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El Periódico de Aragón

Manuel Teruel Expresidente de la Cámara de Comercio de Zaragoza

"Valen más los mirlos de nuestra industria que elefantes como Amazon"

Manuel Teruel, que ha presidido la Cámara de Zaragoza en los últimos 20 años, a las puertas de este diario. | ÁNGEL DE CASTRO

Manuel Teruel –Santa Eulalia (Teruel), 1956– ha cerrado esta semana una etapa de 20 años al frente de la presidencia de la Cámara de Comercio de Zaragoza, que ha pasado a manos de Jorge Villarroya.

¿Qué balance hace de estas dos últimas décadas?

Estos 20 años son parte de la historia de Aragón. Han pasado muchas cosas, pero siempre dando servicio al empresariado, sobre todo a la pequeña y mediana empresa. Me voy con alegría porque continúa un equipo solvente y con experiencia. Y también porque he podido constatar cuando me he despedido que la plantilla actual tiene una media de edad que es de menos de la mitad de la que había hace 20 años. Ya no hay gente con referencias de amiguismo con los vocales de la Cámara. Ahora son grandes profesionales y muy preparados para trabajar con medios digitales.

¿Cómo era la Cámara del año 2002 y cómo es la de ahora?

No se parece en nada. Entonces estaba mediatizada por alguna organización empresarial. Se forzó un relevo, se cambiaron perfiles de personas y se dignificó la figura de la representación empresarial. Hemos vivido muchas etapas. Una en la que había abundancia de dinero por las cuotas camerales obligatorias y otra de escasez completa, durante los cuatro años que me tocó estar en Madrid y gestionar la Ley de Cámaras. Y ahora ha habido una etapa en la que con pocos recursos se llega muchísimo a las empresas gracias a las tecnologías de la información, con un networking que es ejemplar a nivel español. Lo hemos visto con la pandemia: durante el tiempo que estuvimos recluidos fue una institución ágil que fue capaz responder a 15.000 consultas de todo tipo.

¿Qué deberes le ha dejado a su sucesor en el cargo?

Jorge Villarroya no necesita deberes. Además de ser un amigo personal, cuenta con el mismo equipo que tuve yo y con una persona que es clave para la Cámara y lo seguirá siendo: el director general, José Miguel Sánchez. Ha sido un relevo modélico y sé que Jorge tiene ideas, ilusión y seguirá dando un impulso a la institución.

¿En qué situación deja la Cámara?

Afortunadamente, desde el punto vista financiero, en buena posición. Y en un momento magnífico en cuanto a profesionalización.

A veces se dan codazos las organizaciones empresariales, ¿cómo considera que debe de ser la convivencia entre ellas?

Esto depende de las personas. A algunas lo único que les gusta es el photocall y otras tienen vocación de servicio e ideas. La Cámara sería el parlamento de las empresas, la institución que representa a todos y siempre ha tenido servicios propios. Las organizaciones empresariales son más un lobi y dependen más de la capacidad de las personas y sus equipos. En los últimos meses han cambiado los liderazgos de algunas. De Miguel Marzo –nuevo presidente de CEOE Aragón– no tengo ninguna duda: tiene ideas y es un hombre preparado. Del resto de las organizaciones tendremos que ver qué tipo de recorrido tienen. Hay muchas organizaciones, incluso algunas que se separan entre género masculino y femenino. El servicio a las empresas es por las ideas, el talento y el empuje de las personas, no por los photocall.

La nueva comisión ejecutiva de la Cámara quiere que siga en la Feria de Zaragoza. ¿Va a ser así?

Hay que hacer alguna modificación de estatutos. Me lo pidieron y estoy en esa línea. Así como la Cámara ha pasado ya la pandemia, la Feria lleva dos años difíciles y tiene el reto de volver a las cifras previas al covid. El año 2023 es el ideal para lograrlo, si no ocurre ninguna sorpresa. Hay muchas conversaciones con los grupos de poder de las ferias que no se pueden perder. En paralelo, estos dos años de baja facturación han hecho daño en las finanzas y hay que reestructurar algo la deuda, que es pequeña. La Feria no vive de subvenciones, sino de sus propios ingresos. Y hay que estar ojo avizor con el concepto ferial, que puede tener cambios por la digitalización a los que hay que saber adaptarse.

¿La FIMA volverá a ser lo que fue?

No tengo ninguna duda de que sí. Este año ha sido muy complicado. Ómicron nos hizo mucho daño. Pese a todo, el compromiso con la FIMA de las grandes marcas y agrupaciones sectoriales estará para la siguiente edición, que volverá a las cifras prepandemia.

¿Cómo ha cambiado Aragón en estos 20 años?

Han cambiado muchas cosas. Tenemos un tejido más potente, una universidad más consolidada y somos más globales. Solo falta que el Real Zaragoza vuelva a Primera. La Expo fue clave. Nos situó en el mapa y fue un momento de ilusión colectiva, pero me da pena que ese espíritu se haya ido relajando.

La comunidad está siendo un imán para captar empresas.

Está siendo un territorio atractivo para las inversiones. Pero hay que defender con uñas y dientes a nuestra industria, que es la que paga salarios de más calidad. En la cesta de este sector tenemos ahora más huevos, no solo la automoción. Y está muy bien que vengan esos grandes elefantes como Amazon u otros, pero en la selva industrial valen más los mirlos que tenemos, muchas pequeñas pymes industriales que están muy bien gestionadas, tienen tecnología y crecen mucho. La empresa familiar aragonesa goza de buena salud y ofrece un futuro más estable que esas grandes compañías, que tienen alas y pueden irse a otro sitio.

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