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El Periódico de Aragón

Los carburantes suben en Aragón en los días previos al bono descuento

Las gasolineras de la comunidad advierten que sus negocios peligran por tener que anticipar la rebaja. El gasoil bate un nuevo nivel récord ya vale más que la gasolina en la comunidad y ambos combustibles se encarecen en la última semana a pesar de que el petróleo está a la baja

Una estación de servicio situada en la zona centro de la ciudad de Zaragoza, este miércoles. ANDREEA VORNICU

El litro de gasolina 95 se pagaba este martes en Aragón a una media de 1,824 euros; el de gasóleo, a 1,846 euros. Son casi cuatro y siete céntimos más que hace una semana, a pesar de que la cotización del barril de Brent, la referencia en Europa para el precio del petróleo, se ha mantenido a la baja en las mismo periodo (111,49 dólares frente a 114,58, un 2,7% menos), como vienes ocurriendo en las últimas semanas. La tendencia alcista ha continuado tras el anuncio del Gobierno de que bonificará con 20 céntimos por litro a todos los conductores –15 saldrán de las arcas públicas y al menos 5 deberán abonarlas las petroleras–, un encarecimiento que es especialmente destacado en el caso de las gasolineras low cost.

Según los datos oficiales del Ministerio para la Transición Ecológica, que recibe a su vez de las propias estaciones de servicio, la gasolina alcanzó su precio máximo en la comunidad aragonesa el pasado 11 de marzo (1,846 euros por litro) y desde entonces ha bajado 22 céntimos, un 2,2% menos. El gasóleo A, sin embargo, sigue escalando y el martes (último dato disponible) marcó su máximo histórico, llegando a superar incluso la barrera de la súper 95, algo que nunca antes había ocurrido. En este caso, el alza acumulada desde el estallido del conflicto bélico es de 37 céntimos (un 25% más).

Estas oscilaciones no encajan con las de la cotización del barril brent, que disparó hasta casi los 130 dólares el pasado 8 de marzo y ayer estaba en los 113,07, un 13% menos. Las asimetrías de precios minoristas ante cambios en los costes de cotización del crudo son una constante de este mercado. A este fenómeno se le cono ce como efecto cohete y efecto pluma. Cuando sube el coste de la materia prima en momentos de incertidumbre, se transmite rápidamente a los monolitos de las estaciones de servicio, como ha ocurrido tras la invasión de Ucrania, aunque no se haya comprado el petróleo a precios altos aún (es un mercado de futuros). Sin embargo, cuando baja, las tarifas que pagan los consumidores al repostar lo hacen muy lentamente.

En esta ocasión, además, existe la sospecha de que algunas gasolineras han subido de forma notable los precios coincidiendo con el anuncio del Gobierno de extender la ayuda de 20 céntimos. Así se observa en las estaciones aragonesas encuadras en el segmento de bajo coste, como Family Energy, Alcampo, BonÀrea o Nafte, que registran un incremento de entre 4 y 10 céntimos en la última semana, un alza que se ha agudizado en los últimos días y que afecta especialmente al diésel.

En el conjunto de establecimientos de repostaje de la comunidad no se percibe con claridad este encarecimiento desde el lunes, cuando el presidente, Pedro Sánchez, anunció la medida estrella del Ejecutivo para contener los precios del transporte.

Malestar en el sector

La patronal autonómica de estaciones de servicio Aesar advirtió ayer de los daños que pueden sufrir sus negocios al tener que adelantar los 20 céntimos al usuario que vaya a repostar a partir del próximo viernes. «Aunque nos digan que se pueden pedir anticipos a Hacienda, no sabemos todavía cómo hacerlo ni cuando se nos abonara», lamentó Pilar Soto, presidenta de esta organización, que agrupa a un centenar de gasolineras que emplea a unas 1.500 personas.

Para una gasolinera modesta, que sirva unos 5.000 litros al día, supone tener que adelantar 1.000 euros cada jornada, según estimaciones de Aesar. «Somos pymes, muchas de ellas en zonas rurales, que no tenemos la capacidad financiera ni económica para anticipar esta rebaja», señaló Soto, quien criticó duramente al Ejecutivo central por haber tardado en tomar medidas y anunciarlas «sin apenas margen de maniobra». «No han contado con nosotros ni han hecho caso a las propuestas que planteamos», agregó.

El sector, aseguró, está «enormemente preocupado» por las consecuencias de este sistema de bonificación, que llega además en plena crisis de sus negocios. Tras dos años de pandemia, que redujo de forma drástica los movimientos de vehículos, las estaciones de servicio todavía no había alcanzado los niveles de ventas precios al coronavirus y la escalada de los precios del último mes no ha hecho más que volver a contraer la demanda.

Las estaciones de servicio, víctimas de la crisis de los combustibles

Las gasolineras no hacen más caja con la crisis de precios de los combustibles. Más bien, al contrario. «Somos a los primeros que no nos interesa que están tan altos», destacó Pilar Soto, presidenta de la Asociación de Estaciones de Servicio de Aragón (Aesar), que agrupa a pymes y micropymes. Frente al poderío de las petroleras, que incrementan sus beneficios con estos fenómenos, los pequeños negocios de distribución de este mercado tienen que comprar los carburantes más caros pero no siempre puede repercutir toda la subida por razones de competencia y la caída del consumo que se produce cuando se dispara las tarifas por llenar el depósito. «No ganamos más y nos genera problemas de tesorería. Somos víctimas de todo esto», afirmó. Las estaciones situada en las zonas rurales son las que más peligran.

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