y extranjeros han incorporado un profesional de la psicología a la estructura de la entidad para aportar una ayuda cada vez más demandada tanto por el futbolista de élite como por los padres de los niños que juegan en las categorías formativas.

El Real Zaragoza no escapó a esa tendencia que, a partir de la primera década de los 2000, comenzó a extenderse por las entidades deportivas. En 2006, el club aragonés, gracias a Javier Ruiz de Lazcano, aprovechaba un convenio con la Universidad de Zaragoza para incorporar a Luis Cantarero como psicólogo. Su estancia en la entidad deportiva se prolongaría durante ocho años, hasta 2014, cuando la Fundación 2032 decidió prescindir de su figura.

Nadie ha vuelto a ocupar su lugar. El Real Zaragoza no ha considerado adecuado o necesario potenciar el trabajo psicológico. Ni para los profesionales ni para los niños. Ahora, el que necesite al psicólogo debe buscarse uno por su cuenta. Muchos lo hacen.

Entre los profesionales de la psicología deportiva a los que recurren tanto profesionales como canteranos figuran reconocidos aragoneses como Patricia Ramírez, a la que Pepe Mel ha fichado para el Málaga, o Jesús Cabrero, el que fuera portero de la SD Huesca o el filial del Real Zaragoza. «La figura del psicólogo deportivo sigue en auge. El jugador cada vez le da más importancia a la atención psicológica y los clubs van dando pasos hacia ello», expone el oscense, que valora que numerosos equipos de Primera y Segunda ya cuentan con un psicólogo deportivo en su estructura. «Los clubs quieren hacer bien las cosas desde la cantera y dotar a los chicos y a los profesionales de herramientas para contribuir a su crecimiento en lo que a los chicos se refiere, así como al rendimiento de los jugadores de élite».

Jesús Cabrero: «Los clubs quieren hacer bien las cosas desde la cantera y dotar a los chicos y a los profesionales de herramientas para contribuir a su crecimiento en lo que a los chicos se refiere, así como al rendimiento de los jugadores de élite»

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No es el caso del Zaragoza, que parece haberse quedado rezagado, si bien el Huesca tampoco ha contado nunca con un profesional de este tipo en el primer equipo, aunque sí cuenta con una psicopedagoga recién incorporada este año que se ocupa de los niños de la residencia y pretende fichar otro más a corto plazo. «Es necesario que se dé ese paso en los clubs porque no todos los niños llegan y se generan muchas frustraciones», explica Cabrero, que diferencia entre el servicio psicológico en los colegios y el aspecto deportivo.

«Cuando yo jugaba, la ayuda psicológica al jugador era un campo aún por descubrir y una carencia al descubierto», indica Cabrero, psicólogo deportivo como su excompañero Joaquín Sorribas, responsable del departamento psicoeducativo de la Academia del Valencia. «Creo que el psicólogo deportivo es una figura indispensable. En la Academia, los chicos tienen de 5 a 17 años y están en una edad crítica de desarrollo y el fútbol es una de las tareas más importantes de su vida y donde tienen concentrados sus sueños. Por eso es importante darles las herramientas adecuadas», indica el que fuera centrocampista, entre otros, de Aragón, Huesca, Burgos, Real Unión, Toledo o Almería. «Las canteras tienen una responsabilidad en el desarrollo personal. El futbolista se puede distinguir de la persona, pero no separar», añade.

Para el altoaragonés, el trabajo es clave sobre niños que aún no tienen formada su personalidad o que carecen de autoestima y confianza. «Tiene que haber un departamento de psicología que trabaje junto al de metodologíay generar un clima emponderador», esgrime Sorribas, que recuerda que solo el 0,5% de los jóvenes llegará a la élite, que el 95% se enfrentan a signos y síntomas de frustración y fracaso y que casi el 40% de los futbolistas padecen síntomas de depresión y ansiedad. «Son los efectos de la presión y exigencia psicológica. O ponemos remedio y le damos ayuda a los futbolistas o el fútbol orientado a la élite se convierte en una trituradora de personas».

El agujero negro 

Bien lo sabe él, que tocó fondo en 2005 cuando, en un año, fue descartado por Almería y Ceuta. «Toqué fondo, pero José Carrascosa, entonces psicólogo en el Valencia, salvó mi vida deportiva. Me sacó del agujero y me llevó a una versión mejorada que pude llevar a Real Unión, Burgos y Huesca. Fue entonces cuando adquirí ese compromiso conmigo mismo para que los chavales no sufrieran lo mismo que yo y darles las herramientas para vivir el fútbol y no sufrirlo», expone el exjugador, que acudía a consulta una vez a la semana a Valencia desde su pueblo, Abella. «Por eso, cuando hablo con los chicos que lo están pasando mal lo hago desde el corazón. Yo lo he vivido de cerca y he sentido las cuchillas pegadas a mi cuello. Sé lo que significa».

Sorribas: "Yo toqué fondo. Por eso, cuando hablo con los chicos que lo están pasando mal lo hago desde el corazón. Yo lo he vivido de cerca y he sentido las cuchillas pegadas a mi cuello. Sé lo que significa"

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En este sentido, Sorribas advierte que «nos han soltado en un campo con 20.000 personas sin haber experimentado nada de gestión emocional ni trabajado la confianza o la autoestima y la motivación. Nos quedaba recurrir a la superstición, a santiguarnos o a entrar con la pierna derecha al campo. Nadie explicaba que esas sensaciones se pueden trabajar para controlar las emociones y el estado de ánimo. Tienen la llave del rendimiento».

«Se trabaja la motivación o la confianza, pero también la tolerancia a la frustración o al error», resalta Cabrero. 

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