El disparo en la cabeza que acabó con la vida de Joan Vila cuando dormía en el chalet de su finca oscense de Esplús, el 28 de junio de 1981, resonó en Aragón y en toda España hace exactamente 40 años. La brutalidad del hecho causó conmoción en un país curtido en los sangrientos atentados que jalonaron la Transición.

Para empezar, se trataba de un parricidio cometido por una de las hijas, Marisol, de solo 14 años. Además, esta menor había pulsado el gatillo instigada por su madre, que pronto sería conocida como la 'dulce Neus' por sus suaves modales, y con la connivencia de otros tres de los seis hijos de la familia. Todos ellos procedían de Montmeló, una ciudad industrial de la provincia de Barcelona, y pasaban temporadas en su propiedad agrícola de Huesca, adquirida unos años antes con los beneficios del sector inmobiliario.

Por otro lado, el caso tardaría en apagarse porque la inductora, de 37 años en la fecha de los hechos, protagonizaría una huida a Sudamérica aprovechando un permiso penitenciario recibido cuatro años después. Por si el asunto no fuera lo bastante rocambolesco, el hecho de que contratara para su defensa al famoso (y luego polémico) abogado Rodríguez Menéndez contribuyó a mantener vivo el interés. Y, para más morbo, las aventuras extramatrimoniales que se descubrieron a la protagonista siguieron echando leña al fuego mediático.

Neus era, a decir de muchos, una mujer con dos caras y doble vida. Esposa sumisa por un lado y mujer temperamental, con múltiples amantes, por otro; supeditada en apariencia al marido rico pero capaz de desarrollar actividades independientes en beneficio propio; con una imagen de simpatía a primera vista que ocultaba las maquinaciones secretas que condujeron al asesinato de Joan Vila tras manipular a sus hijos.

Neus Soldevila, tras su detención como coautora del crimen EFE

En el fondo, la 'dulce Neus' se ríe del calificativo que le endilgó un periodista y que hoy, con la concienciación social y política en torno a la violencia sexista, resulta totalmente anacrónico.

Había además otras circunstancias que ayudaban a que no decayera la mezcla de asombro y espanto con el que los españoles seguían el crimen. Llamaba sobre todo la atención la personalidad de la víctima, un empresario de la construcción de 47 años que había amasado una fortuna partiendo de la nada.  

Se le atribuía un comportamiento tiránico con su mujer y sus hijos, a los que obligó a trabajar duramente desde una edad muy temprana, como él había hecho en sus comienzos. Desprovisto de sentimiento paternal, según quienes le trataron, su mal humor permanente inspiraba un miedo real a los que vivían en su entorno. Fuera de casa, su carácter cambiaba. Tenía amigos y proyectaba una imagen ajustada de hombre trabajador hecho a sí mismo. Era delgado y fibroso, «puro nervio», dicen los que lo conocieron, y se movía nerviosamente por su extensa propiedad, dando órdenes a los trabajadores.

Pero en Esplús y Vencillón, los pueblos más próximos a su finca de 110 hectáreas de regadío, chocaba a todos por su forma siempre grosera de expresarse. Reaccionaba ante a cualquier contratiempo con una lluvia de improperios, palabrotas y juramentos que asustaban a quienes le rodeaban.

Eran conocidas sus tendencias políticas ultraderechistas (militaba en Fuerza Nueva), su pasión por la caza y su afición a las armas, de las que tenía unas cuantas en su finca de Esplús. Una de ellas, una pistola Star de 9 milímetros, sería la elegida por Neus Soldevila para que su hija Marisol acabara con la vida del padre.

La muchacha, que se había entrenado tirando contra unas pacas de paja, ejecutó las órdenes de su madre sin vacilar. El día señalado disparó a quemarropa a la nuca de su progenitor, que a la hora de la siesta había quedado profundamente dormido tras mantener relaciones sexuales con su esposa. Además le habían administrado un valium sin que se diera cuenta para garantizarse su absoluta indefensión. Su agonía duraría varias horas, tiempo que empleó su familia en montar en un coche y huir en dirección a Barcelona. Por el camino se deshicieron del arma arrojándola a un campo desde la autopista.

Eso fue lo que ocurrió, y lo que se determinó en el juicio celebrado en la Audiencia de Huesca. Pero la versión que Neus dio a los investigadores fue la de que unos encapuchados, terroristas del Grapo, se presentaron de repente en la casa de campo, agarraron a su marido y lo subieron al dormitorio de la primera planta.

Neus Soldevila fue extraditada después de huir a Ecuador EFE

La coartada estaba llena de lagunas e incongruencias y fue solo cuestión de tiempo descubrir la verdad del complot familiar contra el padre explotador e inhumano que les hacía la vida imposible.

A ello se añadió que la criada acabó confesando lo que sabía, con lo que la versión de la 'dulce Neus' se vino abajo y pronto fueron detenidos ella y sus hijos. En sus declaraciones salió a relucir que la madre les calentaba la cabeza para que cogieran un arma y mataran al padre. Pero solo Marisol se decidió al final a hacerlo. Ella fue la que pronunció una frase que sonó como la solución definitiva: «Por cojones lo tengo que hacer yo».

Un año después de los hechos, Neus Soldevila fue condenada a 28 años de cárcel como coautora de un delito de parricidio (con alevosía y premeditación), mientras que a su hija María Nieves (de 18 años) le correspondieron 12 por su complicidad en el crimen y a los gemelos Juan y Luis (de 17 años) 10 a cada uno. Marisol, mientras tanto, pasó a depender del Tribunal Tutelar de Menores y unos familiares se hicieron cargo de ella. A la criada le cayeron seis meses de arresto y una multa.

La historia aún tendría más episodios. Cuatro años más tarde, ya en 1986, Neus pudo empezar a salir de la prisión de Barcelona donde cumplía condena, lo que aprovechó para hacerse con un pasaporte falso y huir a Sudamérica. Aterrizó en Ecuador tras un tiempo en Colombia y allí se dedicó al tráfico de piedras preciosas hasta que el país andino la extraditó a España.

En 1997 recuperó la libertad provisional, se casó y empezó una nueva vida en la que trató de recomponer la unidad familiar. Emprendió varios negocios con diversa fortuna y en 2012 terminó de cumplir condena. Algunos sitúan ahora a la dulce Neus en Montmeló, con 78 años y en paz con la justicia. Pero solo ella sabe si también lo está con su conciencia.