Hace un par de años, por estas fechas, decenas de municipios aragoneses se preparaban para sus fiestas patronales. Varios días en verano donde los habitantes de los pueblos se multiplicaban, las mesas se llenaban por las cenas populares y las orquestas amenizaban con su música, noche sí, noche también. La pandemia del coronavirus ha trastocado todos los planes estivales y un año y medio después del comienzo del confinamiento, la música no sonará en los pueblos.

La falta de celebraciones en los municipios aragoneses afecta al ánimo y, sobre todo, a los profesionales de las orquestas y los espectáculos. «El trabajo está fatal, no va a haber ningún tipo de fiesta en los pueblos», cuenta Ángel Lasheras, presidente de la Asociación de Empresarios de grupos y orquestas de la Ribera del Ebro (Aegore), agrupación que nació en diciembre de 2020 para dar a conocer la mala situación que vivía el sector a causa de la crisis sanitaria. Lasheras no cree que la cancelación de las fiestas patronales, que se mantiene hasta el 31 de agosto, finalice ese día: «Pensamos que esta medida la van a ampliar hasta las fiestas del Pilar».

Un sector que genera la mayoría de sus ingresos ente los meses de mayo y octubre y que ve, por segundo año consecutivo, que no va a tener actividad laboral. «Sentimos que nos están quitando el derecho al trabajo», comenta el presidente de Aegore, que defiende que el sector «se está reinventando» para cumplir con las nuevas medidas sanitarias.

La relación con las instituciones públicas ha sido «constante» pero poco fructífera: «Nos han ayudado muy poco». Lasheras sí destaca el papel de la consejería de Sanidad de la comunidad autónoma, con la que Aegore acordó el ya conocido protocolo covid que regula todo tipo de eventos culturales en la actualidad. Las claves de este nuevo reglamento se basan en «el control del aforo y la distancia de seguridad. «Sacamos el protocolo adelante y lo difundimos por todos los pueblos de Aragón, para que siguieran contratando espectáculos». La regulación de los eventos ha tenido un efecto positivo, «porque hay ayuntamientos que sí se atreven a contratar», aunque sea con shows muy diferentes a los vistos antes de la pandemia. Lasheras cree que este protocolo está siendo exitoso, porque «la cultura no es un foco de contagio» y defiende las actuaciones musicales frente a otros tipos de reunión social: «La plaza de toros de un pueblo, con la distancia y el uso de la mascarilla es mucho más seguro que un viaje en tranvía o las aglomeraciones de un centro comercial».

El ejemplo más evidente del funcionamiento de este nuevo reglamento en la sociedad aragonesa tuvo lugar hace poco más de un mes en la sala Multiusos del Auditorio de Zaragoza. Allí, Alaska on Tour, empresa gestionada por el propio Ángel Lasheras, estrenó su espectáculo 'Ídolos' ante 500 asistentes que disfrutaron de la música ochentera sentados, manteniendo la distancia y sin quitarse la mascarilla en ningún momento (foto). «Demostramos que se podían hacer bien las cosas e invitamos a muchos alcaldes de pueblos para ver que estos eventos se pueden celebrar», comenta Lasheras, que señala que el Ayuntamiento de Zaragoza fue «muy receptivo» y colaboró en la organización de este primer concierto piloto.

El cambio de modelo ya se ha establecido en la sociedad y tanto ayuntamientos como públicos se han adaptado a las restricciones. «Se están haciendo musicales, espectáculos de música indie... todo está orientado a ofrecer shows que el espectador pueda disfrutar sentado y respetando el protocolo», cuenta Lasheras sobre las novedades de un sector que busca la mejor forma de continuar con su actividad. Encontrar el modelo que convenza al gremio, a los ayuntamientos y al público es «la única forma de que podamos seguir trabajando».

La crisis en el sector musical ha golpeado ferozmente a las orquestas, llevando a algunas, incluso, a la desaparición: «Algunas orquestas se han disuelto porque ni han podido ensayar por todas las dificultades acumuladas». Con la caída del número de orquestas en la comunidad, muchos músicos también han cambiado de empleo, en busca de un nuevo trabajo más seguro. «En un principio sí que tuvieron paro y algunas ayudas, pero todo eso se ha acabado», explica Lasheras, que entiende que la gente cambie de oficio porque «todas las familias tienen que comer». 

La última ola de contagios ha vuelto a castigar la contratación de espectáculos, que «se ha frenado en seco» tras conocer el aumento de la incidencia. Pese a estas malas noticias para el sector, la esperanza se mantiene: «Si podemos hacer algo este verano, saldremos adelante». Lasheras asume que las orquestas son el papel más importante, pero justifica que «ya hemos demostrado que podemos celebrar los eventos bien». El presidente de Aegore cree que es el momento de que actúen las instituciones públicas: «Los ayuntamientos y los organizadores de festejos son los que tienen que contratar».

La pelota, según Lasheras, está ahora en el tejado de los ayuntamientos. El verano llega a su ecuador y la pandemia no da tregua: parece que no serán muchos los pueblos que disfrutarán de la música en directo. Ventilación, distancia y mascarilla componen la fórmula para que, no dentro de mucho, los habitantes de los pueblos se multipliquen, las cenas populares vuelvan y las orquestas aragonesas vuelvan a sonar, noche sí, noche también. Como cada verano. 

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El reto de la nueva asociación

La Asociación de Empresarios de Grupos y Orquestas de la Ribera del Ebro (Aegore) tuvo desde su formación en diciembre de 2020 el objetivo de defender al sector y tomar las medidas necesarias para visibilizar su realidad. Unas medidas que surgen de las 60 empresas aragonesas que se dedican al sector y que ven con temor su futuro. Según la asociación, el sector mantiene 500 puestos de trabajo directos y casi 1.000 indirectos, que podrían peligrar si la pandemia se prolonga en exceso. Para solventar la situación, Aegore quiere que el Gobierno de Aragón declare la cultura como «bien esencial».