LA TECNOLOGÍA DE LA NUBE QUE DESEMBARCA EN LA COMUNIDAD

Microsoft y los "superhombres" híbridos con la inteligencia artificial que albergará Aragón

Alberto Granados, el presidente en España del gigante tecnológico, desgrana en Zaragoza el nuevo sistema Copilot, que conectará a los trabajadores con la inteligencia artificial para contestar correos de forma automática, elaborar presentaciones de Power Point o identificar patrones en vídeos con simples órdenes humanas

Alberto Granados, esta mañana en su ponencia en el Palacio de Congresos de Zaragoza.

Alberto Granados, esta mañana en su ponencia en el Palacio de Congresos de Zaragoza. / Andreea Vornicu

Cuenta el presidente de Microsoft España, Alberto Granados, que un día, hace no demasiado, un ingeniero le pidió a la inteligencia artificial generativa que andan desarrollando en la multinacional tecnológica que hiciera volar unos globos en una fotografía. La inteligencia artificial cortó los hilos y los mandó al cielo. «A nadie le llamó la atención, porque parece algo muy evidente, pero una inteligencia no humana había identificado en una imagen que los globos eran globos, había comprendido una ley física y para aplicarla decidió cortar las cuerdas. Y lo hizo en un milisegundo», ha explicado Granados ante un Palacio de Congresos de Zaragoza repleto de directivos de las grandes compañías del sector del gran consumo que se han reunido bajo el paraguas de la patronal de los fabricantes y distribuidores (Aecoc).

Con una simple petición, la inteligencia artificial era capaz de crear. Y con ella, Microsoft quiere crear superhombres y supermujeres para pulverizar la eficiencia actual en los departamentos industriales. Según los datos que facilitó el presidente de Microsoft, en las empresas que trabajan con sus servicios (como Word, Excel o Teams), el 57% de la jornada laboral se pasa «comunicando» y el 43% «creando». Vaya, que los trabajadores se pasan horas contestando correos, conversando en reuniones por videollamada o elaborando presentaciones.

Con eso quieren terminar en la compañía con una hibridación entre el trabajador y la máquina: Microsoft Copilot, que viene a evocar evidentemente a un copiloto. Es decir, que un trabajador puede contestar a un correo electrónico con un clic en una pestaña del tipo «generar respuesta». Que la inteligencia artificial (IA) puede elaborar un resumen sobre las cuestiones importantes –como las menciones a la competencia, por ejemplo– de una videollamada de tropecientos minutos. O que un empleado puede ordenar a su ordenador que dibuje una presentación de treinta diapositivas con transiciones sobre las posibilidades de la salida a bolsa de la empresa en apenas un segundo.

Sin embargo, la clave para el uso efectivo de una aplicación como esta reside en que la parte humana de la ecuación sepa hacer las preguntas y enviar las órdenes adecuadas a la inteligencia artificial. Pero no es magia. El combustible cerebral de la IA no se nutre de impulsos neuronales, sino de datos como los que almacenará en los tres macrocentros que Microsoft va a instalar en Aragón con una inversión todavía sin cuantificar pero que promete ser uno de los mayores atractores de empresas de los últimos tiempos.

El escepticismo ante la tecnología

Por supuesto, no es oro todo lo que reluce. La preocupación y el escepticismo por el tsunami de la inteligencia artificial, como evidenció la aparición de ChatGPT –que solo era capaz de generar textos, no audios y fotografías como Copilot–, no puede pasar desapercibida. «El 49% de los empleados –siempre según las encuestas de Microsoft en empresas que utilizan Office– temen perder su trabajo por la inteligencia artificial, pero el 70% admite que lo usaría», explicó ayer Alberto Granados ante la dicotomía que se abre ante el ineludible avance de las tecnologías de la nube, que generan un ni contigo ni sin ti que altera su desembarco en la cotidianidad. No obstante, el presidente de Microsoft aseguró que el desarrollo de la IA ayudará a revertir la productividad laboral «con un crecimiento de hasta el 3,3% anual».

Aún así, Granados llamó a no olvidar que la tecnología debe tener siempre un freno humano. Del mismo modo que Elisha Otis demostró en la Feria Mundial de Nueva York que un ascensor era seguro y permitió la construcción de edificios por encima de cinco pisos, lo que cambió el skyline de la gran metrópolis estadounidense, la inteligencia artificial está llamada a configurar una nueva era tecnológica. La mano humana deberá mecer los límites en los que se mueva.