15 AÑOS DE LA LLEGADA DEL AVE A BARCELONA

25 años trabajando a 300 kilómetros por hora

Ángel Jiménez es un maquinista zaragozano que vivió la jornada inaugural del AVE a Barcelona y destaca el "cambio brutal" que significaba para él entrar en Sants con un tren de conducción automática y que reducía a casi un tercio el tiempo que empleaba en los años 80 con los de ancho convencional. y tras

Ángel Jiménez, maquinista zaragozano de Renfe, a los mandos de un tren de alta velocidad.

Ángel Jiménez, maquinista zaragozano de Renfe, a los mandos de un tren de alta velocidad. / EL PERIÓDICO

David López

David López

Ángel Jiménez es un maquinista zaragozano que ha vivido desde el minuto uno la llegada de la alta velocidad a Barcelona, que hoy cumple 15 años. Por sus manos pasó uno de los primeros trenes AVE que hizo su entrada en la estación de Sants y recuerda perfectamente ese «cambio brutal» que suponía en comparación con cualquiera de los trenes de ancho convencional que él también llevó tanto en la línea por Lérida como por Mora la Nova y que hasta ese momento eran la única opción de ir a la Ciudad Condal.

«Entonces se circulaba a 70 kilómetros por hora y en 2008 lo hacía a más de 300 y con una seguridad total». Es precisamente esta fiabilidad la que más le impresionó, asegura, ya que en los años 80 (cuando él empezó a recorrer esta ruta) conducían solo guiados por la señalización lateral en la vía y ahora, dice, «es mejor no conducir».

Ángel Jiménez lleva 25 años trabajando en la conducción de trenes AVE en las líneas del sur y nordeste de España.

Ángel Jiménez lleva 25 años trabajando en la conducción de trenes AVE en las líneas del sur y nordeste de España. / EL PERIÓDICO

«La conducción automática lo hace mejor que nosotros», bromea Ángel Jiménez, para quien la llegada del AVE a Barcelona supuso un cambio muy importante en su vida personal: durante años estuvo viviendo en una residencia de maquinistas en Atocha (Madrid) y desde entonces pudo «volver a casa, en Zaragoza, donde vivía mi familia». «Podía iniciar y terminar los servicios desde Zaragoza, no como antes», explica. 

Se jubila tras 40 años de servicio

Un cambio más en su vida profesional que ahora toca a su fin. El próximo 1 de marzo se jubila y lo hace con el «orgullo» de poder decir que ha «pasado por todas las rutas de alta velocidad» en los corredores del sur y del nordeste del país. Son 25 años a más de 300 kilómetros por hora y experimentando todos los «avances tecnológicos» que se han ido incorporando. Y, en este sentido, esa llegada a Barcelona fue «uno de los importantes».

Ángel en la estación de Delicias de Zaragoza, junto a varios compañeros y a pocos días de su jubilación.

Ángel en la estación de Delicias de Zaragoza, junto a varios compañeros y a pocos días de su jubilación. / EL PERIÓDICO

Los mandos de un tren de alta velocidad es un panel de alta tecnología con «pantallas como las de los coches modernos, interactivas, que te presentan toda la información y las magnitudes del tren, avisa de cada curva de frenado y el conductor solo tiene que supervisar que todo está bien, que la marcha del tren es la correcta».

Eso mismo pudo experimentar aquel 20 de febrero de 2008 en el que Sants estrenaba la alta velocidad. «Para mí pasar Tarragona y seguir la marcha o entrar a Barcelona fue un día de felicidad total. Era ver cómo el ferrocarril se iba imponiendo a otros medios de transporte», relata. Y a bordo de un convoy con un guiado automático por la infraestructura, muy diferente a esos primeros AVE de la línea Madrid-Sevilla, en los que la conducción «era manual». Ir a 330 kilómetros por hora sin tocar el volante y tener la sensación de que todo está bajo control le dejaba «maravillado», ver «cómo se presentaba toda la información en cabina con una fiabilidad increíble». Al fin y al cabo, siguen siendo 330 km/h... 

Doblegar al puente aéreo

Como maquinista, este zaragozano estuvo en la línea Madrid-Zaragoza-Lérida con el S-100 de Alstom que iba a Sevilla antes, luego con los S-102 y con los Siemens. Pero al margen del vehículo, lo que más puede enorgullecer a los maquinistas que han cubierto la línea Madrid-Barcelona en estos últimos 15 años es ser los que han doblegado al puente aéreo. «Hacemos los mismo tiempos que el avión y ahora en distancias medias, inferiores a 1.000 kilómetros, el tren es más competitivo, te lleva de puerta a puerta, los controles son más livianos y ágiles en una estación que en un aeropuerto... No me extraña que el AVE ahora ya esté moviendo más del 60% de los pasajeros y el avión el 40%», comenta Ángel Jiménez.

Además, en el plano personal, estar presente en aquella jornada inaugural del AVE a Barcelona tiene un significado especial. Su formación como maquinista empezó en 1981 en la Ciudad Condal, entonces en el régimen militar para, después de tres años aprendiendo, pasar a formar parte de la plantilla de Renfe. Han sido casi 40 años de maquinista con la compañía y ha vivido muchos cambios en ese trayecto entre Zaragoza y Barcelona que «antes costaba entre tres horas y media y cuatro horas recorrerlo y ahora lo estamos haciendo en una hora y 20 minutos». Una ventaja que no solo agradecen los maquinistas.