Prevención sanitaria

Un objetivo de corazón: multiplicar por 5 los supervivientes a un paro cardiaco

El Instituto de Cardioprotección quiere evitar muertes tras un ataque al corazón / Coloca desfibriladores en varios espacios y forma a unas 1.600 personas con el lema 'Tres minutos para una vida'

Fernando Guerrero es el director del Instituto Aragonés de Cardioprotección.

Fernando Guerrero es el director del Instituto Aragonés de Cardioprotección. / ANDREEA VORNICU

Eva García

Eva García

Tres minutos para una vida. Este es el lema del Instituto Aragonés de Cardioprotección, un organismo que aún no ha cumplido un año. Nació para intentar paliar una situación: evitar muertes por paros cardiacos. Y para mejorar unas cifras que deberían hacer reflexionar a la sociedad: Cada día fallecen tres personas en Aragón por paros cardiacos extrahospitalarios, ya que la mayoría se dan en los domicilios y en recintos públicos, donde no hay personal sanitario que pueda llevar a cabo la reanimación. Son alrededor de 1.100 en Aragón y en España, 32.000.

Esto supone que la tasa de supervivencia tras un infarto sea del 10% cuando se da fuera del ámbito hospitalario (más 60 fallecimientos al mes). «Podemos hacer algo», reconoce Fernando Guerrero, director del Instituto. En países como EEUU y el norte de Europa esa tasa es superior al 50% ¿Por qué? «Por que existen redes de cardioprotección», asegura. Esto supone no solo que se colocan muchos más desfibriladores sino que los ciudadanos reciben formación y saben utilizar los dispositivos.

«Actuar en los tres primeros minutos es vital para el afectado», asegura, porque cada minuto que pasa si atención se reduce un 10% la posibilidad de que esa persona viva; y además aumentan las secuelas. Si no se actúa en los primeros diez minutos, la posibilidad de fallecer es casi segura. Es por eso que Guerrero asevera que cuando uno percibe que una persona puede estar sufriendo un paro cardiaco «hay que actuar hasta que lleguen los sanitarios, pero hay que saber actuar». En muchas ocasiones «uno no hace nada por miedo, pero ese miedo se quita con formación».

Desde el Instituto señalan que hay cuatro pasos: Identificar la situación, llamar al 112, realizar la resucitación cardiopulmonar manual (RCP) y utilizar el desfibrilador. Contar con un dispositivo es obligatorio en los centros comerciales más grandes, centros deportivos con capacidad para más de 500 personas; el aeropuerto de Zaragoza, hoteles y residencias de más de 200 camas. «¿Pero en los de menos?», se pregunta Guerrero, «más que obligatorio debería ser por solidaridad y por mejorar la situación», señala.

El objetivo del Instituto Aragonés de Cardioprotección es aumentar la concienciación de los ciudadanos sobre la importancia de la atención temprana ante las paradas cardiacas. «Aprender a realizar una resucitación cardiopulmonar está al alcance de todos», dice, y por eso pretenden convertir a Aragón en la «primera comunidad cardioprotegida de España, siendo pioneros en un proyecto que salvará vidas», insiste Guerrero. De momento, es una iniciativa única en España, por lo que descartan salir fuera de la comunidad porque «estamos desbordados».

El Instituto se encarga de dotar de equipos y «cuando se protege se hace para siempre» porque la formación se renueva de forma anual. Hasta la fecha ya han formado a unas 1.600 personas y su objetivo es llegar a «5.000 al año», además de dotar en un lustro a Aragón de 13.000 espacios homologados (ya se han sumado el Colegio de Médicos de Zaragoza), Arade (Asociación Aragonesa para la Dependencia) y la Asociación de Centros de Asistencia y Servicios Sociales de Aragón (ACASSA). Guerrero apuesta por colocar los dispositivos (todos están conectados al 112) en establecimientos de ocio, residencias de mayores, clubes de fútbol, comunidades, farmacias, clínicas e incluso pueblos enteros. «Todo Aragón debería estar cardioprotegido», asegura el director, quien pone como ejemplo la presencia de extintores siendo que mueren aproximadamente unas 180 personas por fuego en toda España. Preguntado por cuanto cuesta el servicio, responde: «¿Cuánto cuesta una vida? No se puede enfocar por el coste económico sino porque salva vidas».