La pandemia ha provocado que el número de personas en riesgo aumente. Cada vez son más los individuos que viven de forma precaria. Además, resulta también preocupa el creciente número de personas que viven al limite con un gran riesgo de caer por debajo del umbral de la pobreza. En esta última situación están los asistentes al IV Congreso Estatal de Participación celebrado en Zaragoza

Marifé Torres trabaja haciendo labores de mantenimiento y limpieza en una granja escuela cerca de Zaragoza gracias un proyecto de inserción laborar que llevan a cabo el ayuntamiento y la Fundación Federico Ozanam. G.G.B., quien prefiere no dar su nombre, lleva tres años en España y trabaja a media jornada organizando proyectos de cooperación. Ninguna de las dos consigue llegar a fin de mes. 

Aunque Marifé afirma que tiene «problemas serios a la hora de llegar a fin de mes», reconoce que ha estado en situaciones peores. «He estado viviendo en la calle, he sido usuaria del Albergue municipal y del Banco de Alimentos». En su caso participa de estos proyectos para dar voz al resto de personas que siguen en situaciones precarias, en muchas ocasiones todavía en la calle. «Es importante que se nos escuche y poder aportarle al colectivo dignidad», comenta la mujer.

En el caso de G.G.B., ella misma reconoce que no son situaciones fáciles «Somos nosotros mismo los que en ocasiones nos sentimos avergonzados de estar en esta situación, a nadie le gusta ser pobre». Como inmigrante la situación es todavía más complicada. «Cuando llegue no tenía nada. Los títulos, lo que había estudiado en mi país ya no me servía», comenta la mujer.

La situación continua agravándose a la hora de buscar empleo o conseguir un sitio donde vivir, «no te dan trabajo porque para ellos no tienes estudios, no puedes acceder a un alquiler porque no tienes una nómina y un contrato de un año», añade.

Ella misma es la que decide asistir a este tipo de iniciativas como forma de dignificar a las personas en riesgo de exclusión social.

Problemas como la subida del precio de los suministros o la brecha digital son todavía más graves en este tipo de casos. «No sé cuantas horas voy a poder tener la calefacción encendida este diciembre porque no se si voy a poder pagarlo», añade G.G.B «Si todo el mundo esta preocupado por sus facturas imagínate nosotros que apenas llegamos», comenta Marifé, quien asegura que casi un 80% de su sueldo lo invierte en pagar alquiler, suministros y demás necesidades vitales.

En el caso de la brecha digital ambas denuncian que cuestiones como la digitalización de los tramites burocráticos hacen que tener y pagar la conexión a internet se convierta en una necesidad más para el colectivo