Mientras la comunidad ucraniana en Aragón no deja de crecer con las numerosas llegadas de familias que, o bien por sus propios medios, o bien rescatadas por los numerosos convoyes humanitarios que en los últimos días han traído a refugiados que se encontraban en diversos campos de refugiados en Polonia, existe una parte de la comunidad que se siente desplazada y abandonada.

En Zaragoza, gran parte de la comunidad ortodoxa, formada mayoritariamente por ucranianos se reúne en la parroquia de San Alejandro de Nevski. Allí, el párroco Emilio Lobera, aunque natural de la localidad zaragozana de Fuendetodos, ejerce de pope de la comunidad que incluye también a rusos, moldavos, serbios y otros inmigrantes de diversos países del Este. El párroco asegura que la situación en la comunidad estos días está «muy revuelta» ante la invasión rusa.

Según el pope, la comunidad ortodoxa sobre la que ejerce como líder espiritual es prácticamente ucraniana en su totalidad y los rusos son «una minoría absoluta». «Que vengan todas las semanas a la liturgia habrá unas 40 o 50 personas que son las más fijas en la parroquia pero cuando celebramos los actos más importantes del año como la Navidad o la Pascua hemos llegado a juntarnos hasta 200 personas de distintas nacionalidades», explica Lobera.

Comunidad 8 Aunque la mayoría son ucranianos también hay rusos, serbios y moldavos. | JAIME GALINDO

Durante las ultimas semanas la comunidad ha ido conociendo los detalles de la invasión rusa a Ucrania y con ellos la cobertura que se esta dando a la crisis migratorias derivada del conflicto, una cuestión que, aunque comprenden, les sorprende. «Claro que condenamos la invasión de Rusia al territorio ucraniano porque es un acto criminal terrible y que atenta contra la vida de muchas personas, pero hay que recordar que la guerra no ha empezado ahora, empezó hace 8 años aunque no hubiera bombardeos», explica Lobera. «Son muchas las familias que ya habían huido y muchos de los integrantes de la comunidad que llevan años intentando arreglar los papeles que acrediten su situación como refugiados y no han obtenido ninguna ayuda de las administraciones», añade el párroco.

«Las mismas familias que hace ocho años huyeron porque estaban siendo bombardeadas están viendo ahora como sus padres o sus hijos que se quedaron en el país están sufriendo los mismos ataques en sus ciudades», explica Lobera.

Por el momento y desde que empezara la escalada de tensiones entre Ucrania y Rusa, ya son tres las familias que se han refugiado en Zaragoza y que han recibido ayuda de la pequeña parroquia.

Misa de la comunidad ortodoxa de Zaragoza

Misa de la comunidad ortodoxa de Zaragoza Jaime Galindo

Para las próximas semana y adelantando lo que se espera que pase la parroquia se prepara para las llegada de «otras familias y grupos más numerosos» que puedan necesitar ayuda de sus compatriotas. Además, el párroco advierte que es muy probable que lleguen niños solos a los que habrá que ofrecer una especial atención y cariño.

Lobera asegura que los integrantes de la comunidad se encuentra ahora mismo «con un mal sabor de boca» debido al agravio comparativo que ven entre el abandono que ellos han sufrido y la gran atención que están viviendo sus compatriotas. «Aquí no hay grandes oligarcas, la gran mayoría son familias muy humildes y trabajadoras que han tenido que dejar sus países y que se reúnen en torno a la religión», explica Lobera

Además, el pope recuerda que el conflicto entre Ucrania y Rusia no es un ejemplo real de la realidad de la población civil de ambos países. «La mayoría de las familias son mixtas, parejas formadas por ucranianos y rusos, gente que se ha tenido que mudar, son culturas que realmente siempre han convivido», añade.

En esta parroquia del Arrabal también se han sumado a la ola de solidaridad aragonesa. En su caso han preferido optar por el rezo y la recogida de donativos monetarios por la dificultad que supone la logística de los envíos en especie.