Los 80 militares del Ejército del Aire que partieron desde la Base Aérea de Zaragoza hacia el aeropuerto de Kabul para participar en la misión de evacuación ya han regresado a España, su casa. Los últimos que quedaban por llegar, 53 en total, el grueso del contingente, aterrizaron ayer a última hora de la tarde en dos aviones A400 ante el aplauso de sus familiares, de sus compañeros y de la ministra de Defensa, Margarita Robles

En un emotivo acto de recepción, los 36 tripulantes y personal de mantenimiento del Ala 31 y los 17 del Escuadrón de Apoyo al Despliegue Aéreo (EADA) llegaron directamente desde Dubái, con el orgullo de la misión cumplida bajo el brazo y el cariño de sus familiares aguardándoles tras la pista de aterrizaje. 

«Ahí están, ahí están». «Ese es papá, ya llega, ¡ya llega!». Los niños que correteaban por el hangar de la base se detuvieron cuando los enormes aviones comenzaron a rugir desde el atardecer zaragozano. Y cuando bajaron de los aviones para acercarse por fin a sus familias, los pequeños ya no aguantaron más. Se abalanzaron a los brazos de sus padres. Las parejas se volvieron a reunir. Después de once días frenéticos en los alrededores del aeropuerto de Kabul, la misión había terminado.

Antes, nada más aterrizar los aviones, la ministra de Defensa agradeció a los soldados «la heroica labor» desarrollada en la evacuación de ciudadanos afganos, en la que «pusieron en riesgo sus vidas» para que accediera a los aviones el mayor número de personas posible. Así lo explicó en una rueda de prensa tras la llegada de los aviones cómo se había expresado ante los soldados. Además, calificó como «muy complicada» la misión, en la que, dijo Robles, demostraron «su profesionalidad y humanidad».

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Margarita Robles recibe a los militares de Afganistán en una escena cargada de emoción y abrazos familiares. Jaime Galindo

La ministra llegó a la base zaragozana una hora antes que los soldados desde Madrid, en un avión fletado por el Ejército del Aire. Lo hizo acompañada por el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (Jemad), Teodoro López Calderón, y del Jefe del Estado Mayor del Aire (Jema), Javier Salto Martínez. Allí saludó a algunos miembros de la EADA que habían aterrizado la noche del viernes, habló con los familiares de los destinados a la misión y charló sobre algunas cuestiones de aeronáutica con los oficiales presentes en el hangar habilitado para la recepción.

«Vuelven con la satisfacción de la misión cumplida, pero lo hacen con tristeza porque mucha gente se ha quedado fuera y no ha podido entrar», aseveró la ministra, quien dejó claro «el orgullo de toda la sociedad española» hacia el Ejército, subrayando que el Aire «una vez más ha estado a la altura de las circunstancias» llevando a cabo «misiones muy difíciles».

Por otro lado, también el Jemad subrayó el alto riesgo del operativo desplegado en Afganistán para enorgullecerse con la labor de sus subalternos: «Los militares han asumido los riesgos y han sido capaces de cumplir toda la operación, con una gran capacidad de adaptación y flexibilidad, dado que en Kabul cambiaban las condiciones del entorno de una hora a otra». Además, el jefe del Estado Mayor de la Defensa expresó su «auténtica gratitud por el esfuerzo, la entrega, el espíritu de servicio y vocación que han tenido todos los que han estado ahí, tanto los pilotos como el Ala 31 y el Ejército de Tierra». López Calderón finalizó su intervención a los medios subrayando que todo ha salido bien «gracias a la entrega absoluta» por parte de los soldados.

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Las dos aeronaves que aterrizaron ayer en la Base Aérea de Zaragoza, dos modelos A400 del Ejército del Aire, equivalentes al Hércules pero con mayor capacidad, realizaron 17 viajes de ida y vuelta entre Dubái y Kabul para evacuar refugiados afganos desde el aeropuerto. En total, son más de 210 horas de vuelo en las espaldas de los pilotos y soldados del Ejército del Aire. Además, diez aviones de Air Europa contribuyeron a los viajes entre el país de Oriente Medio y la Base de Torrejón de Ardoz.