ZARAGOZEANDO

La Caridad, 125 años de compromiso con los zaragozanos

La entidad benéfica está de aniversario: Cantín y Gamboa firmó el acta de fundación de la organización el 14 de julio de 1898 al poco tiempo de ser investido como alcalde. Sus proyectos actualmente se centran en ayudar a la infancia, a los mayores y a las personas sin hogar

El edificio, de más de 100 años, en el que se encuentra La Caridad está en el número 4 de la calle Moret.

El edificio, de más de 100 años, en el que se encuentra La Caridad está en el número 4 de la calle Moret. / ANGEL DE CASTRO

Iván Trigo

Iván Trigo

La Fundación La Caridad es una de las organizaciones con más solera de Zaragoza. Dedicada a ayudar a diversos colectivos hoy en día, en su razón de ser está la dedicación a las personas vulnerables de la capital aragonesa. Con esa motivación nació hace 125 años y así sigue siendo. «El objetivo de nuestra entidad ha sido siempre atender las necesidades de los zaragozanos. La ciudad ha ido cambiando y las necesidades también, por lo que nos hemos ido adaptando», explica el actual director de La Caridad, Daniel Gimeno.

En la actualidad, tres son los colectivos en los que La Caridad centra sus esfuerzos: la infancia, los mayores y las personas sin hogar con enfermedad mental severa. En total, son unas 2.000 personas las que atienden cada día en los recursos que existen bajo el paraguas de la fundación, que son el colegio Cantín y Gamboa, el centro de educación infantil Cantinela, el centro de día Los Sitios para la tercera edad, el servicio de reparto de comidas a domicilio Sercoped y el centro de día El Encuentro para personas sin hogar con trastornos mentales severos. En la entidad trabajan más de 100 empleados y colaboran además 40 voluntarios.

Pero para entender lo que es en el presente La Caridad hay que remontarse al pasado, concretamente al 14 de julio de 1898, cuando el alcalde de Zaragoza por aquel entonces, don Francisco Cantín y Gamboa firmó el acta para fundar la organización, tan solo un mes y pocos días después de llegar a la Alcaldía.

El director de La Caridad, Daniel Gimeno, posa frente a un cuadro del fundador de la organización, Cantín y Gamboa.

El director de La Caridad, Daniel Gimeno, posa frente a un cuadro del fundador de la organización, Cantín y Gamboa. / ANGEL DE CASTRO

Así pues, la organización se creó a instancias del ayuntamiento, que se alió con «las fuerzas vivas de la ciudad» para ponerla en marcha. Participaron, además del consistorio y el propio regidor, el gobernador militar; un magistrado de la audiencia; un representante del cabildo; el rector de la universidad y varios catedráticos; el representante de la asociación de San Vicente de Paúl; representantes de los Colegios de Abogados, Procuradores y Medicina; representantes del Banco de España; y los presidentes de la Cámara de Comercio, el de la Cámara Agrícola, el de Cruz Roja, el de la Casa Ganaderos, el de la Junta Provincial de Beneficiencia, el de la Junta de monumentos, el del patronato de Santo Dominguito; el hermano mayor del Refugio; y el representante de la Junta del Canal. Ninguna institución importante se quedó fuera.

Pero, ¿por qué urgía en la ciudad la creación de una organización como La Caridad? ¿Cómo se consiguieron tantos apoyos en torno al proyecto? A finales del siglo XIX, España y Aragón habían comenzado su tardía industrialización, lo que provocó un éxodo de las zonas rurales a las ciudades, entre ellas la capital aragonesa. Hasta Zaragoza llegaron entonces cientos de personas sin apenas formación y sin recursos en busca de trabajo. Pero las urbes no estaban preparadas para este fenómeno migratorio, lo que aumentó los índices de mendicidad en las calles. La pobreza se disparó.

La historia

Para tratar de «paliar el hambre de la ciudad» y «erradicar definitivamente la mendicidad» en Zaragoza, Cantín y Gamboa creó la asociación benéfica La Caridad, cuya primera sede estuvo en el Coso Bajo, en lo que había sido el almacén de grano de la ciudad. Las primeras tareas fueron el reparto de comida, no solo en el comedor propio sino también llevándola a colegios y otros centros.

Sin embargo, pronto comenzaron a multiplicarse los servicios que ofrecía La Caridad y cuando, además de adultos venidos de los pueblos, las calles comenzaron a poblarse de menores, hijos de los primeros, desde la dirección de la asociación benéfica vieron necesario ofrecer a todos esos niños una educación para ayudarles a salir de la pobreza.

Imagen histórica de las monjas repartiendo comida en La Caridad.

