Hace 17 años que encontró en este pueblo de Zaragoza el abrazo entre arte y naturaleza. Artista plástica y observadora infatigable, sus piezas de cerámica recuerdan el valor de la belleza y la importancia de las raíces. Algunas de sus singulares creaciones pueden disfrutarse ahora en la nueva carta de la coctelería zaragozana Moonlight Experimental Bar, 'Edades'.

Esta casa taller es un remanso de paz, alejada de la ciudad, las prisas y el ruido.

Para mí, la conexión con la naturaleza ha sido siempre muy importante. Cuando empecé a estudiar, todo lo artístico me gustaba mucho pero no sabía muy bien por qué rama decidirme. Entonces pensé que si un ideal para mí sería vivir en un pueblo, tal vez decantándome por la cerámica podría lograr esa conexión con la naturaleza. Porque claro, si hubiera estudiado publicidad tendría que haber estado ligada a una gran ciudad, ya que en aquella época no disponíamos de internet. Podría decirse que mi camino artístico se vio condicionado, en gran medida, por la idea de ubicarme en este tipo de entorno, del que además procede mi familia, el Campo de Cariñena.

Una vitrina con algo más que vajilla. Ángel de Castro

¿Qué lugar ocupa el silencio en tu trabajo, un concepto tan abandonado en las núcleos urbanos?

Me considero una persona muy influenciable por todo lo que veo y me rodea. Cuando he estado trabajando en ciudades y lugares más estresantes, esto se ha acabado reflejando en mi obra. Creo que ya tenemos bastante bombardeo de noticias y, si bien debemos ser conscientes y vivir con la realidad, me he inclinado hacia lo artístico y la artesanía para tratar de encontrar un equilibrio interior y un punto de desconexión. En definitiva, sentirme realizada al tiempo que hago mi vida más llevadera.

"Estamos en un país en el que cuesta mucho que se valore el trabajo real, y que se pague"

Pero esa apuesta por el retiro también implica un riesgo. Más aún en un oficio artesano como el tuyo.

Mi impresión es que en España las modas vienen y van. Desde que empecé, en los años 80, ya he presenciado varias puestas de moda y otras tantas caídas en picado. Ahora parece que a la gente le interesa hacer talleres y es un hecho que el arte siempre gusta, pero estamos en un país en el que cuesta mucho que se valore el trabajo real, y que se pague. En mi caso, si no vendiera cosas fuera, me resultaría bastante complicado mantener este modo de vida.

¿Acaso no hay suficiente mercado en Aragón?

No, y además ya se sabe que Aragón es un mercado difícil en muchos campos. Cuando empecé con mi taller, que por aquel entonces estaba en Muel, existía el colectivo plaza San Felipe, dedicado a la venta de cerámica, que celebraba una feria el primer domingo de cada mes. El movimiento tuvo mucho éxito, había talleres repartidos por toda Zaragoza y recuerdo que venían tiendas del resto de España e incluso de otros puntos de Europa como Bélgica, a comprarnos artesanía.

La mirada en las nubes y los pies en la tierra. Ángel de Castro

Parece que la cerámica es algo así como una forma de meditación.

La primera vez que alguien se sienta al torno necesita prestar atención a tantas cosas a la vez que, aunque no quiera, desconecta. La velocidad de la rueda, el control de una cierta humedad, de las manos... Y además de lo que necesitas técnicamente, si le sumas la parte creativa, existe todo un proceso en el que la mente debe centrarse en por qué quieres hacer eso, de qué manera y con qué significado, resulta realmente terapéutico.

En una sociedad tan visual, ¿han perdido el valor otros sentidos como el tacto?

Cuando hago vajilla junto con mi marido, el proceso y las estructuras que crea la arcilla después de la cocción provoca que algunas piezas, al sacarlas del horno, tengan unas zonas más ásperas que otras. Y fíjate que en el momento en el que le enseñamos la cerámica a un chef, lo primero que hace es cogerla y acariciarla. Aparte de que le guste visualmente, tú le das a alguien dos piezas en apariencia iguales y, aunque sea inconsciente, se decantará por la menos perfecta, la más humanizada. Se trata de un concepto más oriental que se ha empezado a valorar aquí. Hasta la propia industria busca esa irregularidad, la no perfección. El tacto pesa. A la gente le gusta tocar.

"Por mucho que digan que van a hacer cosas para el desarrollo rural, estamos muy abandonados"

Uno de los motivos que más destaca en tu obra es la naturaleza. ¿Qué importancia le das en tu vida?

En la ciudad casi ni me enteraba de las estaciones salvo por la temperatura. Pero ahora los cambios en el color de las hojas, el poder observar si hay luna llena, los montes nevados... la naturaleza me influye mucho y hace que me encuentre más animosa día a día, con más ganas de crear que si estuviera trabajando en una nave con luz artificial. En mi caso, trasladarme al campo me ha dado una base muy sólida donde apoyarme para avanzar hacia el futuro y proyectarme. Me identifico mucho con el medio rural y el carácter de sus gentes, me hace sentir que tengo raíces y esa sensación de identidad me lleva a pensar más en cuestiones como todas aquellas personas que abandonan su tierra y vienen en patera en busca de una vida mejor.

¿Crees que se valora poco el medio rural?

Por mucho que digan que van a hacer cosas para el desarrollo rural, es cierto que estamos muy abandonados. No hace falta nada más que invitar a alguien y que vea la carretera que tenemos para acceder al pueblo. ¿Quién va a querer instalar un negocio aquí con estas infraestructuras? En verano, a veces organizo cursos y a la gente le chifla venir a la casa taller y trabajar al aire libre, pero en invierno, de noche y con esta carretera... te echa para atrás.

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Unas últimas pinceladas Ángel de Castro

¿Faltan todavía más apoyos institucionales?

Al mudarme a Villanueva, hace 17 años, dije: "España Vaciada", "con hijos" y "proyectos nuevos"... pero al final no hubo subvención para mí. Y luego ves que en las ciudades hay quienes reciben unas ayudas fenomenales. Si lo que se pretende es fijar población en los pueblos, creo que los criterios no son muy lógicos.

Quizá dejamos que agonice, consciente o inconscientemente.

Ahora nos están llenando los campos de generadores eólicos y placas solares, hectáreas y hectáreas de campo que se dejan de labrar, de cultivar, cambia la biodiversidad. Es cierto que en los ayuntamientos entran ingresos pero... ¿cuántos puestos de trabajo se generan en los pueblos?, ¿qué futuro les espera a las próximas generaciones que opten por vivir aquí? Si al menos nos bajaran el precio de la electricidad... (ríe) pero yo lo que me temo es que, en lugar de pagar menos, vamos a ser los generadores de energía para Europa. Ojalá me equivoque.

LA RÁFAGA


– Una canción.

– 'No es solo arcilla', de María José Hernández con música de O'Carolan.

– Un libro.

– 'El elogio de la sombra', de Junichiro Tanizaki.

– Un plato.

– Borrajas con habitas y huevo frito.

– Un lugar.

– El parque de Akarlanda, en Euskadi.

– Una imagen recurrente.

– La naturaleza.

– Piscinas como espacios sin humo.

– Más sano cualquier espacio sin humo.

– Bajas por reglas menstruales.

– ¿También para las autónomas?

– Zaragoza ciudad elegida para cero emisiones en 2030.

– A ver si es verdad.

– Subida de las VPO.

– ¿Hay VPO en la España Vaciada?

– Algo que te aburre.

– La dinámica de descalificación en la política actual.