Imagen histórica de las monjas repartiendo comida en La Caridad. / LA CARIDAD

En 1910, La Caridad se mudó al edificio en el que hoy en día sigue. «Y a lo largo de todo el siglo XX la organización fue evolucionando conforme a las necesidades de la gente», cuenta Daniel Gimeno. En los años 80 fue cuando La Caridad comenzó a trabajar también con personas mayores y en el año 2000 se convirtió en fundación, tomando la forma que mantiene hoy en día. Está constituida en forma de patronato que está presidido por el alcalde de la ciudad.

Como para todas las instituciones, la llegada de la pandemia supuso un antes y un después en la larga vida de esta fundación. «Triplicamos el servicio de comidas a domicilio porque cerraron los centros de mayores y muchas personas tenían dificultades para cocinar o para salir a hacer la compra», recuerda Gimeno.

La pandemia

Y una vez terminaron las restricciones severas, lo que quedó tras de sí son problemas como «la soledad, la pérdida de capacidades entre los mayores que estuvieron mucho en casa» y, sobre todo, las afecciones a la salud mental de la población. «Y ahora, tras sucesivas crisis, la pobreza también se ha incrementado. Han aumentado los índices de vulnerabilidad», explica Gimeno.

Una de las cosas «mágicas» de La Caridad, señala su director, es que desarrollan casi todas sus actividades en un mismo edificio. «Eso nos permite que haya convivencia intergeneracional. Hacemos muchos proyectos que nos permiten que los diferentes colectivos que atendemos interactúen entre sí», afirma Gimeno.

La sede de La Caridad está en el número 4 de la calle Moret, junto a la plaza de Los Sitios, desde 1910. Tras la finalización de la Exposición Hispano-Francesa de 1908, uno de los tres edificios que se levantaron con motivo de esta muestra fue para la fundación tras las gestiones realizadas por, entre otros Basilio Paraíso. Las otras dos construcciones son la antigua escuela de Artes y Oficios, hoy vacía, y el Museo Provincial de Zaragoza. 

Así, en la primera planta se encuentra el centro de día El Encuentro, en el que atienden a personas sin hogar con trastorno mental severo. Allí comen, reciben sus medicinas y conviven. Son gente sin recursos y, en la mayoría de los casos, sin ningún tipo de vinculación con sus familias. Muchos duermen en el albergue municipal y otros en pisos tutelados por la propia fundación.

Asamblea de alumnos, profesores y familias en el colegio Cantín y Gamboa de La Caridad.

Asamblea de alumnos, profesores y familias en el colegio Cantín y Gamboa de La Caridad. / ANGEL DE CASTRO

En el segundo piso del edificio está el colegio Cantín y Gamboa, en el que estudian unos 300 alumnos. Hay una única vía y pueden estudiar hasta 4º de la ESO. Muchos de los estudiantes provienen de familias vulnerables a las que se intenta integrar en los procesos educativos del centro. Para ello, se hacen reuniones en las que los propios niños y familias proponen y participan de las decisiones que se toman en el día a día.

En el tercer piso está la zona reservada para los mayores. En el centro de día se realizan todo tipo de actividades para fomentar un estilo de vida activo entre los usuarios y mejorar así su autonomía.

Los usuarios del centro de día para mayores Los Sitios, ejercitándose.

Los usuarios del centro de día para mayores Los Sitios, ejercitándose. / ANGEL DE CASTRO

Además, en la cuarta planta hay un taller en el que los usuarios del centro de día El Encuentro realizan formaciones prelaborales en el que hacen cerámicas y restauran muebles, entre otros trabajos. El único proyecto de La Caridad que está fuera del edificio es el servicio de reparto de comida a domicilio.

No obstante, habitar un lugar con más de 100 años de historia también tiene sus inconvenientes. «Desde el año 2012 estamos continuamente en obras. En un edificio así, cuando no hay que arreglar una cosa hay que arreglar otra. Y la financiación no nos da para actuar en todos los sitios a la vez», lamenta Daniel Gimeno.

La labor de la Fundación La Caridad ha sido reconocida en multitud de ocasiones. Entre los varios galardones que le han sido entregados está también el premio Aragoneses del Año de 2019, que anualmente entrega EL PERIÓDICO DE ARAGÓN.

Así, con sus 125 años de historia, La Caridad es una de las entidades que perviven en Zaragoza y que nacieron en el siglo XIX, como El Refugio, la Casa de Amparo. Solo la casa de la Misericordia ha desaparecido. Juntas, estas organizaciones han ayudado a combatir la pobreza e incentivar la inserción de las familias vulnerables. Por muchos años más.